**JULIAN** Abrió la puerta y salió sin mirar atrás. Yo me quedé un segundo más, el tiempo justo para pasar una mano por mi rostro, como si pudiera borrar la huella de sus labios, y ajustar la chaqueta como si fuera una armadura. El reflejo en el espejo me devolvió la imagen de un extraño: un hombre con los ojos brillantes de una fiebre que no tenía, con la mandíbula tensa y el pelo ligeramente desordenado, un hombre que olía a una mujer que no era suya. Cuando salí, el murmullo de la conversación me envolvió como una oleada. La volví a ver a unos metros de distancia, ya conversando animadamente, riendo en el momento justo, inclinando la cabeza con la gracia de una bailarina. Actuaba. Y yo debía hacer lo mismo. Fue entonces cuando lo vi. Mi amigo, mi socio. Se acercaba con dos copas de c

