Nuestra relación era magnifica, cada vez me enamoraba más de ese hombre, todo era mágico, sin pensarlo llegó nuestro primer aniversario, me invito de nuevo al “Ciel Bleu”. Me vino a la memoria esa primera cita un poco desastrosa.
-¿Recuerdas preciosa? –abrió la puerta del coche para que bajara. La luz de las bombillas de la calle iluminaba sus hermosos ojos, dándole diferentes tonos que me embelesaban
-¡Claro que sí!, este es nuestro restaurante, -bajé manteniendo la mirada, mi boca medio abierta provoco un beso desprevenido de su parte
-Tus labios me encantan susurro a mi oído -su brazo atrapó el mío -Entramos Madeimoselle.
–Una gran sonrisa iluminó mi cara - Oui Monsieur, es usted muy amable.
El lugar me seguía pareciendo de ensueño, una belleza incomparable y la comida exquisita, sí que era nuestro lugar, aquel donde todo comenzó. Poco importaba que le perteneciera a los padres de Daniel. Me lleve una inesperada sorpresa cuando los conocí, darme cuenta de quienes eran en realidad, una de las familias más poderosas del país me trastorno un poco.
La velada fue encantadora, como todo lo que vivía junto a él, tan lindo, atento, detallista, era simplemente maravilloso.
El primer año juntos era en resumen bueno, su familia me aceptó, no eran como los padres de Marcos que me adoptaron por así decirlo, cuando fui su novia me sentí parte de ellos, tan lejos de la mía, pero aceptada por la del hombre que amaba. No podía esperar que los padres de Daniel fueran iguales, la relación era llevadera y me mostraban afecto. En todo momento he intentado llevar la fiesta en paz y estar con ellos lo mejor posible.
Al fondo comenzó a sonar nuestra canción, “Cada mañana de Reik”, giré la cabeza y era un trío el que la entonaba, se fueron acercando a nuestra mesa hasta tenerlos en frente nuestro, todo el mundo nos miraba con asombro, yo estaba feliz con la sorpresa, no cabía de la dicha. Nada podía superar esa noche, pensé, pero me equivoqué. La música terminó y él se puso de pie pronunciando aquello que nunca olvidaré.
-Cogió la copa y la golpeó con el tenedor, creí que la quebraría, el ruido fue retumbante para mí.
-Damas y caballeros, su atención por favor. Las miradas seguían fijas en nosotros. -En esta hermosa noche quiero que sean testigos del gran amor que siento por esta bella mujer. –Daniel dejó la copa en la mesa y agarro mi mano, el alma se me encogió, quise hablar, pero la voz no me salió -La persona con la que pasaré el resto de mi vida y la futura madre de mis hijos.
-El aturdimiento impedía que me moviera, sus palabras las escuchaba y mi mente las procesaba en cámara lenta. Veía sus labios moverse, pero no daba para reaccionar -¡Hoy brindo por ti!, dijo levantando de nuevo la copa de champagne. –Se arrodilló extendiendo su brazo derecho.
-Preciosa, ¿Aceptas ser mi esposa? Preguntó enseñándome un precioso anillo de diamantes
-Seguí sin reaccionar, no pude contestar, todo fue demasiado rápido
-¿Quieres ser mi esposa? Replicó angustiado
-Escuche a mí alrededor murmurar a la gente, lo lindo y romántico que eso les parecía. Seguí inmóvil respirando con dificultad
-¡Estoy esperando tu respuesta! Dijo en voz baja -Sus ojos tristes y su voz cortada me trajeron de vuelta
-¡Siii!, grité, botando el aire que me ahogaba. Me arrodille junto a él envolviéndolo con mis brazos, Eres el hombre de mi vida le susurre al oído. –Los aplausos no se hicieron esperar, la gente estaba emocionada, el espectáculo que estábamos dando no era para menos. Nos levantamos y me puso el añillo
-Señoras y señores les presento a la futura señora Lanzat, -su voz inundó el restaurante, por todos lados escuchábamos gritos de enhorabuena tortolitos.
-Parecíamos actores de una obra de teatro, de pie recibiendo los aplausos del auditorio, avergonzada me senté y tomé de un solo trago la copa de champagne, -Casi no me respondes, me recrimino Daniel -tuve miedo que me rechazaras
-Eres lo más lindo que tengo, -mis manos acariciaron su rostro al tiempo que mis ojos contemplaban su belleza -no me esperaba tu propuesta, llevamos un año le recordé. –por mi mente nunca pasó que él deseara casarse, ese tema no lo tocamos, para mí era como un tabú.
-¿Y eso qué? –Entristecido apartó su rostro alejándose de mí -Acaso hace falta estar juntos 10 años para saber que somos el uno para el otro.
-No, claro que no. –aprecié el anillo con ilusión, es hermoso le dije
-se acercó de nuevo, esta vez sus manos acariciaron mi cara -Como tú, mi cielo azul
Nunca imaginé que me propusiera matrimonio, terminamos esa noche en su apartamento. Antes de entrar puso una venda en mis ojos, abrió la puerta y me guio hasta el salón, pidió que no me la quitara hasta recibir su señal. Escuché como se movía de un lado al otro, la curiosidad me picó y por un instante estuve a punto de quitarme la venda y de una saber qué pasaba.
Aguanté lo más que pude que me avisara, estuve muy tentada a dañarle la sorpresa con tal de quitarme la curiosidad. Esos minutos fueron eternos, me comí las uñas de mi mano derecha, comencé a intranquilizarme, un refrescante olor a jazmín penetró por mi nariz, ese exquisito aroma me sedujo antes que Daniel pusiera sus labios en mi cuello, me destapo los ojos y ahí sí que no quise que esa noche terminara, el lugar estaba iluminado a la luz de la velas, en el centro del salón un hermoso tapete rojo y cojines en forma de corazón me daban la bienvenida.
Me dejé llevar por la pasión, no hubo necesidad de hablar, me lancé sobre él despojándolo de su ropa, estar entre sus brazos era lo máximo. Sentirlo mío era una sensación inexplicable, esa noche dos cuerpos explosivos se convirtieron en una bomba.
A la mañana siguiente desperté a su lado, estar junto a él me producía seguridad, tuve dudas en un tiempo del futuro de la relación, pero él las disipó. Aprecié su musculatura, pasé mis manos por su pecho bajando por su abdomen bien definido similar a una tableta de chocolate, lo apretuje contra mi cuerpo, despertó regalándome una risita, sus brazos envolvieron mi cuerpo aún desnudo, en cuestión de segundos nos volvimos uno sólo como la noche anterior, éramos una adición el uno para el otro, no podíamos sentir la piel del otro, porque instintivamente nuestros cuerpos pedían más.
Después de tanta pasión desenfrenada nos duchamos, tomé mis cosas para irme a casa, pero las sorpresas continuaban, su siguiente paso fue hacer una escapada romántica. ¿Qué más podía pedir?, la celebración de una propuesta de matrimonio que dura tres días, era increíble, por mi cabeza nunca pasó que sería de esta forma, aunque tampoco pensé que me casaría con Daniel.
Al nuestro regreso nos reunimos con sus padres para contarles, ellos estaban muy contentos, mi suegra dijo que oficialmente era parte de la familia y que debíamos comenzar con los preparativos de la boda. Su padre se limitó a felicitarnos y a desearnos lo mejor, la gran ausente fue su hermana, estaba de viaje con su novio y unos amigos.
Los siguientes meses fueron estresantes, yo quería una ceremonia íntima, estaba loca porque mis padres vinieran, pero mi suegra se empeñó en que fuera la boda del año, mi idea de la sencillez le parecía ridícula.
A pesar de oponerme, Daniel quiso complacer a su madre, al final tuve que acceder. Personas que no conocía irían a la fiesta, el día más importante de mi vida tenía que compartirlo con desconocidos.
No tenía tiempo para tantas minucias, que si el vestido, los zapatos, la decoración, el lugar. Bajé 7 kilos sin proponérmelo, cada vez que iba a probarme el vestido necesitaba un nuevo retoque, la presión estaba acabando conmigo. Los dos meses antes de la boda no vi a Daniel tanto como quería, pasaba más tiempo con su madre y su hermana, era una locura.
