Para esos días “mi ex” Marcos había estado llamando, pidiéndome quedar para tomar algo, no me interesé en volver a verlo, aunque quedamos en buenos términos teniendo en cuenta lo que paso, pensé que no era el momento más adecuado y tampoco me hacía falta.
Marcos fue muy insistente, las llamadas se convirtieron en mensajes de auxilio, su voz tormentosa activó en mí el deseo de ayudarlo. Accedí a verlo en el mismo bar de tapas que frecuentábamos de novios.
Aparqué mi coche en la primera plaza libre que encontré en frente del lugar, las piernas me comenzaron a temblar y el volante se movía, asustada baje los ojos buscando la razón, mis manos temblorosas se aferraban a él, una presión en el pecho me arrebató la serenidad. Solté el volante de una sacudida, mi mano izquierda toca la parte desnuda de mi escote, tirando de la blusa en un empeño de traer el oxígeno de vuelta, la ansiedad aumenta, bajo la ventanilla y sin dudarlo saco mi cabeza, una bocanada de aire fresco me aplaca el desasosiego. ¿Qué me pasa? ¿Por qué hay tanta congoja en mi corazón?
No puedo bajar del coche en esas condiciones, examino mis manos para comprobar que no tiemblan, estiro las piernas al tiempo que muevo el sillón hacía atrás, necesito saber que tengo el control, saco de la guantera una botella de agua y tomo un sorbo. Después de unos minutos batallando por controlarme desciendo con total naturalidad y me dirijo a la puerta principal, asomo la cabeza y no lo veo, algunos de los presentes me miran y vuelven a sus conversaciones, risas y bromas invaden aquel sitio, sigo mi camino como quien husmea preparándose para salir huyendo.
Un peso extra en mi hombro hace que por instinto gire la cabeza a mi lado izquierdo y de inmediato al frente, sus dotes de bailarín lo convierten en una persona muy habilidosa y rápida, en un suave movimiento parecía que bailáramos, sus brazos envolvieron mi cuerpo, al punto de oprimirme el pecho dejándome sin aliento, me libero un escaso momento, entretanto que él admira mi rostro, esos bellos ojos que una vez me enloquecieron irradiaban felicidad.
-¡Tenía ganas de verte!, pronunció con voz melodiosa
Mi espíritu se turbó, su conducta mostraba lo importante que soy para él, pero ¿cómo volver el tiempo atrás? Es una persona maravillosa, nuestra relación terminó por falta de tiempo, yo vivía ocupada con los estudios y el trabajo, no teníamos un momento, por así decirlo para compartir como pareja, eso conllevo a que me fuera infiel con otra chica, me esforcé al máximo por que fuéramos felices o así lo creía. Con ella estuvo un mes, tiempo suficiente para dejarla embarazada.
La muy cínica sabía que yo era su novia, un día en el restaurante me abordó, le entregué la carta como a cualquier otro cliente, abrió la boca y jugó con su lengua de la manera más asquerosa, sin interesarme di media vuelta
- ¡Ya sé que pedirte!, dijo a voces -Volteé y acariciándose los risos de su desteñido cabello rubio me tiro en cara su relación con Marcos y el hijo que esperaba.
–Quedé en shock observando su pinta vulgar y callejera – ¡Perdón!, creo que te equivocas de persona
– ¡No!, ¡no es así!, extendió el brazo y tiró la carta por los aire. No me lo esperé y mi tiempo de reacción fue nulo, ella se levantó y empujándome con su brazo me apartó de su camino.
Llorando llegué donde Pepi que estaba en la cocina supervisando, más atrás llegaron Iván y Diana a consolarme, los tres insistían que eso no era cierto, para ellos Marcos era el hombre ideal, incapaz de ser infiel, su amor por mí era más que genuino aseguraban.
