Culminaron los exámenes en la UWC, ese último día encontró a Kanu entre los pasillos, no lo había visto desde que llego igual a Chay, pero Ema no mencionaría nada al respecto a la familia Cadogan, sus vidas estaban hechas aquí, Ema no se encontraba muy segura de que Chay se habría desenvuelto por si solo, pero sus compañeros le ayudaban a sobresalir. Me parecía que había muy buenas personas en la UWC con ganas de ayudar, pensaba Ema también en las experiencias personales con Doli al servir, aquel grupo de españoles, y en Eleonor que a pesar de lo que dijera, al final siempre les ayudaba a Doli y Ema.
–Este es mi lugar.
Era el pensamiento de Ema. Llego el día de volver a casa, no sabía Ema que el doctor y la doctora Cadogan les esperaba afuera para llevarlos de regreso a casa.
– ¿Y bien? ¿Cómo les fue?
– Excelente madre.
– Bien, mamá.
– ¿Ema y a ti?
– Muy bien, la verdad fue muy interesante.
– ¿Y alguna novedad?
– No, ninguna.
Ema le respondía al doctor Cadogan con una sonrisa. Mientras el resto del camino la señora Cadogan le hacía preguntas más que todo a Chay para saber si había superado un poco su timidez. Y el doctor Cadogan hablaba con Kanu. Al llegar a casa, Elizabeth esperaba afuera de la tienda con algunos globos y un delicioso pastel para Ema, y otro envuelto para sus hijos.
– Sana y salva, Elizabeth ¿no le asegure que sería lo mejor?
– Seguro que sí. Gracias a los dos.
– No te preocupes Elizabeth emplea la misma rutina de preguntas como hago con Chay, eso les ayudara.
– Muchas gracias. Tomen, esta torta es para ustedes.
– ¡Que linda! ¿Chicos, como se dice?
– Graacias.
– Gracias mamá de Ema.
– No es nada.
– Bueno, debemos irnos, debemos de preparar la cena Elizabeth.
– Hasta luego, Elizabeth y Ema.
– Adiós.
Se llevaron la torta la familia Cadogan y partieron a su hogar, mientras Elizabeth abrazaba a su hija con tanto amor, mientras le decía al oído lo mucho que la extraño. Y apareció Charly que también había extrañado mucho a Ema.
Fue un momento especial para Ema y Elizabeth volver a estar juntas, cuando nunca se había separado, Elizabeth deseaba saber cómo le había ido a Ema en aquel par de meses, si había hecho amigos, y sobre todo si había podido sobrellevar o controlar sus dones. Ema ya sabía que su madre deseaba saber muchas cosas, pero ella añoraba por llegar a su hogar para detallarlo, sentirlo y recordar hermosos momentos con su mejor amiga y madre, ¡ah claro! y Charly, así que iba por cada rincón de la casa tocando objetos, y sintiendo lo reconfortante que era su hogar mientras Elizabeth la perseguía de habitación en habitación observándola, hasta que decidió irse a la cocina a seguir horneando para una cena especial con su hija, en eso Ema vuelve hasta donde ella y comienza desde su primer día a contarle las experiencias y sentimientos que había tenido al llegar, a compartir con sus compañeras, al superar sus pruebas, además de aprender grandes cosas en el lugar. Ema había encontrado un mundo a su alrededor a pesar de lo que pudiera sentir o experimentar.
Su madre le escuchaba atentamente y se sentía muy orgullosa de cómo Ema había crecido y había madurado a su pequeña y corta edad, tenía un gran confianza en ella y en todo lo que ella sería capaz de realizar.