Golpe tras golpe. Todos eran dolorosos pero no lo suficiente para acabar con mi vida y eso a ella le constaba. Sabía lo que hacía y disfrutaba al hacerlo. Todos ellos me rodeaban, y aprovechando su salvaje ataque sin dejarme un tiempo de descanso, los demás cubrían igual mente cortando para tratar de recibir algún beneficio. — ¿Te gusta, niña? — Preguntó mientras mis gritos quedaban ahogados sobre su mano apretando con tanta fuerza mis labios a tal punto de ya no sentirlos al estar éstos dormidos. — Repite lo que haz dicho. — Exigió sin remover su mano mientras otro golpe era proporcionado en mi cara y una de sus colas perforaba nuevamente mi cuerpo. Ya había perdido la cuenta de cuántas veces había pasado aquello. Ni siquiera habían personas alrededor que pudiesen ayudar a lo que ve

