CAPITULO 2

2313 Palabras
Caminaba por el amplio pasillo, cada vez veía el comienzo de la escalera más y más cerca, la música de entrada resonaba entre las paredes de la gran casa, estaba muy nerviosa, sin embargo eso no me impidió seguir por mi camino, estaba en la segunda planta y aun así podía oír a las personas que estaban en la primera planta murmurando que ya había llegado la novia, me sentía tan avergonzada, no quería ver la cara de mi abuela cuando me viera bajar esas escaleras, mucho menos la cara de los padres de Alexander, al principio quise ir con el señor Valderrama, quería acusar a su hijo, pero era muy inmaduro de mi parte y Alexander no me lo perdonaría nunca. —Ya es hora, baja —escuché la voz de Brittany, volteé mi cabeza para verla y asentí. Tomé una grande bocanada de aire, respiré profundo y conté hasta cinco, comencé a dar pequeños pasos sobre mis pequeños tacones, sostenía un ramo de rosas entre mis manos y mi rostro estaba completamente tapado por el velo, tenía miedo de resbalar y caerme enfrente de todos, creo que hubiera preferido eso antes de casarme con Alexander, a este punto ya estaba en el inicio de las escaleras, observé a todos los invitados, no estaban todos, sin embargo, había una gran cantidad, sabía que la mayoría se había marchado, cuando pisé el primer escalón todas las miradas se dirigieron a mí, todos empezaron a aplaudir, bajé escalón por escalón, buscando con la mirada a mi abuela pero no la encontré . Cada vez estaba más cerca de la planta baja, unos 5 escalones más y comenzaría a caminar hacía el altar donde se encontraba un Alexander muy sonriente, como si estuviera muy feliz, él sí sabía fingir bien, realmente no sabía si los invitados ya se habían dado cuenta que yo no era Jenna, estaban sonrientes y felices, lo que me hizo pensar que aún no lo habían notado, mantuve mi postura y llegué al primer piso, cuando llegué a este por fin pude ver a mi abuela a un costado de las escaleras, estaba muy confundida, a pesar de que no me podía ver dije un pequeño lo siento para ella, devolví mi mirada al frente y esta vez empecé a caminar más rápido hacía el altar tratando de no tropezar, entre más rápido acabará esto, mucho mejor. Finalmente llegué a donde se encontraba Alexander, me paré frente a él chico muy sonriente, se acercó a mí y levantó mi velo, fue como que si hubieran gritado silencio en la sala, todos quedaron mudos, en shock, de un momento a otro dejaron de aplaudir, dejaron de murmurar, me puse roja como un tomate, no estaba lista para esto, cuando se dieron cuenta de que yo no era Jena Watson decidieron guardar silencio y observar la escena, lo cual agradecí mucho, los fotógrafos aprovecharon para tomar 1000 fotos, habían periodistas y reporteros ¿Cómo no? sí Alexander Valderrama se casaría, de por sí ya habían muchas personas que iban a documentar la boda, ahora que se dieron cuenta que no se va a casar con Jenna Watson mucho más estarán al pendiente de la gran boda. Pude notar al fondo a la señora Beatriz junto a su esposo y su cuñado, los tres estaban igual de impactados, la cara de indignación de la madre de Alexander me hizo sentir más incómoda de lo que ya estaba. Deseé que la madre de Alexander impidiera la boda, pero sabía que no se atrevería, no delante de todas estas personas. —Estamos aquí reunidos el día de hoy, para unir a Alexander Valderrama y a Nicolle Cooper en matrimonio — el juez empezó a hablar, ni siquiera sabía qué decir cuando nos pidieran dar nuestros votos, no sabía ni cómo improvisar, no sentía nada por Alexander ¿Cómo iba a decir que lo amaba si realmente lo estaba detestando con todo mi ser?, cada 5 segundos volteaba a ver a mi abuela, me daba miedo que le diera algo, su cara era todo un poema, estaba pálida, estaba en shock, me sentía tan mal que ni siquiera me di cuenta que omitieron la parte de los votos, supuse que Alexander le pagó al juez para que se saltara esa parte, realmente no sé si en estas bodas se dicen los votos, lo cual me hizo dudar mucho, me sentí tan ignorante, nunca fui aficionada a las bodas, ni soñaba con casarme, así que no