La duda me aniquilaba, fui a enfrentar a Marcos y lo encontré sentado en su oficina, se puso en pie al verme en la puerta. – ¿Cómo pudiste engañarme? le grité. Tropezó con la caneca de la basura, dejó caer los hombros y con ojos llorosos suplicó perdón, una corriente fría me atravesó el corazón y lo congeló en ese preciso instante, el dolor se convirtió en rabia. Era el fin de nuestra relación, me entregue en cuerpo y alma y salí perdiendo. Siempre dicen que de amor nadie se muere, pero duele muchísimo mientras estas sufriendo.
La ira me cegó, dos bofetadas marcaron sus mejillas
-Lo merezco, haz lo que quieras conmigo, pero no me dejes, suplicó
-¿Quién se creía que era yo?, no podía perdonarlo y admitir que tuviese un hijo con una mujer que conoció después de mí. ¡Plato de segunda mesa, jamás!
–Le empuje y su cuerpo endeble tiro la mesa de arquitectura y todo lo que en ella había.
Un sentimiento de profundo pesar por él brotó de mi corazón, noté en su triste mirada que la utilizó para calmar sus deseos sexuales, pero el juego se volvió en su contra y dejó como resultado una gran responsabilidad.
Lo alejé de mí, no acepté volver a verlo, rechazaba sus llamadas, era el final. Él decidió hacerse cargo del bebé, pero no de vivir con ella, era una desequilibrada mental que amenazaba con suicidarse, se volvió histérica y vivía obsesionada con él.
Con esa actitud dejó claro que se embarazó para retenerlo y que el bebé no le importaba. Marcos era consciente de su responsabilidad y aceptó quedarse a su lado. Alquilaron un apartamento, fue lo último que supe, de eso hacía casi dos años. Hasta esas llamadas insistentes y desesperadas.
Lo vi muy delgado y desaliñado, no era el mismo, parecía que su papel de padre le quedaba grande. Él tiene un leve parecido a Daniel es alto, rubio, con unos hermosos ojos azules y un cuerpo que despierta malos pensamientos, el tipo de hombre que me gusta, es más guapo que Daniel debo reconocer, pero su apariencia me dejó mucho que pensar.
Sabía que no amaba a Vanessa, ese es el nombre de la loca, pero no pensé que estuviera tan mal.
Señaló la mesa del rincón -¿Qué quieres tomar?
Ese rincón evocaba los mejores momentos de nuestra relación, pasábamos horas riendo y esperando que quien no los quitara, se marchara para caer en picada a rescatarlo. -Un tinto de verano respondí
-¡Que tonto soy! –Apretó los labios y pasó la mano por su barbilla, -siempre pides lo mismo para esta época.
Esquive su mirada -Hay cosas que nunca cambian, este lugar es igual a como lo recuerdo agregué
-Si, por ejemplo tú, mis ojos se encontraron con los suyos, -estás igual de linda que siempre.
Las piernas me comenzaron a temblar de nuevo, tomé el bolso tan rápido como pude para disimular que pronto se notara en las manos, -Tú también estas muy bien, le dije.
Me arrebató el bolso dejando libre mis manos, las agarro con dulzura, su delicioso perfume me embobo y la suavidad de su piel me calmó -No mientas, no soy el mismo que dejaste.
Su voz se fue quebrando, me soltó y se ladeo a su costado izquierdo para llamar a la mesera. -El tiempo me está pasando factura, añadió. -siento en lo más profundo de mi corazón el daño que te hice, eres lo más preciado que tenía y te perdí. El rosa de sus pómulos se escondió, un rostro pálido y casi sin vida lo reemplazó. Sin tomar aliento prosiguió -Me siento frustrado, humillado, utilizado, soy el hombre más estúpido que existe sobre la faz de la tierra.
Esas duras palabras estremecieron mi ser, de manera instintiva me apoyé en su hombro para confortarlo. -No seas tan duro contigo mismo, un error lo puede cometer cualquiera.
