Cap 26 — En otros años.

1484 Palabras
En algunos momentos de la vida nos encontramos tan perdidamente solos que la soledad pasa a ser una elección voluntaria. Conocí a un chico, llamado Renzo. Y él era bueno, pero yo sé que perderé, porque quiero ganar pero en otro amor se han agotado mis lágrimas y la primavera no florecerá como la vez pasada. Quería aprender a amar, de nuevo, pero no lo hacía. No podía. En ese entonces ese en un trajinar de conocer imbéciles que no aportaban nada bueno a mi vida, tenía sexo con quien elegía, y luego los dejaba ir, con la esperanzas de que no te me utilizasen, pero lo hacían, y yo también. Y en ese proceso, conocí a Renzo, en una aplicación de citas. Las aplicaciones de citas a las personas les parece para gente desesperada, yo no lo estaba, pero me gustaba que sea sin rodeos. No había actos fingidos como darte un ''like'' con una doble intención a esperar de que les hablan, o el acto lato de no hacerlo, todo llevaba a diversas posibilidades, lo consideraba tan tonto, que solo me remití un tiempo a los perfiles de citas. Y en ese entonces, solo me drogaba y buscaba tener a alguien que estuviera a la altura, o buscaba un Giuliano. Pero Giuliano ya no estaba. Entonces lo único que podía es desplegar mis alas a quienes no la apreciaron, y así fue, no fui apreciada. Como muchas cosas que salen mal en la vida, las personas no me interesaban solo quería tener sexo con ellas y que luego se fueran. Y así fue durante largo tiempo, adelgacé, me había puesto tan linda que inconscientemente se mezclaba la idea  de si me había puesto así por ellos o por mí. Aunque un día, todo terminó. Me sentí vacía, no recuerdo precisamente el día, pero sé que había consumido marihuana y lo había mezclado con pastilla y alcohol y solo nos encontrábamos con una amiga, decidí que no quería meter más mierda a mi cuerpo. Tan solo como eso. No me era divertido. Y respecto al sexo, lo había dejado de lado porque se volvió tan rutinario llamar a alguien y que se vaya, que me dejaba un vacío en el pecho y una pregunta constante de si había hecho bien la cosas. En ese momento conocí a Renzo, él tenía una vida totalmente distinta a la mía, no podía contarle sobre mis cosas sinceramente. No podía ser con él lo que yo naturalmente era, pero tuve que hacerlo. La primera vez que lo conocí me comentó que era una persona que le gustaría usar uniforme siempre, que no le gustaba tener distintas clases de ropa, que le gustaba tener todo ordenado de manera casi que le generaba manía. Me dijo que la parte que menos teníamos en común era el arte, y yo todo lo que destilaba era arte, arrebatos, pasiones, yo era por lo contrario antirutinaria, era indisciplinada, nada me dura mucho tiempo, y paso mucho tiempo encerrada, y encerrada de verdad, desconectada del mundo, después de lo de Giuliano pensé que no habría otra forma, así que comencé a frecuentar este chico, pero nunca le había dicho que consumía psicofármacos. No quería comenzar un vínculo social de esta manera así que solo nos juntamos en su departamento a abrazarnos, literalmente, porque le dije que solo buscaba eso. Y me abrazaba cucharita como si pudiésemos ser uno, y por un momento, irónicamente, pensé que podría enamorarme de nuevo. Era una persona que su vida y sus pensamientos estaban en un cuadro, pedirle profundidad sería evocar en cosas que lo aburrían, así que solo sabía pedirle cosas, porque era muy adinerado, era demasiado adinerado. Y entonces comencé a encontrarle el gusto a que me vistiera, a que me comprara y me hiciera todo tipo de regalos. Comenzó a ser bueno, durante unos meses. No era una persona interesada, pero era lo suficientemente inapetente para que lo único que me alegrase fueran salidas a Cafés, a comer Cheescake, y a mí me encantaba todo lo que tuviera que ver con detalles. Entonces, Renzo era la persona más destallista que había conocido. Pareciera que todo está bien cuando te encuentras con un chico bonito, que es rico, y que tiene para dártelo todo, que quiere estar contigo bien, que quiere que seas su novia. Pero, hay cosas más