Después de una larga plática con su amigo Damien, Alexander se levantó bruscamente del sofá, dejando su copa de whisky a medio terminar sobre la mesa. Su expresión se endureció mientras se dirigía hacia la puerta.
—Espera, Alexander ¿A dónde vas? ¿Qué vas a hacer? Estás bastante tomado. No creo que sea buena idea que manejes en ese estado—.
—No empieces con tus sermones, Damien. Vine aquí para ver si podrías darme una buena sugerencia, pero veo que tus dos neuronas no dan para más, así que me largo— dijo Alexander con voz firme, sin siquiera mirar a su amigo.
Damien asintió, sabiendo que no era prudente intentar detener al CEO en ese estado de ánimo.
Sin decir más, Alexander salió del departamento y se adentró en el pasillo, dejando a su amigo con una sensación de inquietud y desagrado.
Mientras tanto, Nataly estaba sentada en su lujoso apartamento, con una sonrisa maliciosa jugando en sus labios. Observaba con satisfacción su teléfono mientras leía un mensaje de texto de Alexander que decía que se mantuviera en silencio con el tema del embarazo y que después iría a verla para hablar detenidamente de ese asunto.
—Perfecto — murmuró para sí misma, disfrutando del sentimiento de poder que creía tener sobre el CEO. Para Nataly, este era el primer paso en su plan para separar a Alexander de su esposa Emily y asegurarse un lugar permanente en su vida.
Con una determinación fría y calculadora, Nataly se dispuso a manipular la situación a su favor, utilizando el falso embarazo como una herramienta para alcanzar sus objetivos. Sabía que tenía a Alexander justo donde quería y no iba a desperdiciar la oportunidad de sacar provecho de la situación.
A la mañana siguiente, Emily regresó temprano a su casa, después de pasar la noche con su amiga Sarah. Una sensación de vacío y tristeza invadió su bello rostro al darse cuenta de que, efectivamente, su esposo no había ido a dormir. En ese momento recibe la visita sorpresa de Helen, la madre de Alexander, quién regresaba de un largo viaje.
—Emily, querida, ¿Cómo estás? —preguntó Helen, abrazando a Emily con ternura.
—Bienvenida, Helen. Estoy bien, gracias. ¿Cómo fue su viaje? —respondió Emily, devolviendo el abrazo.
—Nos fue maravillosamente bien. Pero la verdad yo ya quería regresar. Nos hubiera encantado que nos acompañarán tú y Alexander, pero, pues ya sabes, hija. Tu marido es igual que su padre. Solo piensan en trabajar y mantener su buen nombre ante los empresarios internacionales. Pero mírate, tan bella como siempre, hija.
—Gracias, Helen. Tú también estás muy hermosa—. Contestó Emily en agradecida por el cumplido de su suegra, quien noto de inmediato la ausencia de su hijo y no dudó en cuestionar donde se encontraba.
—¿Dónde está Alexander? ¿Por qué no bajó a recibirme?—
Preguntó, mirando alrededor en busca de su hijo.
Emily se sintió incómoda ante la pregunta de Helen. No quería preocupar a su suegra con los problemas maritales que enfrentaban. Así que decidió responder con cautela
—Oh, Alexander tuvo que quedarse en la oficina hasta tarde anoche. Tuvo algunos asuntos urgentes que atender. Ya sabes que siempre está al pendiente del buen manejo del corporativo, pero seguramente estará en casa en unas horas— mintió Emily, tratando de mantener una sonrisa en su rostro.
Helen frunció el ceño, claramente decepcionada por la ausencia de su hijo. Notó en la mirada de Emily que las cosas no estaban bien, también sabía que Alexander tenía tendencia a absorberse tanto en su trabajo que descuidaba otras áreas importantes de su vida.
—Emily, querida, espero que todo esté bien entre ustedes dos. No es saludable para un matrimonio que pasen este tipo de cosas, como que mi hijo no venga a su casa a dormir— Comentó Helen, con tono de preocupación.
Emily asintió, sintiéndose incómoda por la sinceridad de su suegra. No quería discutir los problemas matrimoniales con ella, pero sabía que Helen tenía razón.
—Lo sé, Helen. Es solo que, yo entiendo que Alexander es un hombre muy ocupado y a veces tiene que atender asientos importantes del corporativo, pero te aseguro que Alexander y yo nos amamos mucho y te aseguro que no tienes nada de que preocuparte—. Respondió Emily, tratando de convencerse a sí misma tanto como a su suegra.
—Espero que así sea, querida. Alexander necesita aprender a equilibrar su vida personal y profesional. Lo más importante es su matrimonio y no puede permitir que el trabajo lo consuma por completo —. Advirtió Helen, con un tono firme pero compasivo.
Emily asintió en silencio, agradecida por las palabras de su suegra. Aunque sabía que la situación entre ella y Alexander era complicada, también tenía la esperanza de que podrían encontrar una solución juntos.
Mientras tanto, Nataly decidió hacerle una visita a Alexander en su corporativo, sabiendo que le causaría una gran incomodidad, ya que le pidió desde un principio que jamás se presentara ahí por ningún motivo. Entró al imponente edificio con paso decidido, su rostro mostrando determinación y confianza. Los trabajadores la miraban asombrados por la escultural belleza de la joven a quien ella dirigió una mirada desafiante hacia ellos. Finalmente, llegó a la oficina y fue recibida por Susan, su secretaria.
—Buenos días, señorita. ¿En qué le puedo servir?— Pregunto amablemente la joven secretaria.
—Quiero ver a Alexander Brooks inmediatamente. Dígale que Nataly Ryan quiere verlo—.
La secretaria hizo un leve gesto de molestia ante la altanería de la chica, aun así llamó a su jefe para informarle.
Alexander se encontraba en su oficina trabajando cuando recibió la llamada de su secretaria
—Dime, Susan. ¿Qué sucede? Preguntó el CEO.
—Señor, una señorita de nombre Nataly Ryan desea verlo—.
Alexander sintió una corriente eléctrica en todo su cuerpo. Sabía que la presencia de su amante en el corporativo daría pie a chismes y habladurías, lo cual podría dañar seriamente su imagen.
—¿Señor? ¿Me escucha? ¿Qué le digo a la señorita?—preguntó Susan.
Alexander se encontraba bastante nervioso, ya que nunca se imaginó que Nataly iría a verlo al corporativo, aun así decidió dejarla pasar. A lo que la secretaria le confirmó a la altanera mujer que tenía permiso de entrar.
Alexander estaba seriamente perturbado por la visita de su amante, pero sabía que tenía que ser muy cauteloso en cómo actuar ante tal situación y evitar un escándalo que sería perjudicial para su empresa y su imagen.