Capítulo 3

2634 Palabras
Atravesar el bosque con un niño en brazos hizo que llegar de vuelta al campamento improvisado se complicara más de lo que me habría gustado. Su inocencia era lo que más me conmovía y preocupaba porque, aunque estaba intentando no hacer ruido, sus heridas no dejaban que lo evitara a la perfección. Mis instintos se agudizaron mucho más que antes, éramos una presa fácil y la paranoia me hacía ver cazadores incluso en la forma de las ramas de los árboles. Formas de animales que nunca había visto con sus patas estirándose hacia nosotros, listos para llevarme a la profundidad del bosque. Lo que me sobresaltó al llegar a mi punto de partida fue el jadeo de mamá, a pesar de que la estaba buscando. Y solo tomó un par de minutos para que sus ojos analizaran las heridas de una manera mucho más crítica que la mía. Era más un instinto que una acción a voluntad, pude reconocer en ella lo mismo que me sucedió a mi cuando vi al niño porque todos nuestros sentidos se intensifican al ver un herido. Mi padre solía llamarlo instinto de mujer, aunque nosotros siempre le corregimos diciendo que era simple empatía. Mi madre se acercó a nosotros para tener una mejor visión de las heridas y sin darme cuenta mis manos hicieron más presión en el cuerpo del pequeño, casi enseguida capté que no debí hacerlo y que debía dejar que ella lo revisara por completo para evitar omitir una lesión que yo no hubiera podido reconocer con mi poca experiencia. Desde pequeña era su ayudante, en especial después de que perdió a mi hermana, no obstante los años de hacer su trabajo le daban el conocimiento superior, sin mencionar que no era lo mismo a solo asistir sus movimientos a hacerlos yo desde cero. Sin mencionar que mis pensamientos también estaban muy acelerados a raíz de un miedo profundo. Esa marca en su hombro… Provocaba escalofríos en mi espalda cada vez que la miraba. Exactamente por esa misma razón los solían marcar, para generar este efecto en todos nosotros, ellos sabían que les teníamos miedo y no dudaban en intensificar eso en cada oportunidad que tenían. Quizás solo por eso el niño estaba vivo, si era que sobrevivía. —Pon a calentar el agua. —ordenó mi madre señalando la pequeña olla entre nuestras cosas y tomó al niño de mis brazos para acomodarlo en una superficie. Muy pocas veces dudaba de sus decisiones, pero no lo pude evitar en esta ocasión. Ninguna de las dos podía estar completamente segura de que los que causaron estas heridas estaban cerca o no, y el humo del fuego podría indicar exactamente dónde estábamos. Sí, ayudar al niño era una de las principales prioridades para ambas, pero también lo era mantenernos a salvo. De todos modos, por su mirada encendí el fuego mientras me decía a mí misma que aunque el humo indicara dónde estábamos, la probabilidad de que llegaran a nosotras a una velocidad instantánea era muy baja, de lo contrario ya nos habrían encontrado por el ruido. Eso sin tomar en cuenta que el bosque era engañoso y la oscuridad que ahora nos rodeaba era conveniente para nosotras. Si mamá conseguía moverse rápido podíamos curar las heridas del niño, subir al caballo, huir tan lejos como sea posible y avanzar por nuestra ruta hasta la noche de mañana. Mi mirada fue despegada de la leña chispeando por un quejido y nuevamente fui colocada en el presente, lejos de mis planes de contingencia, y me acerqué a ayudar a mi mamá. Nunca había estado tan cerca de un sobreviviente y era la primera vez que veía de primera mano las atrocidades que podían llegar a hacer. Los niños, al menos nosotros, crecemos con las historias de todo ese grupo extremista, de cómo ellos torturaban a los de nuestra clase solo por las diferencias y el terror que ocasiona lo desconocido. Sin embargo, siguiendo las reglas y con mucha suerte, nunca te llegabas a encontrar con ellos, volviéndose solo cuentos para asustar niños… Si eres afortunado. Por esa razón, los años de enseñanza junto a mi madre se evaporaron mientras que ella sí controlaba sus emociones y comenzaba a trabajar a toda velocidad. No teníamos certeza de que sus heridas se limitaran a las que observábamos y eso nos asustaba mucho más a ambas. Las heridas de nuestro pueblo fueron superficiales con los años. Una cortada poco profunda o la caída desde un caballo, eran heridas que estaban muy lejos de ser quemaduras tan destructivas como la que tenía frente a mis ojos. Me pregunté qué clase de veneno contra los draknos tenía el metal con el que se le hizo la marca para no sanar tan rápido como debería, como si su cuerpo se estuviera tomando su tiempo incluso estando cerca del fuego y el calor. Todos nosotros teníamos habilidades pertenecientes al elemento de nuestro nacimiento. Siendo un poco irónico que los humanos, los únicos seres que salieron desaventajados al momento de la creación, sean los más peligrosos para todos y a la vez los más vulnerables. Eran