Cap 28 — Imposible.

1020 Palabras
Sentirse solo, sentir que este mundo no te ofrece nada, que estás solo inclusive cuando estás rodeado de personas. Lo sentí tantas veces, que me encantaría haber nacido siendo una persona si es que existe, que no sienta que no la merecen y que nunca es suficiente. No sé si hay personas que la vida les ha dado confianza, no se si hay alguien que no teme a abrazar la ilusión porque casi siempre las cosas salen mal, si existen...me hubiera gustado ser una de ellas. Con Giu sentía que jamás era suficiente, que nada de lo que hiciera a sus ojos sería bueno, que podría estar vestida de colores fluorescentes y no notaría jamás que estaba ahí. Por eso es que me gustaba tanto compartir momentos con él, me hacía sentir bien que solamente por un momento me notara, que me extendiera la mano, que me tocara, era lo único que podía hacerme sentir viva y que estaba allí. Por supuesto que cuando Giu se fue, no solo se fue él, sino una parte de mí. Pensé que estaría bien, que sería un nuevo comienzo, que ahora podría ser poderosa, que podía ser la persona que quisiera, pero en el fondo quería que alguien reconociera que era importante, aún era la tonta que buscaba que alguien la notara, y cuando estuve con Renzo persistía esa sensación, no porque Renzo no hiciera las cosas que debía hacer. Claro que él era una persona correcta conmigo y para con el mundo, congruente con sus valores y sus hábitos, pero tampoco jamás me notó. Existía una parte de mí de la que él ni siquiera sabía, y no es que se la haya ocultado, estaba tácita, pero jamás me había dispuesto a decirle mentiras, él no se las merecía. De todas maneras, no hubieron preguntas. Entonces, Renzo jamás supo que cuando él dormía, marchaba al baño a inhalar, tampoco veía cambios en mis ojos, no notaba mis ojeras, no notaba que jamás dormía, que solo lo veía dormir. Renzo jamás lo notó pero no se si a ciencia cierta él alguna vez se lo preguntó, y si se lo preguntó, al menos no lo hizo directamente a mí. Pensé, ilusamente, que el hecho de que todo fuera posible, era porque era imposible. Es algo raro de explicar, pero sentía que todo sucedía porque en realidad estaba fingiendo, y que jamás había sido yo naturalmente, que por eso todo se desvanecería, que era demasiado para ser verdad, y por eso, cuando Renzo cortó conmigo con una excusa como que teníamos ideas diferentes sobre el mundo yo lo acepté inmediatamente y le di la razón, porque al fin de cuenta, no tenía ganas de luchar y pensaba que era una lucha perdida. Yo era una drogadicta y solo pude mantenerme sobria un tiempo, y él era un chico sano con proyectos y metas. Aunque me estoy adelantando a los hechos un poco. Estuve sobria al comienzo, cuando empezamos a vernos con Renzo. Comenzaría a trabajar y realmente tenía honestas ganas de comenzar de cero, pero luego por alguna razón del destino, tuve que ver quien era la ex de Renzo, y era todo lo que yo no sería jamás. No suelo compararme con las chicas, es un pensamiento tonto, pero recuerdo pensar que me daba la impresión de una chica agradable y cálida, tan como él, e inmediatamente me di cuenta de una ineludible verdad, yo no era para Renzo, por mucho que lo intentara. Cuando comencé a trabajar, el primer mes estuve sobria, porque me mantenía con pastillas para dormir. Recuerdo que estaba tan jodida de las pastillas, que ya no sentía cuando tenía ganas de ir al baño. Pero tampoco fui al médico, no tenía ningún atisbo de esperanza y así fue como comencé a dejarme, comencé a trabajar y a hacer lo que todos suponen que hace una persona que no está abandonándose a sí misma, y sabía que nadie me pararía, de no ser por mis padres, a nadie le interesaba si caía, Renzo me soltaría la mano apenas supiera la verdad así que decidí dilatarlo al menos el primer mes de trabajo. Sería mentirles si dijera que no tenía algo de esperanzas respecto al mundo y a tener dinero. Me replanteé varias veces en las cosas útiles que podría comprarme con mi primer sueldo, pero nada me parecía llenar. Podría llenar mi heladera de comida, pero eventualmente me cansaría de comer o engordaría, y no me gustaba engordar. Podría comprarme ropa y muchos outfits que me recordaran a series o personajes que me gustaron de ficción, pero sería tonto, y también me aburriría. No me interesaba comprar cosas caras ni quería hacer un viaje a algún lugar remoto para tomarme fotos. Las últimas veces que había tenido dinero se lo había guardado en la cartera a mi madre para que no se diera cuenta y lo gastara, al final no se dio cuenta que tenía dinero de más y supongo que tampoco se creyó que alguien se lo hubiera puesto, y honestamente, tampoco es que me importaba que reconociera que yo lo hice porque me lo devolvería. Y allí pasé a hacer una lista sobre cosas inteligentes en las que podría usar el dinero, pero nada me importaba lo suficiente, terminé poniendo cosas absurdas como regalos para mis padres que eran lo único coherente de la lista, y luego pasaba a lo absurdo como lencería. Siempre me gustó la lencería, me gustaban las proporciones de mi cuerpo aunque de todas maneras ya no importaba, es decir, no me servía para nada tener un bonito cuerpo si odias tu cerebro, si lo que quieres no resulta o si no tienes a nadie a quien amar. Y pensé durante mucho tiempo que amar y vivir para mis padres podía ser la solución, pero ellos envejecerían eventualmente, envejecían día a día, y la muerte no solo estaba como un reloj a presión por ellos, sino también por mí. Si no tenía nada que me motivara a vivir, ¿porque lo haría? Y así fue como comencé a barajar la idea de morir.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR