Capítulo 4

2323 Palabras
Campo de refugiados en Italia, 1311 Donde antes habían árboles, un granero y más de cuarenta personas, en ese momento solo se veía fuego. Los espías de la Inquisición llevaban al menos una semana en el refugio, observando sus rutinas para hacer guardia y el mecanismo que mantenía el lugar a flote y oculto al mismo tiempo. Habían llegado en la madrugada, justo en el cambio de turno de vigilancia. No pudieron ser más de diez minutos cuando comenzaron los gritos, las amenazas y los asesinatos. Después iniciaron el fuego, a pesar de que dentro del refugio aún estaban la mitad de las personas que llegaron en busca de un lugar donde pudieran estar a salvo. No era posible que todo eso fuera culpa de Alessandro, ya la Inquisición sabía de esa localización desde antes de que él llegara y bien que él lo sabía… Pero no podía evitar pensar si su presencia había provocado ese nivel de destrucción que solo los humanos podían alcanzar. Sería mentira decir que sus perseguidores no conocen la localización de ninguno de los refugios que se extienden a lo largo de Europa, ellos cuentan con esos refugios para atrapar al resto de las especies en grupos grandes. Pero hasta el momento, Alessandro no había escuchado de una emboscada de esa magnitud. ¿Había sido su culpa? ¿Sus perseguidores ya habían retomado su rastro y lo siguieron hasta ahí con la esperanza de encontrarlo? Él sabía todo lo que ellos necesitaban, no era una posibilidad tan poco probable de imaginar. Incluso quizás atacaron de esa manera para asustarlo, o para demostrar quiénes tenían el poder real en caso de que no lograran atraparlo. Y no lo consiguieron, por supuesto. Desde que dejó a su familia junto a aquel lago apenas se permitía dormir, de hecho que de no ser por sus diarios ni siquiera estaría seguro del paso del tiempo. Tres días en que se movía constantemente y se permitía descansar en lugares lo suficientemente oscuros para que no lo vieran ni con las antorchas. Tres días, pero en su mente y en su corazón parecía ser mucho más tiempo que eso. Cada vez que Alessandro cerraba los ojos escuchaba la voz de Sline en su cabeza, tan claro que sentía que estaba justo a su lado. Lo que fue y debía ser todavía un recuerdo que lo tranquilizara, ahora acelera su corazón con fuerza, al punto que siente que se le va a salir del pecho. Cuando abre los ojos mira rápidamente a su alrededor, asegurándose de que su niña no encontró la manera de seguirlo hasta allí… Y ver que todavía estaba solo lo aliviaba, aunque eso no garantizara por completo que su familia estuviera a salvo. Si tenía suerte podía dormir lapsos de veinte o treinta minutos, pero su mente no estaba completamente apagada, por lo que cualquier ruido lo ponía alerta de nuevo. Gracias a ese instinto fue que los escuchó venir. No era un gran partidario de los espacios cerrados como el granero, a pesar de que habían salidas por los dos lados y que era extenso, prefería tener más de dos opciones. Prefirió descansar un poco más alejado del grupo, oculto por los árboles que los rodeaban. Por ese lado se podría decir que tuvo suerte porque los hombres comenzaron la emboscada por el otro lado del refugio, pero de todos modos los escuchó. A pesar de que intentaban ser silenciosos, siempre al menos uno de ellos daba un paso en falso y rompía una rama mal puesta o pateaba una roca que se le cruzó en el camino. El lapso de tiempo entre ese error y decidir que la mejor solución es recurrir a la violencia es muy corta… Pero lo suficiente para que Alessandro pudiera levantarse con sus pocas pertenencias y correr. Apenas unos metros en que su ruido sería camuflado por el pánico del refugio y en cuanto reconoció un árbol lo suficientemente fuerte y alto, lo escaló. No estaba tan lejos, desde su posición y gracias a la altura pudo observar gran parte de la matanza de la Santa Inquisición. Se dice que normalmente dejan vivos a unos pocos, en parte para dar un mensaje a los demás de que son los siguientes en morir… Pero estaba seguro de que en ese momento no se detuvieron hasta que el último grito se detuvo y el fuego terminó con todo hasta que solo quedaron las cenizas. No aceptaron prisioneros, ni siquiera las municiones que perfectamente pudieron servirles a ellos. Se limitaron a quemarlo todo y se fueron un par de horas después de que salió el sol, dejando a Alessandro