la especie más temida para todos nosotros, eran el motivo por el que vivimos ocultos, bajo la sombra. Si ellos supieran todo lo que sus ojos ignoran y pasa frente a sus narices, probablemente serían aún más imparables. Muchos decían que era su falta de habilidades lo que los volvía una amenaza, ya que su miedo los dominaba, a diferencia del resto de nosotros y creaban una increíble protección a base de ingenio que podrían utilizar para el crecimiento de todos. Esta era la razón con mayor validez para mi por la necesidad de mantener un secreto que manejábamos todas las especies cuando se trataba de exposición hacia los humanos. También se había escuchado de la teoría que ese mismo ingenio, inteligencia y creatividad era el talento que les fue obsequiado por la naturaleza, pero sin el conocimiento y sabiduría para aplicarlo más allá de encontrar el camino sencillo o cruel. De ahí todo el desastre que creaban cada pocos años. - Sline, atenta. - mi madre chasqueó los dedos frente a mi, ayudándome a salir de mi ensoñación. - Necesito agua. El niño estaba cada vez más pálido y eso llevó a que mis instintos quisieran tomar el control de la situación, así como mi madre lo había hecho antes. Me moví en segundos, caminé hacia el río un poco más lento de lo que me gustaría, pero intenté hacer silencio para no atraer algún otro tipo de peligro como un animal, el olor a sangre en mis manos ya era suficientemente riesgoso. Me molestó que mi cuerpo tardara en obedecer los planes de mi cabeza porque en general no solía ser complicado encontrar el agua cerca, pero por alguna razón mis sentidos estaban embotados, dejándome algo perdida. Eran estos los momentos en que escuchaba la voz de mi padre a la perfección susurrándome al oído. “Respira y cierra los ojos… Deja que el aire entre… Manténlo unos segundos… Y ahora déjalo ir…” Cumplí cada indicación al pie de la letra, y justo en el momento en que mis ojos se abrieron de nuevo, pude escuchar la corriente del agua de nuevo. En realidad, estaba casi segura de que también podía olerla. A lo único que le presté atención en ese momento era que aproveché ambos instintos para llenar la pequeña olla por completo, calculé que luego de evaporarla quedaría solo un poco más de la mitad. - Al fuego, Sline. - repitió señalando la pequeña pila de madera ardiendo bajo las llamas naranjas y rojas. - Puedo empezar con el vendaje, están limpias. -sugerí señalando la tela, a pesar de que era de lo poco que teníamos en nuestra reserva. Mamá se limitó a asentir con su cabeza en mi dirección, pero no apartó la mirada del pie del niño. Debido a todos los golpes accidentales en el camino al campamento, su pie estaba mucho más hinchado y rojo que cuando lo había encontrado. Pero no me preocupé, mamá no se veía insegura al respecto, por lo que me centré en su hombro. - Fiuger. -suspiró madre tocando levemente la piel del niño. Me estremecí porque reconocí la palabra “pequeño” en ese idioma que rara vez utilizaba desde que dejamos de ser unos niños a sus ojos. Antes lo utilizaba mucho para tranquilizarme a mí y a mis hermanos, pero poco a poco lo fue dejando de lado. Para este punto, comprendía mucho mejor las palabras humanas que las de mi origen. Mamá ya tenía listo el soporte para enderezar el pie del niño, pero por mi lado, mi rostro se torció al inspeccionar la marca de ganado en la piel del niño. No sabía muy bien si era por el peligro que vivió o si era un instinto de su especie pero reconocí una textura levemente escamosa con respecto a su piel, cosa que me sorprendió y me llamó a seguir investigando. Sin embargo, el peligro latente de los monstruos que le hicieron esto, en mi mente siempre habían estado lejos de Piamonte, no tan cerca que a escasas horas de viaje nos toparíamos con el primer sobreviviente. Mi cabeza calculó rápido el proceso de sanación de los draknos aunque se me dificultó, ya que no era común ver muchos en el mundo humano y mucho menos para nosotras tener que tratarlos. - Deben estar cerca. -murmuré al ver la fresca herida y la toqué para intentar descubrir qué sustancias podrían estar ahí. Casi al instante, un sabor metálico apareció en mi boca que no pude reconocer e hice el intento de saborearlo pero finalmente me rendí y desapareció. No pude discernir su composición. - Lo haremos rápido. -me tranquilizó mi madre sin apartar su mirada del tobillo y me señala el agua.