Roza mi cara con dos dedos haciendo círculos que van desde mi barbilla a la frente -Aquí el único error fue perderte, no debí ser tan ciego.
Sus caricias me hacen bajar la guardia, cosa que no me puedo permitir, me separo de él y vuelvo a mi puesto
- Ahora tienes alguien por quien luchar, siempre te gustaron los niños, pellizco su mentón y hago que me mire -¿recuerdas lo mucho que hablamos de los nuestros? Tú eres una gran persona y estoy segura de que eres buen padre.
-Sí, muy bien dicho, “nuestros hijos” –El furor de su voz provoco que mis dedos se cayeran -Los que tendríamos tú y yo. Sus ojos se empañaron y lágrimas corrían sobre su rostro. Quedé pasmada, ¿qué le pasaba?, ¿por qué estaba tan mal?, su hijo según mis cuentas tendría por lo menos un año, la felicidad debería embargarlo, no la tristeza.
No soporte ver su dolor, lo conocía tan bien, que sabía que no fingía. Me senté a su lado, lo abracé y comenzó a llorar como un niño desconsolado. ¡Por Dios! ¿Qué está sucediendo?, Entre sollozos volvió a pedirme perdón.
Ese espectáculo no se ve todos los días, las miradas se clavaron en nosotros y la gente comenzó a cuchichear, la mesera se acercó a preguntar si podía ayudarnos, pedí la cuenta y nos marchamos a la vista asombrada de los clientes.
Casi no podía mantenerse en pie, se vino abajo como quien asume una derrota. Lo lleve a mi apartamento, no podíamos estar en ningún lado porque él no dejaba de llorar, se recostó en el sofá y aproveche para prepararle un té, tal vez así podría calmarse, cuando me acerque, lo tomo de mi mano y lo puso en la pequeña mesa de centro, se levantó y se abalanzo sobre mí como un oso que ve a su presa, el abrazo volvió a dejarme sin aliento, apoye las manos contra su pecho en busca de espacio, sus lágrimas caían sobre mis hombros sin parar.
Estuve aturdida, sin saber que pensar o decir, él estaba ensimismado y no hablaba, su llanto eran gemidos incontrolables salidos del alma, No pude soportar su dolor y lloré con él, lo atrapé con mis brazos y me hundí en su hombro.
-¿Por qué lloras muñeca?, el aliento tibio en mi oído provocó un hormigueo que subió hasta la cabeza, esa sensación extraña, pero agradable despertó viejas emociones
-Me entristece verte así, ¿qué te pasa? pregunté desesperada.
-¡Pasa que estoy pagando mi gran equivocación! ¡Pasa que la vida me está haciendo pagar con creces el daño que te hice!
–Sus palabras retumban en mi cabeza dejándome desarmada, tengo ganas de salir huyendo, pero es mi casa y eso me deja sin salida
- No hay un solo día en el que no piense en ti, -esa frase me sacudió
-No digas eso, todo quedo claro entre nosotros, -un tic nervioso en el parpado izquierdo refleja el estrés que sus palabras me causan, era molesto no controlar lo que pasaba -tú escogiste la vida que deseabas, ahora tienes una familia.
-Familia, ¿cuál familia?, -aproveche para alejarme, retrocedí dos pasos y salí corriendo a la cocina, sin perderme de vista me siguió
- Soy muy infeliz, a veces creo que ni persona soy.
-¡Perdón!, olvidé la sacarina, apreté el pequeño tarro y sin darle ocasión de atraparme otra vez lo eludí en un rápido movimiento de zigzag - No digas eso ni en broma, eres un gran hombre.
–Convertido en un pulpo sus tentáculos acortaron los escasos metros que nos separaban -Aún lo crees, a pesar de todo
–El olor de su perfume confundió mis sentidos, sus palabras eran un susurro que traía el viento, su dedo pulgar acaricio mis labios haciéndolos callar y el calor de su piel me traslado al pasado.
