Los días pasaron y Nataly empezó la universidad. Ella risueña venía con una sonrisa enorme a contar todo lo que vivía en sus clases y Robert no podía estar más feliz por ella. De pronto se disculpó un momento para contestar la llamada de su abuelo. Era raro que lo llamara, casi nunca lo hacía. —Robert, tenemos una cena importante hoy con un gran empresario que vino de visita, así que te queremos en casa, pero por favor, es una cena de negocios, no es necesario que venga, Nataly se aburriría —mencionó su abuelo. —Ok, abuelo, ahí estaré. —Cariño, debo irme. Hay una cena importante en casa con un empresario, nos vemos mañana, iré por ti a la universidad —dijo Robert y se le escapó un estornudo. —Te dije que era mucho helado, te vas a enfermar, luego de la cena no olvides tomar un antigri