- Ya debería estar hirviendo. -me apresuró y se acerca a observar los ojos del pequeño. Dejé la marca y saqué la olla del fuego para acercarla a mi madre. Lo que venía sabía que iba a ser doloroso para ella y aún así mamá no dudó en levantar por completo el pantalón del muchacho y poner sus manos en la torcedura. No pude evitar detenerme por unos segundos nuevamente, como si fuera yo la que iba a sufrir, pero me dí ánimos mentalmente antes de girar la olla en dirección de las manos de mi madre, quemando su piel con el agua hirviendo. Mi madre no hizo ningún sonido pero noté que cerró los ojos de golpe por el dolor. Su autocontrol era envidiable, pero siempre me hacía preguntarme por qué cosas había pasado ella para llegar a ese punto. Ese era el problema con cuidar de los Draknos, todo debía ser hirviendo o fuego directo. Su cuerpo lo necesitaba para sanar y para nosotros poder dar ese impulso extra de sanación, era imperativo que se mezclen los dos elementos para que funcione. Fuego y agua, supuestamente opuestos, pero con un balance que unía a nuestras especies incluso en momentos de necesidad. Como todo en la naturaleza. - ¿Estás bien? -pregunté al ver la carne de sus manos al rojo vivo, pero ella asintió. - Preocúpate por el niño. -ordenó con clara dificultad. Comencé a ver cómo el tobillo se deshinchó lentamente y la piel se pintó de un color morado. Mi madre retiró sus manos de la antigua fractura y siguió inspeccionando el cuerpo con sus manos, las que comenzaban a llenarse de ampollas. El proceso seguía con ella poniendo sus manos en heridas grandes y yo me encargaba de mojar sus manos cada que cambiaba de zona hasta finalmente llegar a la marca. Esta vez no fue tan sencillo. Intentamos dos veces hasta que mi madre se negó a continuar. - ¿Por qué no funciona? -pregunté sin entender qué era la sustancia que nos bloqueaba de esa forma. - Necesita sacarlo desde dentro. -suspiró secando levemente sus manos pero hizo una mueca mostrando que si estaba más dolorida de lo que me quería reconocer.- Empaca todo y sube con él al caballo, voy a curarme las manos al río. La seguí con la mirada confundida, si me estaba diciendo lo que creía que me estaba diciendo… Era una idea peligrosa. Avanzar a esta hora no prometía ser la mejor decisión, incluso ver el supuesto camino era difícil de ver con el sol en su máximo punto. Avanzar solo con la luz de la luna me ponía nerviosa. - ¿No es mejor esperar a que amanezca, mamá? -Miré dos segundos al niño desmayado en el suelo y la seguí.- Puede ser peligroso movernos y el caballo necesita descansar, al igual que nosotras. Rápidamente negó con su cabeza y se detuvo de forma abrupta. En ese momento noté algo que hasta ese momento mamá se encargó de enterrar para poder centrarse en el niño, pero noté que estaba tan asustada como yo, por no decir que más. - No creo que el niño sobreviva al amanecer. -suspiró dando un vistazo al pequeño detrás de mí.- Es más peligroso esperar y será más rápido si los dos salen lo más pronto posible. -explicó, a lo que yo fruncí mi ceño casi enseguida.- De esta manera… - Creo que estoy entendiendo mal… -cerré los ojos unos segundos y levanté mis manos como señal de que se detenga para poder solidificar mis pensamientos.- ¿Los dos? -repetí nuevamente y más despacio, a lo que ella asintió con tranquilidad como si no entendiera el problema. - El caballo podrá con ambos y de esa manera llegarán a tiempo. Tú sabes lo que hay que hacer y conoces el camino tan bien como yo. -volvió a decirme y se dio la vuelta para volver su camino al río. - Mamá, no te voy a dejar. Es absurdo. Es mejor si tu vas con él. Tu sabes que tus dotes de sanación son mucho más fuertes que los míos y yo puedo caminar un poco más sin problema. Además que puedo esconderme ya que soy más pequeña y… -no me dejó continuar con mis válidas objeciones y se limitó a silenciarme con la mirada. - No fue una pregunta, Sline. -repitió despacio y con el tono amenazador que utilizan todas las madres.- Tu te vas a subir a ese caballo con el niño y vas a ir al refugio. Eres mucho más liviana que yo y como dijiste, más pequeña. Por esa justa razón el caballo podrá con ambos sin problema y deja de discutir porque entre más tiempo pases peleando, más probabilidad hay que ese niño no sobreviva. -señaló al pequeño Drako en el suelo.- Yo puedo defenderme sola y estaré bien. Los veré mañana por la tarde, si ustedes mantienen un buen ritmo llegarán a media mañana. -sentenció finalmente y dio por finalizada la discusión de esa manera antes de perderse entre los árboles con rumbo al río. Mi mirada se quedó mirando el lugar por donde había desaparecido y mi mente intentó elaborar distintos planes donde no tuviéramos que recurrir a la solución que mi madre había planteado. No podía dejarla sola y tampoco quería hacerlo. Ella era lo único que me quedaba y si algo le llegara a pasar… No, definitivamente no podía dejarla sola. - ¿Eso fue lo que te dijo papá antes de desaparecer y nunca regresar, madre? Las palabras salieron casi al mismo tiempo en que las pensaba. Y creo que me arrepentí de decirlas antes de finalizar, aunque desde cierto punto de vista, tenía razón. - No lo voy a repetir, Sline. Toma ese caballo y sal de aquí. -no gritó pero el enojo era palpable en cada una de sus palabras, estaba furiosa y tal vez si era buena idea desaparecer.
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