Recordé el dolor que me causó y la angustia que viví por su culpa -Claro que lo creo, eres una persona excepcional, me dolió mucho lo que sucedió entre nosotros, porque tenía planes de vida contigo -lágrimas se formaron en mis ojos, la vista se me empaño y reconocí por primera vez que él era el hombre de mi vida, pero no podía perdonar su traición - A veces las cosas no son como queremos, el destino no quiso que estuviéramos juntos y eso lo acepto.
La negación no era parte de su vocabulario -¡De eso nada!, yo no lo acepto.
Un estruendoso rugido se escuchó en el salón -¡tú eres la única mujer que quiero en mi vida!
Conmocionada y sin habla me senté, ¡esto no me podía estar pasando!, su imagen daba vueltas en mi cabeza y un crujido en el cuello despertó la más horrible de las jaquecas
-No podemos estar juntos, no soy capaz de interponerme en tu familia. La figura de un bebé me remordía la conciencia, un aullido de dolor y desconcierto desgarró mis entrañas – ¡Tienes un hijo! ¿Con que derecho vienes a revolver mi vida? Le grité
Sus ojos se abrieron como platos – ¡No!, ¡no lo tengo!
Palpe mis orejas buscando calmar el hervor que emanaban, la ira arrebató la dulzura de mis palabras, ¿Qué hombre podía negar a su propio hijo?, era inconcebible
-¿Por qué lo niegas? ¡Lárgate de aquí!
Mis brazos descontrolados señalaban la puerta, atravesado en mi camino los sostuvo, cerré los puños y con fuerza extendí mis brazos para pegarle, la turbulencia me mareo y caí desvanecida a su merced.
–Te haces daño, cálmate, un vaso de agua tembloroso mojó mis labios.
-Puedo explicarlo si me dejas dijo asustando
-Aparté mi boca del vaso y el agua corrió por mi escote, su suspiro tembloroso capto mi atención
–Camilo no es mi hijo, admitió con tristeza. Necesito desahogarme. Su voz comprimida por las ganas de llorar lo aguantó.
–No entiendo, ¿de qué hablas?, era extraño verlo abatido, sus ademanes de derrota hablaban por si solos.
Abrió la ventana y dejo que el aire fresco llenara sus pulmones, levantó sus ojos al cielo cerrándolos al tiempo
-Sé lo que piensas, pero no es así, la luz del sol resaltó el azul de sus ojos y un vistazo suyo mitigó mi enojo
Fui responsable con Vanessa y el bebé, apuntó. La convivencia fue de lo peor que te puedas imaginar, es una persona desagradable, siguió perdido en el horizonte del cielo buscando estrellas imposibles de ver. -Me hizo pasar los peores meses de mi vida, hasta tuvo la desfachatez de prohibirme que hablara con mi familia. ¡Mi familia! ¿Puedes creerlo?
–Era increíble escucharle, él es uno, unido a los suyos, son una piña, la compenetración entre ellos es digna de admiración.
-No podían visitarme porque que era un disgusto para ella, el color de sus ojos cambió y su tono se tornó agresivo -¡le llego a gritar a mis padres!, esa mujer les grito
-No concebía lo que pasaba en ese hogar, me imagino el dolor de ellos con esa situación atípica, un nieto en camino y una nuera desalmada.
-Siempre le echaba la culpa a su embarazo, pero era mentira, se la pasaba pidiéndome dinero y hasta me robó, era insoportable.
