Cap 27 — Huecos.

1334 Palabras
Mi vida daría un giro de ciento ochenta grados; Me habían conseguido un trabajo de oficinista y la vedad es que no pensaba más en que lo poco que ganaría lo usaría en drogas. Ese era de hecho mi plan inicial, pero luego lo moví. Renzo era una persona muy estirada y antidrogas, solía pensar que era muy aburrido. El problema es que el tiempo en el que conocí a Renzo fue tan leve, que casi no existió en mi vida pero me hizo sentir mal con la mía y por eso podía sacar algo bueno de él. Ilusamente pensé que si estuviera a su lado estaría limpia, pero solo sucede si realmente te comprometes y la verdad es que una persona nunca debe ser una razón para dejarlas más que uno mismo. Renzo sugirió que tomar la oportunidad del trabajo para salir de mi zona de confort porque supuestamente esa filosofía de vida debería de ser buena, pero por dentro me sentía como la mierda. Es decir, no me mal entiendan, o quizás un poco. Nunca me sentí bien trabajando, nunca quise trabajar. Supongo que en un indicio quería ser solo rica, como todos comenzamos a soñar de pequeños. Pero luego, fue real. No quería trabajar, quería que todo me lo dieran de arriba, como si pensara que todo el tiempo las cosas caerían mágicamente, no quería sacrificarme para ello. Aunque, así no funciona la vida real, ¿no? Comencé a trabajar de oficinista y era extremadamente puntual. Es tan horrible para mí decir que me convertí en todo lo que había renegado, había dejado de vestirme como quería, y comencé a vestir solo para despertar y que nadie me mirara. Con el tiempo, dejé de ser yo misma. Es una mala combinación porque nunca había dejado las drogas, solo lo abandoné por un tiempo. Aquí es importante aclarar que lo intenté, intenté e intenté. Y alguna que otra vez solo quería escapar de Renzo. Nada estaba mal con Renzo pero no era para mí y yo no era para él. Y durante un tiempo solo sostuve aquel vínculo intentando romper el que alguna vez tuve con Giu. Al principio, fue lindo. No se puede negar que todos los vínculos que hacemos con las personas son lindos al comienzo. Renzo vivía en un hotel y para pagarlo trabajaba todo el tiempo. La primera vez que nos vimos me abrazó como un oso, y me contó que era estructurado. Lo que solo hacía que dentro mío pensara ''que aburrido debe ser vivir como en un cuadrado''. Me comentó también, que no le gustaba la ropa, que si fuera por él se vestiría siempre con la misma ropa. Luego seguimos cruzando palabras, y solo hice lo que se supone que deben hacer las chicas, besarlo y no volver a verlo hasta que volviera a hablarme para ser misteriosa. De todos modos, entre tú y yo, nunca intenté ser misteriosa. No quería ver a Renzo porque me había parecido aburridísimo. De haberme gustado en primera instancia le hubiera hablado, pero no lo hice y eventualmente él siguió hablándome. Ya sabes como son estas cosas, no quiero hablar mucho de Renzo aunque seguramente soltaré un par de detalles sobre él. Lo único que supe a ciencia cierta de él es que comentaba que odiaba todo lo que alterase sus sentidos, y eso implicaba sustancias o alcohol. Así que pensé en algún momento que ese sería mi nuevo comienzo. Lo pensé solo porque no quería estar sola y quería tener un motivo. En ocasiones las personas somos algo raras, necesitamos motivarnos con otras personas, casi como si no existiera motivo que valiese solo para nosotros mismos. Entonces, partiendo desde esa estúpida premisa, fui parte del mundo cuadrado de Renzo. Por supuesto, fingiendo que también era un cuadrado. Pero más bien era un círculo. Y comencé a trabajar al poco tiempo, mis padres pensaron que sería bueno que lo hiciera y como mis padres eran los únicos seres humanos buenos en esta tierra, lo hice. Pensé que si trabajaba, las drogas no serían un problema. Es un poco tonto escribirlo ahora, pero pensaba que si llevaba una vida como la que todos deseaban que tuviera, nadie preguntaría por los huecos. En los huecos yo solía guardar mis podredumbres. En los huecos de mi vida yo era la persona que quisiera y eso es lo problemático, no dejaba que nadie viera los huecos, que nadie viera que existían, los ocultaba tanto con la vida que todo el mundo deseaba, que las personas solían pensar que era intelectual. Algunas personas pensaban que era intelectual, ¿lo creen? A mi solo me da una risa de solo pensarlo, pero es momentáneo. Porque en el fondo, sé que lo hacen porque me encargué de ello. Actuando todo el tiempo, estudiando tantas cosas y dejándolas en pausa, descifrando códigos sobre como hablar de una manera y que todos pensaran que no hay nada malo en ti, inclusive cuando todo está mal. Eso no significaba que yo era inteligente, cualquier persona con un poco de cerebro se daría cuenta que era una embustera. El problema es que combinaba la mentira que era, el intelectualismo barato, con una falsa espontaneidad. Sí, efectivamente era espontánea, pero también era egoísta. Mayormente pensaba en mí cuando hacía todo lo que hacía, pero sabía que el mundo era cruel con las personas que se mostraban dignas, así que aprendí a cambiar hasta mi mirada. No, es realmente literal. Las personas suelen tener una mirada cabizbaja todo el tiempo, naturalmente yo siempre la tenía encima del resto. Sabía que cuando me drogaba se me dilataba la pupila y mis ojos como eran verdes quedaban del todo al descubierto, pero practicaba frente al espejo para enternecer la mirada y quitar la brusquedad de las pupilas, y así lo hice tanto, que luego solo podía tener la mirada triste o mala, como si solo existieran dos caras de la moneda. Luego lo descubrí. No era la mirada, era yo. Eran las drogas y yo. La mayoría del tiempo estaba enojada con el mundo o estaba triste, y buscaba estar drogada para no estar de ninguna de las dos maneras. Pero una vez que estás dentro de esto, lo sabes. Sabes que ya no tienes el control, que te enojarás porque no tienes más drogas, que luego vendrán días tristes, pasas de un estado a otro, porque es en lo único que consigues pensar. Cuando pensaba en renunciar, mis padres me comentaron que no hacía falta que trabaje para demostrar algo a alguien, así que tomé nuevamente un suspiro porque al menos para ellos, ya no les importaba. No era de mi interés volverme una personas más del montón para no resaltar en una oficina, y mucho menos era de mi interés nada que no estuviera relacionado con las cosas que había estudiado y tenía alguna base, era una oportunidad sí, para muchos, pero no para mí. Entonces le comenté a mi mejor amigo, que dejaría el trabajo, y al día siguiente de no ir a trabajar, sentí tanta calma que me acosté sobre mi cama que parecía ser la cama más maravillosa del mundo. Y él llamó pero no lo escuché. Se había enfadado conmigo. No lo supe entonces, lo supe después. Cuando recuerdo aquella amistad pienso que gran parte de sentirme obligada a fingir que todas estas cosas como trabajar y el sacrificio eran cultivadas por él, probablemente porque pensaba que era lo suficientemente inestable para tomar una decisión por mi misma y que luego la sostuviese. De todos modos, sabía lo que parecía, era una chica adulta que jamás trabajaba, que deseaba permanentemente vivir con sus padres, que odiaba la idea de tener familia, que se drogaba, que no tenía ningún tipo de responsabilidad y que no seguía lo dictado por el sistema. Y que hacía alardes de ser superior al sistema pero al mismo tiempo lo conformaba. Pero era una chica, que estaba descubriéndose. Y no hay edad para descubrirse.
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