Cuando pasábamos tiempo con Renzo solía hablarme mucho sobre independencia. Es como si hubieran existido dos mundos intercalados y yo vivía en una órbita totalmente distinta. Admito que esto me hizo sentir mal y fue parte de porque también recaí, les parecerá una tontera pero en ocasiones me veía a mí misma asentirle a Renzo con la cabeza sobre cosas que realmente no me importaban ni estaba de acuerdo.
''¿No te sientes una carga por seguir viviendo con tus padres?''
''¿No quieres acaso casarte alguna vez y vivir con alguien y que alguien te ame?''
''A veces me da un poco de lástima tu situación, nunca has tenido un orgasmo y nunca te has enamorado de una manera sana, ya sé que parece que te juzgo pero en realidad me apena que no hayas vivido ciertas cosas''
''No puedes vivir con tus padres toda tu vida''
''No puedes vivir pensando que serás eternamente joven''
''No podes vivir de fiesta y pensar solo en ser linda''
''La parte que más me cuesta entender sobre vos es lo del arte, es como que hay que estar un poco loco para entenderte y a veces sos la contradicción en persona pero no está bien que pienses todo el tiempo en el momento, tenes que salir de tu zona de confort a veces''
Cito a Renzo.
Cito a Renzo porque nadie podría haberme hecho sentir peor con dichas frases y hacerme asentir complaciente, con una mueca sesgada al mismo tiempo que me insultaba. Me insultaba constantemente, ofendía mi vida y mi manera de ser. Todo en mí estaba mal, de pronto, y no porque lo estuviera realmente, sino porque no podía acostumbrarse a que yo pensara de una manera y él de otra. Renzo era hábitos, rutina, disciplina, responsabilidad, estabilidad económica, y yo era todo un caos. Luego lo supe, hay diferentes maneras de ser un caos.
Normalmente no me importaban si las personas eran inteligentes, culturas o si pensaban como yo, normalmente nunca lo hacían y sin embargo me permitía ser parte de sus vidas, incluso románticamente. Podría decirse que no quería estar sola, o podría decirse que también era muy buena aceptando que ninguna persona sería como yo en lo absoluto, y me había acostumbrado tanto a esa sensación, que aunque me pesara, me educaba. Me enseñaba que el mundo funcionaba de manera distinta, que la marea iba en sentido contrario, que mis decisiones no serían comprendidas pero no importaba si lo eran. O eso al menos lo sentía, hasta que empecé a sentirme mal de ser un caos.
No era organizada, no era responsable, no tenía metas, ningún futuro proyectado, no era disciplinada aunque lo intentara, no me gustaban la mayoría de las cosas del mundo y solo sabía con exactitud aquello que me gustaba y me arraigaba a ello.
Lo del orgasmo se preguntarán, no sé realmente porque es la frase que suele preguntarse más la gente cuando enuncio la cantidad de imbecilidades que pronunció Renzo pero siempre termina haciendo ruido la del orgasmo. A las personas les importa mucho el sexo, la sexualidad y sobretodo el sexo y la sexualidad de otras personas.
Yo no había tenido nunca un orgasmo porque pensaba que tenía que ser algo extremo en cuanto a sentirlo y tan cuidado, tan especial, que no podía entregarlo como si nada. No quería, para ser sincera, tener uno. No tengo pudor, no es que me importara manosearme, solo que, no era importante. Deseaba muchas cosas en el mundo, y ninguna de ellas era el sexo profundamente. El sexo era un dulce que llegaba con situaciones que me gustaban, era como un comodín, pero casi nunca era el punto que más me interesaba. Me interesaba por ejemplo, y me divertía de maneras irracionales, la seducción. Me parecía un arte. Besar también me era pasional. Del romance comencé a darme cuenta que después de Giu, solo terminaban gustándome ciertas cosas, por ejemplo, la mayoría de las veces que más disfrutaba con Renzo no era cuando teníamos sexo, sino cuando me regalaba algo bonito que podía sacarle provecho. Quizás me estaba volviendo de plástico. Mis amigas sugerían que por el contrario, todo lo que me sucedía era despecho.
De todos modos entre tú y yo, siempre dicen que las personas cuando decidimos sentarnos en un lugar, estamos despechados. Cuando un artista hace una letra bonita exprimiendo toda su agonía es despecho, cuando decides odiar a la persona que amaste, es despecho. Cuando decides estar totalmente triste por haber amado a un imbécil, es despecho. Cuando ya no sientes nada, también dicen que es despecho. Al final, me habían dicho en resumidas cuentas, que todo lo que hiciera después de Giuliano y durante un cierto tiempo, sería despecho. Como si todo lo que sucede posteriormente a una relación rota es siempre despecho, hasta lo inútil, cortarte el pelo, ponerte bella, en realidad es algo muy estúpido para creerlo completamente, es algo que dicen las personas para herir a otras. Supongo que existe el despecho y también existen actos, y en ocasiones no tiene que ver una cosa con la otra. Es decir, ¿cómo se supone que se debe vivir después de haber experimentado el despecho? ¿Respirar también será un acto consecuente del despecho y será lo único inherente a un escrutinio en masa? Bueno, no quiero irme por las ramas, como quien dice.
En definitiva, no estábamos de acuerdo en ninguna perspectiva ni visión sobre la vida con Renzo. A mi no me parecía tan molesto de todos modos. Supongo que una parte de mí decidió haber pasado la parte ''del despecho'' con alguien completamente diferente, para así olvidar aquello de lo que me era completamente conocido. Y funcionaba para mi, pero no para él.
Había gastado mi primer sueldo en lencería, literalmente, me había gastado todo en lencería cara, un par de pijamas y unas rosas. Y el segundo mes, me compré muchos accesorios, como sombreros y collares que me hacían completamente feliz. Porque cuando compraba algo me ponía extrañamente feliz, aunque he leído en alguna parte que comprar puede volverse adictivo y era normal sentirse feliz. De todas maneras, el problema no es que haya sido feliz comprando, el problema es que era feliz comprando cosas sin ningún plan para ellas, era feliz comprando cosas que no tenían sentido de que las compre. Comprendo que para las personas era derrochar dinero, pero yo solo estaba tratando no comprar drogas, y siempre he pensado que la caridad había que sentirla, ¿porque mentiría al respecto si me hacía feliz comprar tonterías? Me sentía Blair en las calles neoyorquinas cuando compraba por caprichos inverosímiles, y esto, aparentemente era algo malo.
Así que Renzo comenzó a pronunciarse al respecto. Comenzó a sugerir que quizás debiera gastar mi dinero de manera responsable, y comenzaron los problemas.