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1113 Palabras
Capítulo 15 Emily, Sarah y Fred regresaban a la ciudad después de pasar un día maravilloso en la casa hogar. Emily, a pesar de lo que pasó con Fred, no podía evitar sentirse viva y feliz después de mucho tiempo y haber contribuido a hacerles pasar un momento feliz a esos niños tan necesitados de amor. El viaje de regreso estaba lleno de un silencio incómodo, especialmente entre Emily y Fred. Al notar esto, Sarah intentó suavizar el ambiente y romper ese tenso silencio. —Ay ya, que serios vienen ¿Qué les pasa a ustedes dos? Parece que vienen de un funeral. Fred y Emily intercambiaron una mirada fugaz, pero ninguno de los dos se atrevió a decir nada. Sin embargo, Sarah no estaba dispuesta a dejar que la tensión arruinara el buen ánimo del día. —¿Qué les parece si ponemos algo de música? —exclamó Sarah, tratando de animar el ambiente. —Fred ¿Me permites conectar mi teléfono a tu auto? Vamos a animarnos un poco Fred asintió y Sara rápidamente comenzó a buscar en su lista de reproducción. Mientras sonaba la música en el auto, el ambiente comenzó a relajarse un poco. Emily miraba por la ventana, perdida en sus pensamientos. Sabía que tenía que abordar la situación con Fred en algún momento, pero no sabía cómo hacerlo. Por otro lado, Fred también estaba sumido en sus propias reflexiones, sintiéndose igualmente incómodo por lo que había sucedido en la casa hogar. Algo que sin duda a él le había encantado, no podía evitar sentirse agobiado y sin saber cómo reparar las cosas con Emily. Finalmente, llegaron a casa de Sarah. —Bueno, Fred. Muchas gracias por haberme invitado a la casa hogar. Me encantó conocer a esos niños tan lindos y amorosos—. Mencionó Sarah. —No tienes nada que agradecer, Sarah. Me dio mucho gusto que nos acompañaras. Después de que termine un proyecto importante en el que estoy trabajando, organizaré todo para volver a visitarlos—. Exclamó Fred. Sarah decidió adelantarse hacia dentro de la casa para que los dos jóvenes pudieran arreglar el conflicto que traían. Finalmente, se quedaron solos, el ambiente era tenso entre ellos. Sus miradas evitaban cruzarse y ninguno sabía cómo actuar y que decir. Fred se decidió a romper el silencio, tratando de abordar la situación con delicadeza. —Emily, sobre lo que pasó en la casa hogar, quiero ofrecerte una sincera disculpa.— —No, Fred, no necesitas disculparte. Fue un gesto muy noble de tu parte llevarme allí, y sé que tu intención era buena. Lo que pasó en el jardín fue algo que ninguno de los dos esperábamos—. Dijo Emily con sinceridad, mirándolo a los ojos. Fred asintió, agradecido por su comprensión, pero aún se sentía culpable por lo sucedido. —Lo sé, pero... siento que te he causado una gran incomodidad y es lo último que hubiera querido. Mi intención era que pasaras una tarde agradable y te olvidaras de todo. Entenderás que yo tampoco supe qué hacer cuando los niños nos pidieron que nos besáramos. Fue algo que también me tomó por sorpresa—. Respondió él, buscando las palabras adecuadas para expresar sus sentimientos. —Eso lo entiendo, Fred. A mí también me tomó por sorpresa y más que los niños supieran lo que significaba estar bajo un muérdago—. Fred abrió los ojos sorprendido. Era un detalle que no pensó en su momento como darle una explicación lógica, pero definitivamente no iba a traicionar a su amiga Sarah. Sabía que si Emily se enteraba que fue de ella la idea, sin duda causaría un gran conflicto entre las amigas. —Yo tampoco tengo idea, Emily—. Dijo Fred tratando de evitar el tema. —Fred, tienes que recordar que soy una mujer casada y el recibir un beso de alguien más que no sea mi esposo, me hace sentir que le falté—. Explicó la joven. Fred asintió, entendiendo el conflicto de Emily. —Tienes razón, Emily. Eso lo entiendo, no te preocupes. Te prometo que no volverá a suceder. ¿Amigos de nuevo?— Dijo Fred mientras extendía su mano. Emily sonrió y ambos estrecharon sus manos en señal de reconciliación. Ambos se despidieron a la vez que sentían que un enorme peso se liberaba de su espalda. Isabella y Alexander permanecieron en la suite, disfrutando y relajándose después del apasionado momento que vivieron. Ambos bebían champaña y reían. En ese momento el celular de Alexander empezó a vibrar, se trataba de un mensaje de texto. Lo abrió y decía: "No puedes olvidarte de mí, Alexander. Estoy esperando un hijo tuyo. No puedes ignorar tus responsabilidades". De Nataly. El rostro de Alexander se desencajó y la atmósfera del lugar, se transformó totalmente. Isabella, notando el cambio en su actitud, se acercó a él con una mirada preocupada. —¿Estás bien, Alexander? Parece que recibiste una mala noticia—. Dijo mientras colocaba la mano en su hombro. El CEO intentó disimular su incomodidad, pero era evidente que el mensaje de Nataly lo perturbaba profundamente. Trató de mantener la compostura mientras respondía a Isabella con una sonrisa forzada. —Sí, sí, estoy bien, Isabella. Solo fue un mensaje de trabajo, surgió algo que tengo que arreglar. Además, tengo algunos asuntos que atender en la oficina mañana temprano. —respondió Alexander, aunque su voz revelaba cierta tensión. Isabella frunció el ceño, notando la incomodidad de Alexander y la repentina decisión de abandonar la suite. —¿Seguro que estás bien? Parece que algo te preocupa realmente. No tienes que irte si no quieres, podemos seguir pasando un buen rato juntos—. Insistió Isabella preocupada Alexander vaciló por un momento, luchando entre revelar la verdad o mantener las apariencias. Finalmente, decidió no profundizar en el tema y optó por una excusa menos comprometedora. —Lo siento, Isabella. Realmente tengo que irme, es algo importante que tengo que resolver, pero de verdad fue una noche increíble, y estoy seguro de que podremos repetirla en otro momento. Te prometo que te llamaré pronto—. Dijo Alexander mientras se levantaba y comenzaba a vestirse rápidamente. Él se acercó y le dio un beso en los labios y se despidió. Isabella se quedó mirando, perpleja por la repentina partida de Alexander y la extraña atmósfera que había invadido la habitación. Una sensación de confusión se apoderó de ella mientras veía cómo Alexander salía apresuradamente de la suite. Una vez que el CEO se retiró, Isabella tomó su teléfono para hacer una llamada. —Hola, todo salió muy bien—. Se limitó a decir mientras sonreía la bella mujer.
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