Capítulo 2, Parte 5

691 Palabras
Capítulo 2, Parte 5 No me hubiera despertado si no fuera porque cada vez los toques en mi puerta se hacían más fuertes, incluso ya comenzaban a gritar mi nombre varias personas. Al abrir, la maestra soltó un suspiro de alivio pues tenía alrededor de diez minutos de estar ahí. En un momento de lucidez cuando recobré el sentido, pensé en Oliver y que lo podrían ver ahí conmigo y dije cualquier excusa para cerrar. Casi me descubrían. Escuché la voz de la maestra ordenar que me preparara para desayunar. Me di la vuelta y para mi sorpresa ya no estaba el chico. Qué lástima, hubiera sido genial un polvo rápido por la mañana, pero sería en otra ocasión, quizá más tarde. Rápido escogí mi ropa, entrè al cuarto de baño y tomé una ducha. Al salir, busquè mi cartera y celular y los tomè para llevarlos, pero cuando trataba de encontrar mi reloj y un pulso que suelo utilizar, no los vi por ningún lado. "No mames" pensé, Oliver me robò, así que después de volver a revisar dos veces más en cada lugar salí a recepción. - Hola.- Saludè a la chica de recepción que parecía estar cansada y desvelada.- ¿Esta Oliver por aquí? - ¿Quièn, disculpa? - Me preguntó con un tono nervioso. - Oliver, el chico que trabaja de noche. ¿Ya se fue? La joven que podría tener quizá dos o tres años más que yo se acercó a mi como para que nadie escuchara. - Perdón, pero él no trabaja aquí. De hecho, no eres la primera persona que pregunta por èl en este mes. Lo siento mucho, te sugiero que no digas nada... Ya sabes... Sentí como mi rostro se volvía rojo de la vergüenza. Ella sabía muy bien lo que estaba pasando. De seguro entendía claramente que el sujeto venía, se cogía a las huéspedes y se robaba sus cosas. La forma en que me sugirió no decir algo llevaba implícito eso y tenía razón. En primer lugar, quedaría como una zorra. En segundo, como estúpida. Nadie creería que fue por inocencia, cancelarían el viaje y tendrían que avisar a mis padres. Tendrían que pasar muchos años para volver a salir sola y ni pensar en irme a estudiar la universidad a otro estado, tal y como lo había planeado. - Gracias.- Le dije a la recepcionista y caminé hacia el camión que ya esperaba encendido. El resto del viaje pasò sin problemas ni contratiempos. Fue una semana divertida que empezó de ensueño y aunque tuvo sus momentos difíciles, nada de què lamentarse, al final de cuentas las cosas que se llevó aquel sujeto eran de imitación y mi hermano estaba vuelto loco, esa sensación fue la mejor. De hecho, durante la semana me dediquè a hacer la suya una de las peores, enviándole fotos, videos y textos sugiriendo que me la estaba pasando bomba sin él y que iba a regresar tan abierta y rosada como se pudiera. A cada mensaje sus respuestas estaban más cargadas de ira, pero también más divertidas. En una de las tardes en que no había mucho que hacer y había vuelto del pueblo, vi a mi profesor a la distancia, decidí que haría algo. Encendí la cámara, bloqueé el teléfono para que no se notara la grabación y empecé a caminar. - Mira, hermanito, hoy también me la voy a pasar genial.- Le decía mientras la cámara apuntaba hacia el suelo y podía notarse que llevaba puesta una minifalda que apenas y me tapaba bien. Llegué a las bancas en donde estaba sentado el profesor y comencé a platicar. - Hola, profe. ¿Qué hace? - Hola, Ava. Nada, estoy esperando a que de la hora para reportarme en la escuela. - Ah, mire, usted también tiene que hacerlo. - Sí, por supuesto. Entre ese breve diálogo lo que hice fue dirigir la cámara a mis piernas que se veían deliciosamente gruesas y apetecibles sobre todo cuando me sentaba cruzándolas, y poco a poco las acercaba hasta las del profesor que se notaba cada vez más nervioso pues era evidente que le estaba coqueteando.
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