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1115 Palabras
Después de darle la autorización a Susan de dejar pasar a Nataly, Alexander se ve obligado a sí mismo a mantener la compostura, aunque por dentro le estuviera hirviendo la sangre de rabia por el atrevimiento de su amante. Por otro lado, Emily, en la casa, comienza a sentirse aún más preocupada por la ausencia de su esposo y decide llamarlo. Alexander, abrumado por la situación, contesta sin ver en su pantalla de quién se trataba. —Hola, amor. ¿Dónde estás? ¿Está todo bien? Esperaba verte en casa por la mañana—. Pregunta Emily con una mezcla de preocupación y alivio al escuchar la voz de su esposo. —Sí, todo está bien. Estoy en la oficina, surgieron algunos problemas inesperados que tuve que resolver. No puedo hablar ahorita, adiós—. Contestó fríamente el CEO mientras colgaba la llamada al ver la silueta de Emily entrando a su oficina. Emily detectó un deje de tensión en la voz de Alexander y decide no presionarlo más. Sin embargo, la preocupación persiste en su mente mientras cuelga el teléfono y se queda mirando hacia la nada, preguntándose qué está sucediendo realmente en la vida de su esposo. Por otro lado, en el corporativo, Nataly entra con paso firme y una sonrisa desafiante en el rostro y encontrándose con la mirada sorprendida y a la vez, de incomodidad de su amante. —Hola, guapo— Dijo mientras sonreía satisfecha de haber logrado su cometido de causarle tensión a Alexander. El CEO se acerca lentamente hacia ella y la toma de los hombros. —¿Qué rayos estás haciendo aquí, Nataly? Te advertí que nunca vinieras a mi oficina. ¿Qué diablos pretendes, estúpida? ¿Quieres convertirme en la burla de todo el mundo?— La cuestionó. Nataly se aleja de él y se cruza de brazos, manteniendo su postura desafiante. —Vine a hablar contigo, mi amor. Sabes perfectamente que hay un asunto muy importante que tenemos que atender. —responde con voz firme. Al mismo tiempo Helen llegó al corporativo y se dirige directamente con Susan. —Buenos días, Susan—. Saludó cordialmente a la secretaria. —Hola, señora Brooks— Exclamó nerviosa la joven secretaria. —¿Qué te pasa? Pareciera que viste un fantasma, niña. Tranquila, relájate. ¿Está mi hijo en la oficina?— Preguntó Helen. —Sí, señora. En este momento le aviso que está usted aquí— Dijo mientras tomaba el teléfono, pero a la vez siendo interrumpida por Helen. —No, espera. Déjame darle una sorpresa. Estoy seguro de que a mi hijo le dará mucho gusto verme después de tanto tiempo—. La elegante señora se dirigió a la oficina, mientras Susan estaba pálida. Se encontraba en una fuerte disyuntiva. Por un lado, no podrá impedir que la señora Brooks entrara, pero también sabía que Alexander podría reprenderla por esto. En ese momento, la puerta de la oficina se abre de golpe y entra Helen con toda la intención de sorprender a su hijo, lo cual fue totalmente lo opuesto, ya que al encontrarse con esa escena, el rostro de Helen cambió a una expresión de sorpresa y disgusto. Alexander se quedó boquiabierto, no esperaba para nada la visita de su madre y mucho menos en esa situación tan comprometedora. —¿Qué está pasando aquí, Alexander? ¿Quién es esta mujer?— pregunta Helen, mirando alternativamente a su hijo y a Nataly con ojos de reclamo. —Mamá, ¿Qué haces aquí? ¿Qué no estabas de viaje con mi padre? ¿Cuándo regresaron?— Cuestionó el CEO tratando de evadir el cuestionamiento de su madre. —Yo llegué hoy temprano, tu padre llega mañana. Se le presentó un imprevisto. Fui directamente a tu casa y, al no encontrarte ahí, supuse que estarías aquí. Quise darte una sorpresa, pero quien se la llevó fui yo—. Argumentó mientras miraba a la joven mujer con ojos de reclamo. —Hola, señora Brooks. Es un honor conocerla al fin. Soy Nataly Ryan, una vieja amiga de Alexander. Estábamos teniendo una pequeña charla, ¿Verdad, Alexander?— dice, mirando a Alexander con complicidad. Alexander aprieta los puños, sintiendo el peso de la incomodidad mientras busca una forma de salir de esta situación delicada. Helen frunció el ceño, claramente no creyó ni una sola palabra de Nataly. —Vieja amiga, ¿eh? No parece que estén teniendo una charla amistosa. Y no recuerdo haber oído hablar de ti antes, Nataly. Alexander, ¿Qué está pasando aquí? —pregunta, mirando a su hijo con una expresión inquisitiva. Alexander se siente atrapado entre su madre y Nataly, esas dos mujeres que representan diferentes aspectos de su vida. Trata de encontrar las palabras adecuadas para calmar la situación y proteger su reputación. —Mamá, por favor, esto no es lo que parece. Nataly y yo estábamos discutiendo un asunto de trabajo. No tenía idea de que vendría aquí, pero no te preocupes, podemos seguir nuestra conversación en otro momento más apropiado ¿Verdad, Nataly?— Dijo mientras miraba a Nataly fijamente. —Oh, pero Alexander, querido, creo que es un buen momento para hablar de nuestro asunto de trabajo aquí y ahora. Después de todo, creo que es importante— Dice Nataly con sarcasmo y sonriendo, haciendo énfasis en asunto de trabajo. Helen frunció el ceño ante la actitud altanera de Nataly, sintiendo que algo no cuadra en la explicación de su hijo. Observa atentamente las interacciones entre Alexander y Nataly, su instinto maternal le dice que hay más en esa relación de lo que están dejando ver, así que decide intervenir. —Alexander, necesito hablar contigo a solas, ahora mismo — Declara Helen con firmeza, mirando a su hijo con determinación. Alexander asiente, reconociendo la seriedad en la voz de su madre. Se gira hacia Nataly con una mirada significativa, indicándole que deben continuar la conversación más tarde. Sin embargo, Nataly no parece dispuesta a ceder tan fácilmente. —No tan rápido, Alexander. No creo que a tu madre debamos ocultarle nuestro asunto de trabajo. ¿No crees?—protestó Nataly, cruzándose de brazos con una expresión desafiante. —A ver, muchachita. No soy solo la madre de Alexander, también tengo injerencia en este corporativo, así que si realmente sabes lo que te conviene, sal de aquí inmediatamente— Ordenó Helen con autoridad. Nataly mira a Helen con resentimiento, pero finalmente asiente con renuencia y se dirige hacia la puerta. Antes de salir, sin embargo, se vuelve hacia Alexander con una mirada de advertencia. —No hemos terminado esta conversación, Alexander. Hablaremos más tarde— dice la bella joven con tono desafiante antes de salir de la oficina.
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