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1072 Palabras
Capítulo 14 Isabella y Alexander salieron del evento completamente decididos a pasar un momento inolvidable. Una vez en el auto, Isabella se abalanzó sobre Alexander buscando desesperadamente sus labios. El CEO no esperaba esa reacción por parte de ella, por lo cual no pudo evitar sobresaltarse por un instante, pero sin duda le agradaba que, de vez en cuando, sea la dama quien tome la iniciativa. Ambos se fundieron en un beso apasionante y lleno de deseo. Sus labios jugueteaban entre sí, parecía como si quisieran devorarse el uno al otro, sus lenguas se masajeaban suavemente y con delicadeza. Después de un momento ambos se separaron suavemente para poder recuperar el aliento, sus corazones latían al mil por hora y su respiración era corta e intermitente. —Guau, eso… eso no me lo esperaba, Isabella—. Argumentó Alexander agitado y con la voz entrecortada. —Me gustas, Brooks. Me gustas mucho desde hace ya un tiempo, desde que vi una foto tuya publicada en un periódico. Y más cuando escuchaba los rumores de que eras muy bueno en la cama—. Respondió Isabella visiblemente excitada. Alexander, con una sola mirada, asintió, haciéndole saber que él también sentía lo mismo. Inmediatamente tomó su teléfono para prepararlo todo y hacerle pasar a Isabella una noche inolvidable. —Aquí Alexander Brooks. Quiero que me tengan lista la suite presidencial, estaré ahí en 15 minutos—. Dijo mientras colgaba el teléfono con una sonrisa llena de satisfacción y se volvió hacia Isabella, que lo observaba con una mirada llena de deseo. —Todo listo, Isabella. Te aseguro que esta noche no la olvidarás nunca—. Dijo el CEO. Isabella y Alexander llegaron al lujoso hotel, donde fueron recibidos por un imponente vestíbulo adornado con mármol y cristal. Una vez en la suite, se encontraron con un espacio amplio y elegante, decorado con tonos cálidos y muebles de diseño sofisticado. El aroma a incienso era sumamente agradable y acorde con el lugar. Grandes ventanales ofrecían vistas impresionantes de la ciudad iluminada por la noche, creando un ambiente perfecto para un momento de intimidad. Alexander se acercó a Isabella y la tomó de la cintura para juntar su cuerpo con el de ella. Ambos se fundieron nuevamente en un intenso beso lleno de pasión. Alexander empezó a deslizar sus manos sobre el cuerpo de la bella mujer. Sus labios empezaron a bajar hacia su cuello, sintiendo como su piel se erizaba. —¿Te gusta?— Preguntó el mientras seguía besándola. —Si, me gusta, me encantas Brooks—. Respondía ella con los ojos entreabiertos mientras sentía como la virilidad de Alexander rozaba su cuerpo. Las manos de Alexander parecían que tenían vida propia. Estaba extasiado al acariciar esa piel tan fina y tersa. Inmediatamente comenzó a bajar lentamente el vestido hasta dejar al descubierto sus firmes pechos. El CEO se detuvo un momento para observarlos, hasta que sus manos empezaron a acariciarlos. Isabella sintió como si una corriente eléctrica empapara su cuerpo y se retorcía de placer al sentir los labios de Alexander besándolos y dándole suaves masajes. Sus manos empezaron a deslizarse por su vientre y su cintura, hasta llegar a su entrepierna y darle suaves masajes a su clítoris que la hacían estremecer. Él la tomó en sus brazos y la llevó hacia la cama, depositándola suavemente sobre ella. Posteriormente, él empezó a desvestirse y al quedar completamente desnudo, Isabella observaba boquiabierta el cuerpo firme y marcado de Alexander. Él se acercó y se posó sobre ella nuevamente buscando desesperadamente su intimidad. Él empezó a jugar con su lengua sobre su sexo mientras inteoducia sus dedos suavemente. Isabella sentía que estaba teniendo una experiencia fuera de este mundo. Sin duda alguna, parecía que los rumores de su desempeño eran ciertos, ya que sabía muy bien qué puntos tocar para provocarle el deseo tan fuerte que ella estaba experimentando. —Ven aquí, lo quiero ya, por favor—. Decía ella desesperada por sentir a ese hombre dentro de ella. Él asintió y decidido a llevar a esa mujer al éxtasis, por lo que poco a poco empezó a deslizar su virilidad dentro de ella, al mismo tiempo que ella soltaba un leve gemido. —¿Lo sientes? ¿Te gusta?— Decía él mientras hacía sus movimientos de vaivén. El rostro de ella lo decía todo, estaba sintiendo un placer descomunal. —Si, si. Me encanta. Me encanta como me lo haces—. Él empezó a acelerar su ritmo mientras las manos de la mujer se aferraban fuertemente a su espalda, clavando sus uñas en ella, mientras que sus piernas abrazaban el cuerpo de ese hombre que tanto deseaba. Los gemidos de ambos resonaban por toda la habitación. Era lo único que se podía escuchar, además del golpeteo que provenía de las embestidas que hacían chocar ambos cuerpos sudados que por momentos alcanzaban velocidades agresivas. Isabella se mordía su labio inferior al mismo tiempo que seguía gimiendo una y otra vez. Sus cuerpos se convulsionaban sobremanera hasta que finalmente fueron invadidos por un orgasmo descomunal que los dejó extasiados y al mismo tiempo bastante agotados. Después de su apasionado encuentro, Isabella y Alexander se recostaron juntos en la cama, envueltos entre las sábanas y respirando agitadamente pero con una sonrisa de satisfacción en sus rostros. Isabella acarició el brazo de Alexander con ternura y lo miró profundamente a los ojos. —Eso fue increíble, Alexander. No puedo recordar la última vez que me sentí algo como esto—. Alexander emitió un leve suspiro. Al escuchar las palabras de aquella bella mujer, no pudo evitar que su ego de hombre se elevara hasta los cielos. —Me alegra que te haya gustado , Isabella. Sabía que no te iba a quedar la menor duda de que los rumores sobre mí eran ciertos—. Isabella sonrió y se acomodó más cerca de él, apoyando su cabeza en el pecho de Alexander. —Espero que podamos repetirlo muchas veces más — dijo con un brillo travieso en los ojos. Alexander rió suavemente y la abrazó con más fuerza. —Por supuesto que sí, Isabella. Tu también estuviste genial. Esta noche ha sido perfecta, pero sé que hay muchas más aventuras que nos esperan juntos. Ambos se sumergieron en un cómodo silencio, disfrutando del sonido tranquilo de sus respiraciones entrelazadas. El ambiente estaba impregnado de una sensación de calma y satisfacción.
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