como el único sobreviviente del ataque. ¿Cuántos hombres fueron, aproximadamente? ¿Una docena, quizás menos? Fueron suficientes para intimidar y asesinar a más del doble de personas que estaban ocultos, a pesar de sus habilidades mágicas. Es cierto que habían muchos heridos y otros que en general eran muy débiles para dar pelea… Habían niños en el campamento, por el amor de Dios, ¿cómo Aigua y sus hermanas permitían este nivel de crueldad? ¿Cómo podían aguantar ver a sus hijos morir de esa manera? No me atreví a bajar del árbol hasta horas después de que hubo luz, el sol ya estaba en su punto más alto cuando tuve el valor de moverme de la zona para conseguir mi comida. Me conformé con cazar una ardilla, pero lo cierto es que me cuestioné mucho si valía la pena cocinarla o no. ¿Cuándo acabaría la guerra con los humanos? Ninguna de las otras especies hizo nada para que estallara, ellos simplemente atacaron y dieron muy pocas probabilidades a sus “enemigos” de defenderse. Esa ventaja la han mantenido muy bien con el paso de las semanas. Hasta después de comer y beber agua del río permití que mi corazón fuera completamente invadido por el miedo, no por mi ni por mi futuro, sino por el de mi familia. Los dejé solos, una idea que ahora me parecía de lo más estúpida e ignorante. ¿Y si los mismos hombres que me encontraron ya los habían asesinado a ellos? Era una posibilidad, y todo sería mi culpa por no estar ahí para protegerlos… No. No puedo pensar así, y siendo frío, si mis hijos estuvieran muertos, los inquisidores ni siquiera hubieran llegado a mi posición. No habría sido necesario, en lo absoluto, ya habrían conseguido su objetivo. Al menos tengo que obligarme a creer en eso hasta que los vuelva a ver… Si es que vuelvo a verlos, espero que sí. ¿Es muy tarde para volver a ellos? Seguramente podría rastrearlos hasta llegar a ellos. Alessandro tuvo que obligarse a detenerse, estaba divagando mucho y sus pensamientos estaban tomando un camino de lo más peligroso. “Basta”, se dijo a sí mismo en un susurro tan bajo que incluso se preguntó si lo dijo o no. “Basta, si te siguen a ti los van a encontrar. Sigue adelante, es la mejor manera que tienes para protegerlos”, repitió, no por segunda y seguramente no sería la última vez en lo que le queda de viaje. Terminaría de escribir cuando su cabeza estuviera más centrada en su camino. Posiblemente el encuadernado de cuero era la posesión más valiosa y peligrosa en sus manos. No tomó mucho para sí mismo al dejar su hogar, pero no dejó el encuadernado, si los inquisidores lo encontraban sería el fin de su familia. Desde que escaparon no escribía nada que fuera muy específico, no se confiaba por si le sucedía algo y la Inquisición daba con sus hojas. Sin embargo, antes de eso estaba hasta el último detalle de su familia. Datos importantes que su reina no le permitía eliminar ni ante la más peligrosa urgencia. Su Majestad la Reina, por cierto, lo debía de estar esperando, pero dadas las circunstancias posiblemente le perdonaría el atraso. No se confiaba de estar completamente solo, por lo que caminó junto al río, cuyo nombre desconocía, hasta que le pareció que era bastante caudaloso como para que cualquier humano se animara a acercarse tanto como él. No necesitaba mucho para comunicarse con los suyos, era tan sencillo como concentrarse y además saber dónde estaban ubicados específicamente. Sin embargo, la misma situación lo dejaba vulnerable, pues sus sentidos estarían apagados por completo de su alrededor y si alguien lo veía y quisiera dañarlo, tendría todas las oportunidades para hacerlo. Aun así, ninguno de esos motivos era suficiente para faltar a su reunión. Alessandro se puso de rodillas a la orilla del río y extendió sus manos con las palmas hacia el cielo. Casi al instante, el agua comenzó a obedecer sus órdenes hasta que se formó la figura perfecta de su reina frente a él, pero sus ojos se mantuvieron cerrados hasta que Alessandro hizo una inclinación hacia ella. - ¿Me has convocado, Alessandro? -se escuchó la voz elegante y suave de su reina después de que la figura de agua por fin abriera los ojos. De alguna manera no se sentían vacíos, sino que la presencia de la reina se sentía por completo. A pesar de que el agua tomaba el color característico, nadie podía negar que la reina era una mujer bella, pero sobre todo era majestuosa. Lo