Mi suegra parecía ser la que se casaba, me atormentaba con cada detalle y se oponía a mis deseos, lo único que pude escoger fue el vestido, luchó por qué usara uno a su gusto, pero no me deje. Extrañaba a mi madre, era ella a quien necesitaba a mi lado en esos momentos, los días con mi suegra se volvían largos, lo contrario a lo que sería de estar con mi querida mamá.
Daniel y yo decidimos que uno de los dos se quedaría trabajando en la empresa, pasábamos al siguiente nivel y era necesario tener nuestro propio espacio. No era conveniente seguir juntos en la misma compañía, vernos todo el día, sin nada que contarnos al llegar a casa, sin lugar a dudas la relación se convertiría en monótona. Para Daniel trabajar en una de las empresas de su familia era fácil, él renunció y yo seguí con mi empleo.
Mis padres llegaron y la felicidad fue completa, nada me faltaba, volverlos a ver y que estuviesen conmigo en ese día tan importante era lo mejor. Hicimos una cena para que ambas familias se conocieran.
- Llegué con mis padres a casa de Daniel, mi suegra abrió la puerta y los saludó efusivamente. Estuve muy preocupada por como los recibirían, venimos de dos mundos totalmente diferentes, pero encajaron perfectamente, mi padre es muy carismático, mi madre es más tímida, pero tiene una gran personalidad. Yo estuve al pendiente y no dejaba de obsérvalos. El ambiente se volvió ameno y parecían viejos amigos, mi familia política dejó de lado sus ajetreadas vidas para estar con nosotros.
Compartí con mis papis toda esa semana, ellos hicieron mi espera más llevadera, casi ni me di cuenta que el tan anhelado día llegó, mi madre y Paty me ayudaron con mi magnifico vestido, un bello palabra de honor blanco estilo princesa decorado con piedras en la parte superior, llevaba el cabello recogido en un estupendo peinado alto decorado con una tiara de brillantes acompañado de un maquillaje suave y sutil, al mirarme en el espejo resplandecía en una belleza inigualable casi irreconocible para mía.
Me emocioné, las lágrimas recorrían mis mejillas, todos esos días en los que terminé exhausta dieron su fruto, no importaba el estrés o los días que no dormí pensando en que todo saldría perfecto.
La noche anterior, Daniel la paso en casa de sus padres, disfrutando su último día de soltero, como regalo de boda, su familia nos llevó a ver una hermosa casa en Marbella, en primera línea de playa. Fue una sorpresa, supuse que nos quedaríamos en su apartamento de soltero, pero no puedo negar que la casa me encantó. Cuando nos dijeron que sería nuestro hogar me quede de una pieza.
Era una mansión para mí, 5 habitaciones, 3 baños, piscina. ¡Es una locura!, pensé. Le dije a Daniel que no podíamos aceptar semejante regalo y sus padres se enfadaron.
Él está acostumbrado a ese tipo de lujos, pero yo no vi necesario vivir en un lugar tan grande, aún somos dos les dije, pero ellos aseguraron que sería el lugar perfecto para los nietos, con mucho espacio para jugar y pasarlo bien.
¿Por qué tanta insistencia con los nietos?, apenas nos vamos a casar, ¿qué creen que al mes estaré embarazada para que sean felices?, mi cabeza daba vueltas y las preguntas me agobiaban. ¿Qué pensaría Daniel al respecto? Nunca hemos hablado de ese tema, particularmente pienso en disfrutar un tiempo como pareja, ya después vendrán los hijos, todo a su debido tiempo.
Su madre interrumpió mis pensamientos incitándonos a ponernos a la tarea lo más pronto posible, que así los tendríamos jóvenes y disfrutaríamos de nuestra vejez. Me dio risa verla decidir nuestro futuro.