-Solté lo que en mi mente se cocinaba con una cara de pavor -¡Qué horror! Es una joyita de mujer
-Su rostro cálido enseñó la más hermosa de las sonrisas, mi expresión le hizo gracia y no pudo evitar demostrarlo
-Han pasado muchas cosas, pero no quiero aburrirte con mi triste historia. Continuó aferrado a esa ventana queriendo escapar, mi corazón palpitaba más de lo normal, quería correr en su ayuda
-Lo peor lo acabo de pasar, tengo el corazón destrozado y mi vida está hecha polvo. Su cuerpo tambaleante se refugió en el sillón marrón pegado a él, imaginé que caería al piso, la mano le fallo al apoyarse y sin pensarlo corrí a sostenerlo como muchas veces lo hice con mi hermano
-¿Qué pasó? ¡Por Dios! dímelo de una vez,
El sabor amargo de aquella confesión me trastocó, sus palabras llenas de dolor y angustia resonaban como un grito de auxilio
-Camilo, su hijo nació hace 10 meses, cuando fue a conocerlo, lamentablemente no se le despertó el instinto paternal, tan pequeño y frágil. Era su hijo y nada se le movió dentro de sí. Llegaron sus padres y le contó a su mamá, ella le dijo que era normal, que no se preocupara, que cuando lo tuviera en casa, los sentimientos vendrían por si solos, tanto que no podría desprenderse de él tan fácilmente, que quedaría atrapado de por vida. Los días pasaron y los sentimientos de amor hacia Camilo no afloraban, mientras que la relación con Vanesa era cada vez peor.
El mes pasado llegó a su casa antes de tiempo y escuchó una conversación entre Vanessa y una de sus amigas, no se dieron cuenta de su presencia, un tal Francisco pedía dinero para no contar la verdad sobre la paternidad del niño, muy ofuscada ella le contestó que no lo permitiría, cuando se embarazó le contó del embarazo y él le dijo que no respondería y que ese era su problema.
Esa mujer me quitó lo que más amaba, no le importó destruir nuestra relación y la vida de Marcos, la ira me carcomió, tenía ganas de tenerla de frente y cachetearla, gritarle lo perra y sucia que era. Los recuerdos removieron el dolor que me causo, pero no deje de reconocer que él tuvo la culpa, me engañó y esta es la consecuencia. Ella encontró al perfecto estúpido, su escapatoria para un embarazo no deseado.
-¿Qué clase de mujer puede hacer eso? Pregunté, no concebía la idea de usar a otra persona para beneficio propio.
-Una como ella, es de lo peor, odio brotaba de sus labios, su simple nombre le hacía hervir la sangre
-Llamé a mi hermana para pedirle consejo y le conté a mis padres lo que había escuchado.
Qué golpe más bajo para todos, la simple idea del calvario que vivieron por su culpa y ahora esto, Marcos no tenía ningún sentimiento paternal y su familia intentó darle al bebé ese cariño que él le negaba, bien dicen que la sangre llama o no llama, como en su caso.
Su madre lloró amargamente, no podía entender como Vanessa fue capaz de inventar esa mentira, era malvada. Lo que más le dolía era ver en lo que convirtió a su hijo, una persona amargada.
Johanna, su hermana es de armas tomar, un deseo de venganza se despertó en ella comentó. -Me dijo que no tendría derecho a nada, pidió una prueba de paternidad que tuviera validez Jurídica con la que demostraríamos que Camilo no era mi hijo y así no iba a tener que responder por él y por su madre
Era una historia de telenovela Colombiana, evoque aquellas que me mantenían día tras día pegada frente al televisor, sufrimiento de principio a fin, no sospeche que viviría una
-Es muy fuerte lo que me cuentas, esa mujer no tiene escrúpulos. ¿Han hecho la prueba? ¿Tienen el resultado?, -la expectación era tanta, que no lograba mantenerme callada, su relato escueto y lento despertada mi curiosidad.
-Actué normal para no despertar sospechas, a los tres días llegó Johanna acompañada con una persona del laboratorio para tomar la muestra.
-¡Qué nervios! -Mis pensamientos los materializaba mi boca convertidos en palabras, era un constante suplicio cada vez que decía una frase y luego callaba -¿Ella se dio cuenta de algo?
