Promesa para una niña
Liam
-¿De verdad prometes que serás mí esposo cuando sea mayor?- su pequeña sonrisa de dientes incompletos se gira hacia mi, ya que ha dejado de llorar, no puedo evitar hacer lo que ella y sus hermosos ojos cafés con tintes oliva me piden incluso si eso es lanzarme de un acantilado lo haría.
-Sí, prometo ser tu esposo cuando seas mayor, sólo si prometes que seré yo el único hombre en tu vida ¿es una promesa de los dos?- esa bendita sonrisa se ensancha aún más al oírme decir aquello que honestamente hasta a mi me sorprende haber dicho; sin saberlo a mis doce años estaba firmando una sentencia que gustoso cumpliría toda mi vida sólo por ver a esa niña sonreír, ella bate sus largas y espesas pestañas lanzándose a mis brazos desprevenidos lo cual causa que caigamos en el césped húmedo del patio delantero de mi casa, mientras ríe a carcajadas se escucha el estacionar de una camioneta que conozco perfectamente, la camioneta del señor o bueno del doctor y capitán Eutizi aparcando frente a mi casa, el que me encuentre con su pequeña hija, no, su pequeña y única princesa en brazos sobre mi nos causará problemas porque aunque sólo seamos unos niños para él soy escoria que no tiene ni permitido respirar el mismo aire que su dulce princesa, sinceramente no lo culpo yo tampoco me siento digno de estar cerca de ella pero su personalidad te atrapa y te obliga a hacer lo que ella diga o quiera sin siquiera dudarlo a esa edad yo no lo comprendía pero estaba siendo esclavo de esa niña mimada que en ocasiones me exasperaba junto a mi hermana menor.
Rápidamente me levanté también levantándola a ella apartándome de su lado no quería volver a ver la cara de desprecio que hace ese señor al verme, sé que no tenemos tanto dinero como ellos o que mis padres no tienen ningún alto rango en nuestra sociedad como ser médico, abogado o militar como en su caso que tiene dos pero mi padre es un excelente obrero de la construcción y mi madre es docente del mismo colegio militar y privado en el que estudia su hija no sé porqué le molesta tanto, no somos ricos sino más bien clase media trabajadora pero tampoco somos pobres incluso vivimos en una muy buena zona de la ciudad, el cómo conozco a este señor y su hermosa hija es por mi hermana menor; tienen la misma edad y son compañeras de clases se conocieron desde el primer día de preescolar hace un año y desde entonces se han vuelto inseparables; mi hermana Narim es todo lo opuesto a Gia en cuanto a personalidad, ella es… dinamita, un tornado de felicidad y sonrisas, es necia, le encanta jugar y correr por toda la casa a diferencia de Gia que es más tranquila y callada, algo reservada, también distante, a veces te da la impresión de estar hablando con una mujer de alta sociedad por los modales que tiene, cuidando siempre de su imagen de no tener ni un sólo cabello fuera de su lugar a pesar de ser una niña caprichosa y berrinchuda muchas veces, también hace lo que mi hermana dice aunque no le parezca correcto por eso siempre se mete en problemas con su padre al estar desarreglada o sucia o despeinada como una niña normal de su edad lo estaría al jugar libremente, siento que la familia de Gia la trata como a una delicada mariposa o una muñeca de la porcelana más cara y delicada que pueda ser creada en este mundo aunque no los culpo porque incluso yo hago eso de vez en cuando.
-Gia, nos vamos, despídete de tus amigos, vamos que se hace tarde, mi princesita- se escucha su grave voz con un tono amoroso pero firme que no permite rechazos, veo a Gia sacudirse el vestido amarillo que lleva hoy lo cual es un milagro porque no le gustan para nada, a pesar de haber peleado con mi hermana hace unos quince minutos y haber llorado por un capricho se va a despedir de ella dándole un abrazo al igual que a mi madre sin embargo cuando intenta hacer lo mismo conmigo se escucha una especie de gruñido de parte de su padre que la hace detenerse y sólo despedirse de mi con su pequeña mano moviéndola de lado a lado, hago lo mismo deseándole buen viaje a ambos y sonriendo porque he podido ver que aún conserva una pulsera que le di hace unos meses en su mano izquierda justo donde yo se la puse. En ese momento no sabía que estaba enamorado de ella y sí, sé que puede verse mal pues le llevo seis años pero en ese entonces no lo sabía, tuvieron que pasar momentos horribles en nuestra relación que me hicieron darme cuenta de ello.