Nataly no podía dormir. Al día siguiente sería la cena con la familia de Robert. Caminaba de un lado al otro, sus manos sudaban, pero solo se daba ánimos mentalizando lo que dijo Robert que su familia la aceptaría. —Vamos, cariño, harás un hueco en el suelo de la cocina, relájate. —Sonreía Andrea. —Perdón, es que estoy nerviosa. —Todo estará bien, además estaremos contigo, no irás sola. —Lo sé, pero no quiero que Robert… —No, Nataly, recuerda siempre ser primero tú ante cualquier persona. Si su familia se pone intensa y no desean aceptarte, pues nos vamos y si Robert te ama, sabrá irse por el camino que tú vayas. —Sé que él vendría conmigo, pero no quiero que tenga problemas con su familia. Tú sabes cómo es estar sin tus seres queridos. —Lo sé porque, igual que tú, me tocó salir ade