cual no era una sorpresa, ya que ella se había casado con una familia que había sido realeza por mucho años y estaban acostumbrados a ese actuar y forma de verse. - Andri, Slana. -saludó el hombre en su idioma antiguo, aún sin levantar su mirada hacia la presencia de la reina. En estos tiempos modernos muy pocas personas hablaban el idioma antiguo a la perfección, ya que era mejor olvidarlo a que te atraparan y tu lengua nativa te traicionara. Sobre todo para la gente que había decidido dejar el reino e integrarse al mundo dominado por los humanos… Y sin mencionar a aquellos que se dieron la vuelta y prefirieron aliarse a los humanos para garantizar su seguridad. - ¿Qui e succier? -preguntó la reina con su ceño levemente fruncido. La misión de Alessandro no era fácil. Muy pocas personas se hubieran ofrecido a hacer lo que en estos momentos hacía ese hombre. La mercancía que él cargaba consigo era excesivamente importante para la supervivencia del orden mundial y sobre todo para no caer en el caos. De los siete reinados, el de las sirenas solía ser el más estable y largo de todos. Eran una especie que siempre pensaba con cabeza fría y siempre veía el bienestar de la comunidad completa antes del bienestar de pocos. Sin embargo, por esta misma razón, podía ser víctima de ataques de rebeldes para desestabilizar a todos. - La Inquisición está muy cerca. -comenzó a explicar el hombre utilizando el idioma de los humanos. Sabía que era peligroso utilizarlo, ya que cualquiera podría entender, no obstante, en caso de que alguien se acercara lo suficiente para escucharlo, le convenía que escuchara un idioma amigo al de una especie muy cerrada como era el de las sirenas. - ¿Tienen a… -la reina se detuvo ya que ella era consciente del plan de Alessandro, pero para poder cuidar la información confidencial debían limitarse a hablar en código y frases a medias. - Aún no. -negó rapidamente.- Está con mi familia, consideré más seguro dejarla con ellos. Irse fue una decisión que sabía que debió consultar primero con su reina, pero dado la emergencia no creyó que valiera la pena sacrificar ese tiempo. Lo único que lamentaba era no saber ni informarle a Su Majestad el estado real de su familia. - Es muy sensato. ¿Qué tan lejos están de ti? -la reina lo observó con preocupación.- Puedes mirarme, Alessandro. No tienes que evitar la mirada conmigo. -finalmente le dió el permiso al hombre y él elevo la mirada a su reina. - Si siguen el plan deben estar a varios días de distancia. -aseguró el hombre y se pudo notar que la reina se relajo un poco. - Quizás una semana. - Gretie, Alessandro. -suspiró la reina antes de llevarse los dedos índice y medio al corazón, el gesto de agradecimiento y gratitud entre las sirenas y que raramente se veía a la realeza utilizar, pues no era muy común que se sintieran tan en deuda con civiles.- No sé qué habría hecho sin ustedes. Voy a buscar una estrategia para que vuelvas con tu familia. -le dió una pequeña sonrisa que en su rostro cansado se vio como de tristeza.- Piti Fuer, también recuerda cuidar ese fiuger libro. No quiero que caiga en malas manos. - El diario está seguro conmigo. -afirmó con una nueva reverencia y la reina asintió. - Consideré que es mejor tener ambos separados… Por si acaso. - Tong Danti, Alessandro. Para ti y tu familia. -hizo una pequeña inclinación de cabeza antes de que el agua volviera a caer dejando la figura de la reina en el olvido. La poca tranquilidad que le brindó la reina fue lo suficientemente duradera para que Alessandro se quedara en el mismo lugar por lo menos por una hora. Todos los pensamientos invasivos que tuvo toda la noche, las dudas sobre la seguridad de su familia… Si no estuviera tomando las decisiones correctas su reina se lo diría. En cambio, aprobó cada una de ellas y sabía que ella trabajaría todas las conexiones que tuviera para ayudarle. Sin embargo, por su bien y el de su familia, tenía que seguir moviéndose. Y esta vez, tenía que ir dejando pistas sutiles para que los espías de la Inquisición lo siguieran e ignoraran el rastro que su familia podría estar dejando. Según el plan que formó con Helena cuando dejaron su hogar, el recorrido a tierras seguras sería de tres, o a lo mucho cuatro semanas. Si todo iba bien, llegarían pronto y él podría reunirse con ellos.
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