-Examinó mi tono de voz, asombrado exclamo -¡Claro!, yo tenía al bebé en brazos, Johanna me avisó unos minutos antes, les abrí la puerta e inmediatamente la señora nos tomó la muestra con unos bastoncillos
–Mi deseo de saltarle a la yugular crecía, ¡tonto! ¿Cómo dejaste que esa se interpusiera entre nosotros?, unos minutos de pasión nos costó la felicidad, mi mente se embotó de tanto pensar en lo que pudo ser.
-Imagino que se puso histérica, vaya espectáculo. -Las cachetadas no eran suficiente, mis manos añoraban su cuello para exprimirlo y dejarla sin aire, la falta de oxígeno en ese podrido cerebro le podría despertar una que otra neurona, la rabia hacía esa mujer era grande, no pensé en ella por mucho tiempo, pero ahora sabiendo esta verdad, pensaba que las ganas de golpearla eran mínimas para lo que se merecía en realidad
-¿Qué pasó después? Pregunté
-Se enderezó posando su brazo en la ventana -Salió y vio la rara escena, sabía que era lo que pasaba, empezó a gritar, le dije que se calmara que se lo explicaría, pero siguió gritando como una loca –Hizo una corta pausa y dirigió su mirada a mí.
-Cuando la señora del Laboratorio se fue, mi hermana le dijo que su farsa había terminado, que en menos de una semana íbamos a tener los resultados de la prueba de paternidad.
Caminó nervioso de un costado al otro, el silencio se apoderó del salón -Ya no tenía por qué seguir con ella, volví con mis padres. Nos amenazó con no volver a dejar ver a Camilo y con suicidarse. Bajo la cabeza y agarró un libro de la estantería, lo pasó de una mano a otra sin parpadear - Por primera vez me preocupe por Camilo, sin nosotros él iba a tener una vida difícil al lado de Vanessa, ella no es buena madre.
Esperar que pasará en el próximo episodio de tu telenovela favorita es tensionante, pero vivirlo en carne propia es horrible, esos días de incertidumbre debieron ser espantosos para él -¿Y cuál fue el resultado de la prueba? Pregunté
-Lo que ya sabíamos, Camilo no es mi hijo profirió
Era extraño saber tanto y no poder hacer nada por remediar lo sucedido. Por un instante creí que merecía sufrir, pero su rostro descompuesto remordió mi conciencia.
Palabras sinceras brotaron de mi corazón, era imposible que lo odiara, el rencor no tenía cabida en mí, pero tampoco la reconciliación
-Me alegra que sepas la verdad, por muy dura que sea, es mejor que vivir engañado, un nudo en la garganta aguantaba lo que deseaba esconder, ya no hay un nosotros, no puede ser.
El silencio reinó nuevamente, cruzamos las miradas sin pronunciar palabra. Suspire profundo, el aire me faltaba y el corazón se me acelero al oír
-¿Tienes novio, cierto?, Paty me lo contó. Le llame para pedirle que arreglara una cita contigo y me dijo que eres feliz con tu nuevo novio y que no me acercara a ti.
En mis planes no estaba contarle mi vida, ¿qué le decía?, las dudas en la relación eran cada vez más fuertes, Daniel es a quien quiero, sin embargo su comportamiento en ocasiones me decepcionaba. No lo iba a perdonar, por mucho que me encantara saber que se libró de esa loca, valentonada le eche en cara mi alegría
-Estoy saliendo con una persona que me llena plenamente y somos felices, siento mucho todo lo que has pasado, pero ya no hay oportunidad para nosotros
-Abracé el cojín de mi sofá en vez de tirarme en sus brazos -Lo mejor es que cada uno siga su propio camino -Esa última frase quemó mi garganta.
-¿Estás segura? –Cayó de rodillas a mis pies presionando el cojín con mis manos sin quitarme la vista de encima -Llevas con él muy poco tiempo, nadie te va a querer más que yo. – ¡Te necesito de vuelta en mi vida! –Sus suplicas llegaron a mi corazón, mi mente luchaba por no dejarse vencer -Dame una oportunidad por favor.
