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1491 Palabras

Maite había regresado con prisa. Se sentía feliz por haber vuelto a la cocina, disfrutaba de su trabajo allí y si bien ahora solo debía cocinar para Miranda, siempre ponía todo su amor en ese menester. Abrió la puerta con cuidado, sospechando que sus dos amores podrían estar durmiendo y al ver a Blas desparramado en el sillón en el que apenas entraba con la pequeña Miranda sobre su pecho con sus ojos cerrados y esa respiración pausada que traducía la serenidad de su descanso no pudo evitar llevarse ambas manos a la boca para contener la emoción. Blas era un gran hombre, era cierto que solía mostrarse serio la mayor parte del día, pero tenía hermosos detalles con ella. Le encantaba cuando pasaba por su lado y la rozaba de esa forma que intentaba mostrarse involuntaria pero siempre iba a

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