La puerta de la habitaciòn de abrió con pausa y Emma se asomò con curiosidad. Lo que parecìa la garra de un oso blanco radiante y enorme pareciò saludar a Lola que presa de una excitación hasta entonces no demostrada intentò levantarse de la cama. -No, no, Loli, quedate en la cama.- le indicó Emma abriendo del todo la puerta, para que el oso pudiera entrar. Milo que aún llevaba sus gafas y su gorra se asomó detrás del oso para mirar a Lola, que no podía dejar de sonreír. -Tuve que atravesar varios reinos para conseguirle a mi princesa el osos mas grande del planeta.- le dijo acercándose un poco más. Lola estaba más delgada y si bien su sonrisa estaba intacta, aquella imagen en una cama de hospital con demasiados cables monitoreando su cuerpito lo llevaron a tragar saliva para conten