Daniel le dio la razón, sin tatarear respondí cortante – ¡Los nietos llegarán, pero no todavía! –El silencio reinó en el lugar por unos segundos, mi suegra me lanzó una mirada asesina, respire hondo calmando la ira que me carcomía, apuré a cambiar de tema preguntando por la casa y recorriéndola de arriba abajo.
-Magnifica sí que es, les dije, apreciamos este maravilloso regalo. –No volví a abrir la boca, ellos parecían ser los únicos con derecho a opinar y decidir.
Todo aquello volvió a mi mente repentinamente mientras le hablaba con Paty. -Una casa maravillosa y sin hipoteca, no puedes quejarte.
-Tú como siempre viendo el lado bueno le recriminé
Si la tienes que aceptar ¿para qué te preocupas? -caminó a mi alrededor comprobando que el vestido no se arrugara
- Disfruta y ya está, tan malo no es
-Su sinceridad era incuestionable. Mi madre entró en la habitación y me rodeo con sus brazos, no pude contener el llanto
–Vas a estropear el maquillaje, mi niña, -sus suaves manos secaron mis lágrimas, mi padre nos miró desde la puerta, su rostro emotivo me enterneció, extendí mis brazos y lo traje hasta nosotras.
-Hija mía, estás hermosa, doy gracias a Dios por estar junto a ti en este día.
-Nos fundimos en un abrazo, Paty no se contuvo y se unió también, fue inevitable que lloráramos.
Poco me importó el maquillaje, era tan fuerte y real lo que vivía que la necesidad de sacar esas emociones se representaron en lágrimas de felicidad.
-¿Sabes que eres mi hermana, no?” dijo Paty entre sollozos. -Te deseo lo mejor del mundo.
-Un crujido suave nos espantó, volteamos al mismo tiempo buscando su procedencia
- Pronto comenzará la ceremonia, dijo Tatiana entrando a la habitación.
- Pasé mis manos por las mejillas limpiando mi rostro,
- Debes estar lista dijo colocándose en frente mío -La miré y lucía hermosa con su vestido rojo largo de un solo hombro, ella escogió el modelo y el color. Las damas de honor estaban muy lindas, pero ninguna como mi cuñada, le sentaba muy bien, mejor que al resto diría yo.
Se quedó un rato con nosotros mientras nos retocábamos el maquillaje y aprovechó para ponernos al día de lo que sucedía afuera. -Todo el mundo está muy contento, no pudimos haber escogido mejor lugar que este, comentó.
Un grito de alegría se escuchó en la habitación, Pepi y Diana entraron, no podían aguantarse sin verme antes dijeron.
-¡Preciosa! ¡Preciosa! Así es como luces Caro espetó Pepi.
Diana reía y me escaneaba, ¡Siii! Estás bellísima, de eso no hay duda, tomaré apuntes dijo burlescamente.
-Gracias chicas, me encanta verlas. ¿Dónde están Iván y Felipe? Pregunté extrañada -Sentados en primera fila aseveró Pepi con una gran sonrisa.
La ceremonia fue en la Finca de los padres de Daniel a las afueras de Sevilla, un lugar magnifico, la decoración hermosísima y ni qué decir del espacio, fácilmente podríamos perdernos en ella, grandes enramadas cubrían gran parte del terreno que se transformaba fácilmente en un laberinto.
Los invitados eran amigos y conocidos de la familia de Daniel, yo conté con mis padres y amigos más cercanos. Compartir con gente que no volvería a ver en mi vida me agobiaba un poco, no era mi estilo estar rodeada por desconocidos, pero debía poner mi mejor cara y disfrutar del gran día.
-Tendrás muchos regalos. Hay que ver el lado amable de las cosas, dijo Diana con su risa picara.
-Ni modo que hacer, respondí torciendo la boca. Diana se sentó en la cama contemplándonos, Pepi se le acercó invitándola a tomar el puesto en la ceremonia. Tan pronto salieron llegó la tan esperada señal, hora de hacer mi entrada acompañada de la corte nupcial.