sabía cómo funcionaba esto. —Alexander Paolo Valderrama ¿Acepta usted como esposa a Nicolle Mary Cooper? —en ese preciso momento mis piernas temblaron, mi cuerpo entero se paralizó y no podía quitar mis ojos de Alexander, tenía miedo, mucho miedo, tenía una mínima esperanza de que dijera que no y se arrepintiera, pero muy en el fondo sabía que eso nunca iba a pasar. —Acepto — sonrió después de decirlo, cada vez quería morir más, sentía que me iba a desmayar en cualquier momento, empecé a perder el aire y me sentí mareada. —Nicolle Mary Cooper ¿Acepta usted como esposo a Alexander Paolo Valderrama? — no, no y no, no lo quería aceptar, lo odiaba con todo mi ser, me repugnaba estar aquí con él, pasaron miles pensamientos por mi cabeza, aún podía decir que no, ¿podría salir corriendo de aquí? Miré a mi alrededor buscando alguna salida o alguien que se opusiera, pero todos estaban esperando por mi respuesta, las manos de Alexander estaban sobre las mías, sentí como las apretó, miré sus ojos zafiro, estaba esperando por mi respuesta. —Acepto — no quedó nada más que decir, no seguí escuchando a nadie más, mis ojos se nublaron por completos, lágrimas queriendo salir, mis piernas temblaban, estaba mareada y cuando menos me lo esperé sentí las manos de Alexander sobre mis mejillas, lo siguiente que pasó me dejó en shock, Alexander me estaba besando. Estaba tan impactada que ni siquiera lo detuve, me tomó desprevenida, recordé a los 15 años donde soñaba con esto, ahora no sabía ni que sentir, por un momento me dejé llevar, le besé lentamente, con indulgencia, sintiendo el satén de sus labios y la arenosa dispersión de su barba, por un momento me sacó de la realidad, quise pensar que esto no sería tan malo, aunque sabía que no era así, se separó de mí lentamente, dejando un dulce y casto beso sobre mis labios. —¡Que vivan los novios! — la voz masculina se hizo presente en toda la sala, haciendo salir del trance a todos los invitados al igual que a mí, los invitaron se empezaron a aplaudir, con hipocresía, Alexander me agarró de la mano y salió corriendo, arrastrándome con él, era hora de la fiesta de recién casados, si pudiera huir en este momento sin duda alguna lo haría. —Nos están tomando fotos, quita esa mala cara que has tenido todo este rato — me susurró Alexander al oído. Traté de sonreír, aunque me costara mucho, ya me imagino mi cara plasmada en todos los diarios del país el día de mañana, nos dirigimos al otro lado de la sala donde sería la fiesta, con cada paso que dábamos, las personas se acercaban a nosotros para felicitarnos, de mi boca no salía ni una palabra. —Joven Alexander, felicidades por la boda — escuché la voz de mi abuela a mis espaldas, apreté mis ojos y tomé una bocanada de aire antes de girarme para verla cara a cara. —Gracias Marta, créame que estoy muy feliz — no sé como podía mentir tan bien frente a todos, de mi boca no salía ni una palabra, me dolía que mi abuela me viera en esta posición. —Me permites un momento a solas con mi nieta, por favor — Alexander me miró y sonrió de una manera escalofriante. —Claro Marta, Nicolle irá a la cocina a hablar contigo — mi abuela se retiró e intenté ir tras de ella, pero la mano de Alexander me lo impidió — ni se te ocurra decirle nada a tu abuela, tú verás que te inventas — me susurró al oído, me solté de su agarre y le di mi mejor mirada asesina. Me dirigí a la cocina, estaba muy nerviosa por lo que me diría mi abuela, vi la puerta de la cocina a pocos metros avancé y me adentré a ella, ahí se encontraba mi abuela, sentada en la silla del comedor, con sus codos apoyados a la mesa y sus manos sobre toda su cara. —Abuela — susurré, me acerqué a la mesa con mucho miedo, tenía miedo de que me juzgara, que no me perdonara por esto. —¿Por qué? ¿Por qué hiciste eso Nicolle? — susurró con la voz quebrada, sentí como mi corazón se rompía en mil pedazos. —Abuela, yo lo amo — me dolió tanto decir eso, le estaba mintiendo vilmente a la mujer que me vio crecer, me crió y siempre respondió por mí. —¡No es cierto! ¡No lo amas! ¡¿Qué te pasa Nicolle?! — golpeó la mesa con sus manos