¿Que si estaba loco? Sí, lo estaba, y no sabía si por una cosa o la otra. Primero, porque Nathalie me estaba invitando a que la follara, con las piernas abiertas y mostrándome su delicioso coñito, depilado y tierno. Era tan rosadito que parecía una fruta madura y estaba tan brillante por la humedad, que me moría por enterrar mi boca en él y degustar toda su excitación. Podía distinguir su entrada entre sus labios, apretada e inflamada por el deseo. Mi polla palpitaba, deseando más que nunca internarse dentro de ella. Y el capuchón de su clítoris, resaltaba como una gema, exigiendo que le diera placer. Tenía la mente nublada, y mis instintos sexuales me exigían a gritos que la poseyera, que la hiciera mía y que gozara de su cuerpo, así como tantas veces había deseado. Pero también era