La vida que añoré en un pasado se esfumó, ahora era distinto, entendí que Daniel es mi presente y que el ayer ya pasó.
-Lo siento Marcos, pero eso no va a suceder, me traicionaste, fuiste tú quien arruinó la relación, -aproveché para recordarle su falta, pasé momentos horribles por su culpa. -Tengo una nueva ilusión, es a él a quien le debo una oportunidad.
-Desmoronado en el piso imploró por lo único a lo que aspirar -¿Podemos seguir siendo amigos?, vernos de vez en cuando
-Una explosión de emociones inexplicables rondaba en el ambiente, era humillante verlo rogar, la opresión en el pecho cortaba mis palabras haciendo imposible decir una frase completa, me detenía por momentos. Su palidez me hizo voltear a un lado la cara, sabía que estaría intentando decirle por un largo tiempo lo que tanto me costaba pronunciar.
-Siempre podrás contar conmigo solté en un hilo de voz -Me instalé en la misma ventana donde él estuvo, miré al cielo y me llene de valor -No puedo prometerte nada, es mejor que te vayas.
Escuché el suspiro más doloroso -¡Claro! ya entiendo, gracias por escucharme
Las piernas apenas me dieron para acompañarlo a la puerta, los pocos pasos que nos alejaban parecían kilómetros incapaces de ser aminorados, me dispuse a despedirlo y Daniel apareció en el preciso instante que Marcos abrió la puerta, los nervios me traicionaron, Marcos comprendió y con un simple hasta luego se marchó.
-Hola Preciosa, dijo siguiendo con la mirada a Marcos -¿y ese quién es?
-Un viejo amigo, respondí restándole importancia, la puerta se me soltó y sonó un fuerte portazo que me hizo brincar del susto
-¿Qué amigo es ese que te pone tan nerviosa?
-¿Celoso? Pronuncié –el corazón me latía a mil, los nervios me traicionaban
-Es simple curiosidad respondió con repelencia
-Se llama Marcos, lo conocí cuando llegue al país
-Nunca lo has mencionado, -tomé como mala señal verle fruncir el ceño, no era el momento de hablarle de “mi ex” y menos decirle que es la persona que se acababa de topar en mi apartamento.
-Hace más de un año que no hablábamos y hoy nos pusimos al día –cruzada de piernas a un costado del sofá quise mostrarme tranquila, aunque por dentro me moría, el estómago se me revolvió y comencé a sentir unas ganas horribles de vomitar
-¿Buenos amigos, entonces? –de reojo observe como cruzó los brazos, sus ojos no dejaron de buscar los míos.
-Presionada por la situación me levanté en un pispas. -Si somos muy amigos, aunque no nos vemos mucho.
-La tensión de sus palabras me alarmó, unos minutos atrás le dije a Marcos que Daniel se merecía una oportunidad y no valía la pena poner en peligro nuestra relación por esta estupidez.
Me puse detrás suyo y le acaricie las orejas, inclinó su cabeza hacia atrás y encogió los hombros, imagino que sintió cosquilleo, -¿Quieres tomar algo? Pregunté calmada
-No gracias, -su voz volvió a ser la misma -Mejor salimos, comentó
-Excelente idea respondí -Agarré mi bolso y salimos pitando del apartamento
Sentí un gran alivio escuchar su propuesta, nunca hablamos de nuestras relaciones y no tuve ganas de tocar ese tema, no estaba en una buena posición. No importan las buenas intenciones, llevar a Marcos a mi apartamento no fue una decisión inteligente. Daniel no lo entendería, si fuera lo contrario yo tampoco soportaría verlo con una “ex”
No volvió a preguntar, quería pasar un buen rato, divertirme y no hablar de las penas de nadie, era lógico que la verdad sobre mi relación con Marcos traería problemas a mi relación con Daniel, por lo que era mejor evitarlo a toda costa