El jardín lo decoraron de blanco y rojo, parecía salido de una película de Hollywood. Una larga alfombra roja nos hacía parecer estrellas de cine, rosas de ambos colores dieron un toque exquisito al lugar. Mi suegra se lució, no lo podía negar, me dejo perpleja su dedicación a los detalles, ni el más mínimo de ellos se le escapó.
La marcha nupcial empezó a sonar, el corazón se me aceleró, creí que se me saldría por la boca, casi podía sentir que hiperventilaba, levante los ojos y fijé la mirada en Daniel que me esperaba en el altar flotante dispuesto al final. Entré del brazo de mi orgulloso padre, por un instante noté las miradas de los presentes, todas posadas en mí y las piernas me comenzaron a temblar, mi padre me presionó con firmeza el brazo evitando que cayera.
–Calma hija, es tu día –sonreí y mantuve la frente en alto mientras contemplaba aquel hermoso rostro, el de mi futuro esposo, la música siguió sonando y yo sentía que volaba.
La ceremonia fue hermosa de principio a fin, ya no me importaba si había un mundo de gente que no conocía, porque estaban ahí a quienes amaba, mis padres y mis amigos. Conocí personas que estoy segura que no reconocería jamás si los viera de nuevo en la calle. Simplemente no era yo, era mi sueño, mi cuento, mi vida dando un giro de 180º, ahora era una mujer casada, enamorada y dispuesta a llevar una vida feliz al lado de mi príncipe azul.
La fiesta duró hasta altas horas de la madrugada, los invitados parecían disfrutarla, al final nos quedamos un grupo muy reducido de personas, pero eran las que realmente me interesaban. Estaba agotada, pero era mi día y tenía que disfrutarlo al máximo. Lo que quedó de noche la pasamos en la Finca, habían preparado una habitación para nosotros, como era de suponer mi suegra se encargó de eso también.
La decoraron para que fuera nuestro idilio de amor por unas cuantas horas. Rodeada de rosas y velas fui suya, la primera vez como su legítima esposa, me llevo en brazos hasta la cama, sus manos suaves me despojaron de aquel vestido que impedía que tocara mi piel, todo mi cuerpo ardía de pasión por él. Le quite su ropa mientras me besaba, era incontrolable el deseo del uno por el otro, esa noche mágica fuimos nuevamente uno solo.
Al día siguiente nos despertamos con resaca, no deseábamos movernos de la cama, pero nuestra luna de miel a la Isla de Bali en Indonesia nos esperaba, regalo sorpresa de su hermana Tatiana, lo mantuvo oculto hasta el último minuto. Nos preparó las maletas en complicidad con Paty y mi madre, sabíamos que sería un lugar espectacular, pero no pensé que fuera tan lejos, aunque tampoco puedo ocultar que me fascino la idea.
Una Luna de Miel de encanto, lugares maravillosos, relax total, disfrutar el uno del otro, con esa experiencia me casaría sin pensarlo más seguido, le repetía todo el tiempo. Las cenas en el jardín del restaurante acompañado de las velas y la luz de la luna atraparon mi corazón, visitar las cascadas GifGif y Goa Batu fue impresionante, Bali es un lugar único que no tiene desperdicio, sus lagos, su entorno y la naturaleza que rodea la región es hermosa.
El tiempo se nos hizo corto, 18 días no fue suficiente para demostrarnos nuestro amor, Daniel y yo éramos el claro ejemplo de los recién casados, caminábamos agarrados de la mano, miradas idiotizadas, besos robados y apasionados, era impensable estar alejados por más de cinco minutos. El apetito s****l no disminuía, nos devorábamos mutuamente y explorábamos nuevas aventuras, la cama, el baño, el sofá, se convirtieron en nuestros mejores aliados. En la última noche la habitación quedó irreconocible, intenté arreglar lo más que pude, pero el cansancio de esa batalla me venció.
El regreso a casa y a la rutina diaria fue duro, Daniel empezó a trabajar en la empresa con su padre, al final de cuentas algún día se haría cargo de los negocios familiares, yo continúe en mi trabajo, aquel donde conocí a Daniel.
El amor era cada vez más fuerte y estábamos muy unidos, cual almas gemelas que no desean separarse nunca.