Me sentía satisfecha cuando me fui de la habitación de Eric, aunque la frustración s****l que sentía no se calmaría ni aunque me masturbara mil veces seguidas. Estaba ardiendo por dentro y las ganas de ser realmente follada se sentían como una tortura lenta y atroz. Me duché y luego bajé para esperar a Dominick, que llegaba antes de las ocho. Cuando vi que abría la puerta, salí a su encuentro y no lo dejé pasar. —Tengo una sorpresa para Eric —le dije, forzando una sonrisa—. Y quiero quedarme a solas con él. Puedes tomarte el día libre, Dom, y también los de la limpieza. —¿El día libre? —preguntó dudoso. Yo asentí, ensanchando mi sonrisa falsa. Por suerte los gritos de Eric no se escuchan hasta abajo. —Puedes hacer lo que quieras y regresar mañana. Eric está de acuerdo —completé y el bu