haciéndome sobresaltar — ¿Acaso no ves que acabas de echar a perder toda tu vida? —Es mi vida, yo decidí casarme con el por que lo amo — moría por decirle la verdad. —Podrás engañar a todos en esta casa, menos a mí, los Valderrama no traen nada bueno, lo sabes, así que dime, ¿es por dinero? — ¿Cómo podía pensar eso de mí? —Si — sentí tanta impotencia, ¿ella pensaba que yo estaba con el por dinero? Pues que siga pensando así. —Nicolle, pero ¿por qué? — su voz sé quebró — se que no te di una vida digna, pero hice todo lo que pude, para que crecieras como una mujer digna, con principios ¿me estás diciendo que no funcionó? —Abuela… —Con tu madre me equivoqué muchísimas veces — me interrumpió — solía ser una chica muy rebelde, hacía lo que se le daba la gana — limpió una traviesa lágrima que rodó por su mejilla — no la podía controlar, me equivoqué mucho como madre — ya estaba sollozando y no pude contener más mis lágrimas — cuando conoció a tu padre, se volvió completamente loca, estaba muy enamorada de él, aún sabiendo que él era un hombre casado — la escuché atenta, nunca había tocado el tema de mi padre — él se enamoró de tu madre, pero no lo suficiente para dejar a su mujer. Tu madre sufrió mucho así que decidió marcharse de la ciudad y fue cuando supo que estaba embarazada de ti — las dos estábamos llorando, tenía sus manos sobre la mesa así que apoyé las mías sobre las suyas — luego naciste tú, pero tu madre no soportó el parto y murió, yo le prometí sobre su tumba, que te cuidaría como a nadie, te entendería como no lo supe hacer con ella, daría lo mejor de mí — quitó sus manos que se guardaban bajo las mías y limpió sus lágrimas con brusquedad — y el día de hoy, le he fallado a tu madre, el día de hoy fallé como abuela, el día de hoy me fallaste Nicolle, o mejor dicho, señora Valderrama. Se paró de la silla con brusquedad, dejándome en la cocina hecha un mar de lágrimas. Estaba destrozada, había decepcionado a mi abuela, a mi madre que me cuidaba desde el cielo, Alexander Valderrama me estaba jodiendo, me sentí tan impotente, quería ir hasta donde Alexander y darle mil cachetadas, no me importaba su jodido dinero, lo odiaba con todo mi ser. —Nicolle — entró a la cocina, nada más y nada menos que Alexander — límpiate la cara y sal, es hora de las fotos. Jodido insensible, me paré del comedor limpiando mis lágrimas, pasé por su lado empujándolo y salí de la cocina, lo primero que hice fue dirigirme al baño, limpié mi cara y traté de retocarme un poco el maquillaje. Salí del baño y allí estaban algunas compañeras del personal de servicio, me saludaron respetuosamente, me limité a sonreírles, no tenía ánimos de hablar. —Una cazafortunas — escuché los murmullos a mis espaldas, eso me impulsó a caminar más rápido y llegar pronto al stand donde nos tomarían las fotos. Allí estaba él, muy sonriente, me acerqué y hice como si le fuera a dar un beso en la mejilla. —Las personas piensan que me casé contigo por interés — le susurré en el oído. —No me importa lo que diga la gente, y a ti tampoco te debería importar, en este mundo uno se acostumbra a los chismes — me susurró de vuelta. Claro, como pude pensar que le importaría un poquito como me sentía, Alexander era una persona muy fría y de verdad esperaba no vivir a solas con él. Me agarró de la cintura y me pegó a él, habían muchos periodista fotografiándonos, la mayoría de las personas de fondo me miraban muy escépticos, acomodé un poco más mi vestido y posé para las fotos, por lo menos quería salir decente en la portada de los diarios del país, un periodista nos pidió que nos miráramos fijamente, eso hicimos, cuando sus ojos chocaron con los míos, no pude evitar recordar el beso que nos dimos en el altar, no puedo negarlo, el chico besaba muy bien, me quedé tan perdida en su mirada que no me di cuenta que nuestros rostros poco a poco se iban acercando, pero un grito me trajo de vuelta a la realidad. —¡¿Qué significa esto?! — quedé completamente estática, todos mis sentidos fallaron. Era nada más y nada menos que Jenna Watson.
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