Capítulo 16
Emily y Sarah estaban sentadas en el sofá de la sala, ambas estaban cansadas después de tanto brincar y correr en la casa hogar junto con los niños. Aun así, ambas estaban muy felices de haber estado ahí y poder hacerles pasar un momento a menos a esas criaturas tan necesitadas de amor.
—Uff, que día, amiga. No siento las piernas—. Dijo Sarah soltando una leve carcajada—.
—Sí, tienes razón, amiga. La verdad a mí también me duelen, pero fue maravilloso. Estar con esos angelitos, ver sus caritas alegres, sonriendo y jugando. Te confieso que al principio estaba muy nerviosa, pensando si les agradaría mi presencia ahí, pero creo que lo hice bien. La verdad hacía mucho que no me sentía tan viva—. Exclamó Emily.
—Lo hiciste maravilloso, Emily. Los niños te adoraron ¿Acaso no viste la expresión de tristeza en sus caritas cuando te despediste?
—Sí, claro. Te juro que me causó mucha emoción y a la vez tristeza. Por primera vez en mucho tiempo me sentí parte de algo y que era importante para alguien.
—Tú eres importante, amiga. Ya sabes que yo te quiero mucho y, al parecer, Fred también sigue sintiendo cosas por ti—.
Emily se sonrojó y soltó una leve sonrisa.
—No empieces, Sarah. Claro que no. Fred es un buen hombre y se preocupa por sus semejantes. Solo se porta amable, eso es todo—.
—Bastante amable, diría yo. Y ni creas que no me di cuenta de lo que pasó cuando se encontraron bajo el muérdago—.
Emily frunció el ceño al escuchar eso e inmediatamente ató cabos.
—¿Y tú cómo sabes eso? ¿Eh? Yo nunca te lo mencioné.
Sarah inmediatamente se puso visiblemente nerviosa al pensar que su amiga la había descubierto.
—Bueno, los niños me contaron. Además, escuché cuando los niños les pidieron que se besaran—. Dijo Sarah tratando de justificarse.
—¿Segura de que fue así? Porque todo eso fue muy extraño. Además, los niños cómo iban a saber lo que significa estar bajo un muérdago. Están muy pequeños como para tener esa malicia. Todo eso está como que muy raro ¿No crees? No sé por qué, pero tengo la ligera sospecha de que fue alguien quien les pidió a los niños que dijeran eso.
Comentó Emily mientras observaba a Sarah maliciosamente. Conocía perfectamente a su amiga y sabía de lo que era capaz.
—¿Ah, sí? Pues no tengo idea de quién sería quien les comentó sobre eso—. Expresó con cierta ironía.
—Yo sí tengo idea de quién pudo haber sido—.
—No estarás insinuando que fui yo ¿Verdad?—
—Mmm ¿Tú qué crees?—
Ay ¿Me crees capaz de hacer algo así?— Cuestionó Sarah.
—Sí, claro. Totalmente— Dijo Emily sin vacilar.
Ambas se quedaron viendo la una a la otra tratando de guardar la compostura, pero no pudieron más y soltaron una fuerte carcajada.
Después de un momento, su plática se vio interrumpida por un mensaje de texto que recibió de Alexander diciendo que no iría a casa a dormir y que se quedaría en la oficina trabajando. Emily leyó el mensaje de su esposo con una expresión de decepción y tristeza en su bello rostro. Agachó la mirada, sintiendo un nudo en la garganta.
Sarah notó rápidamente el cambio en la actitud de su amiga y no pudo evitar preocuparse.
—¿Todo está bien, Emily? Parece que recibiste una mala noticia. ¿Puedo preguntar quién te mandó ese mensaje?—
Emily titubeó por un momento antes de responder. Su expresión se vuelve sombría mientras lucha por encontrar las palabras adecuadas para explicar la situación.
—Es... es de Alexander. Dice que no irá a casa a dormir y que se quedará en la oficina trabajando esta noche—.
Sarah frunció el ceño en señal de molestia. No soportaba que Alexander la tratara como si no existiera y fuera solo un adorno de aquella lujosa mansión.
—Por tu expresión, me imagino que no es la primera vez que lo hace ¿Verdad?— Cuestionó Sarah.
Emily bajó la mirada, sintiéndose incómoda al confrontar la realidad de su relación con Alexander.
—La verdad no. No es la primera vez, y se está volviendo cada vez más frecuente. De verdad no sé qué hacer, amiga. Yo hago todo para estar bien con él y ser una buena esposa, pero parece que nada es suficiente—.
Sarah asintió poniendo una mano en el hombro de Emily en un gesto de apoyo y comprensión.
—Lo siento mucho, Emily. Tú eres una gran mujer y no mereces que te trate así—.
—No sé, Sarah. Tal vez estoy exagerando y solo tiene mucho trabajo—. Argumentó Emily tratando de justificar a su esposo.
—No, Emily. No estás exagerando. Te conozco desde hace años y sé que eres una gran mujer y que mereces mucho más que alguien que te menosprecie o te haga sentir inferior. Deberías pensarlo seriamente. Tal vez deberías reconsiderar continuar con tu matrimonio. Emily, sé que esto puede ser difícil de aceptar, pero, ¿Realmente crees que Alexander es el hombre adecuado para ti? Después de todo, nunca ha sido el tipo de esposo cariñoso y atento que mereces. De verdad no tienes que permanecer con él—
—No, Sarah. Tengo la esperanza de que las cosas mejoren. Además, hice un voto, y es hasta que la muerte nos separe y pienso cumplirlo—.
Dijo Emily con firmeza. Ya que para ella el matrimonio era algo sagrado y para toda la vida—.
—Está bien, amiga. Te entiendo y, aunque no comparto tu decisión, la respetaré. Solo te pido que no eches al saco roto lo que te he dicho, por favor. Oye se me ocurre que te quedes a dormir aquí conmigo ¿Qué te parece?— Propuso Sarah. Ya que no quería que su amiga pasará la noche triste y sola.
—No, Sarah. Claro que no. Debo regresar a casa, mi lugar es ahí—.
—Ay, amiga. Ya lo sé. Tampoco te estoy pidiendo que te quedes a vivir conmigo. No exageres, aunque no sería mala idea después de todo. Pero bueno, solo quédate esta noche. Total, ¿Para qué te quedas en tu casa si vas a estar sola? Mejor quedémonos justas como cuando estábamos en la universidad ¿Recuerdas esos momentos tan bellos que pasábamos juntas? Cuando nos quedábamos platicando toda la noche o viendo alguna película. Anda, tengo una habitación de sobra. Te vas a quedar y no acepto un no como respuesta—.
Emily asintió con una sonrisa. No le quedó más remedio que aceptar la invitación de su amiga. Ya que la conocía muy bien y cuando alguna idea descabellada se le ocurría, no había poder humano ni divino que la hiciera cambiar de opinión.