importantes por las que Renzo no era mi novio, y cito lo que dijo cuando nos conocimos; ''La parte que menos tengo en común contigo es tu arte'' Y entonces lo entendí. Yo no le gustaba. Le gustaban mis pechos, mi cuerpo, mi cabello, que fuera simpática pero no tanto,  así que lo único que supe apenas conocerlo es que a Renzo le importaba un bledo que yo tuviera cerebro. Pero había salido de Giuliano, y después de una ruptura definitiva por la vida, tuve que salir adelante y estar con quien se me presentara en frente, porque el dolor me estaba matando, la soledad también. Y ahí, comenzó Renzo. Renzo era rico, todo aquello que se había esperado de mí, con buen status, estudiante de leyes, con un futuro prometedor, disciplinado y lleno de ambiciosas metas. Cuidaba mucho su imagen, su salud, no tomaba drogas ni estupefacientes, no tomaba alcohol y tampoco nada que no fuera agua. Hacía ejercicio regularmente y toda su vida la había pasado dentro de cuatro avenidas que rodeaban el centro, al menos esto último teníamos en común. Hablaba sobre las parejas como un proyecto, si tuviera que imaginarme su mente sería todo, cada parte de su vida y las personas, archivadas y encarpetadas. Ilusamente creí que una persona así podría ayudar a mi sobriedad, lo que buscaba era estar sobria, ser una mejor persona, tener un equilibrio en la vida, y tener a alguien que me ayude a incorporarme en la nueva imagen que quería adaptar. Aunque solo era eso, una imagen. No era química la que nos unía, no era amor ni tampoco pasiones. Solo éramos dos chicos bonitos que nos habíamos juntado porque se había dado la casualidad y porque éramos tan superficiales en cierta medida para aceptar que nuestra relación tuviera menos. En esta parte de mi vida creo que comencé a caer un poco más de la ida de Giuliano, gracias a que en parte tenía una pantalla que lo acreditaba. Pero profundamente, yo era un fantasma. Creo que lo veía dormir a Renzo con tal de no tomar una sola pastilla frente a él, mentía que seguía estudiando para tener tiempos donde me ausentara por las drogas, y en general, también había vuelto a tomar los antidepresivos así que no habían sube y bajas emocionales. Pero los antidepresivos no dejan de hacer tristes las cosas, y aunque no las sintiera, sabía que en el fondo significaba una realidad. Todo era un show con telón armado. Nunca había sido de esas chicas que les importara aparentar, pero Giuliano siempre estuvo ausente, a él no le importaba mis amigas ni mi familia. Y lamentablemente, porque suena tonto, la gente piensa que si estás con alguien tienes menos probabilidades de que recaer. Así que lo presenté al mundo, y su mundo era frívolo y jamás podía ser yo. Aunque en un momento fuimos a conocer a su familia y me quedé hablando con sus padres sobre lo importante que eran los sueños y de como a medida que vivimos vamos perdiendo magia, que las personas nos oxidábamos, pero que lo latente en general jamás moría, estaría siempre, pero que habría que despertarlo. Era una conversación normal, pero nunca se lo habían escuchado a ninguno de sus hijos, y normalmente a la gente le gustan las chicas que piensan lo suficiente pero no son hippies. Y Renzo era solamente utilitario, casi nunca teníamos cosas en común pero me abrazaba y me daba cariño, lo que yo no había tenido con Giu. Tenía un rótulo de noviazgo que luego me di cuenta que me importaba tan poco tenerlo por el simple hecho de que quien me lo daba, no me enloquecía. Y algunas veces decía "tú lo que haces es pensar demasiado. Mira, las personas que piensan demasiado quedan locas" Y lo único en lo que pensaba era en lo estúpida de esa oración y lo mucho que odiaba su vida fragmentada. Él vivía en fragmentos, un fragmento con su célebre novia de turno, otro fragmento para su célebre cuerpo, otro fragmento para trabajar y otro fragmento para vaciarse de lo malo del resto de todos los fragmentos. Vivía en una diapositiva. El problema de cuando comenzó a asquearme conocer gente así es que no tenía razón para decir que mi método daba mejores resultados, yo vivía con mis padres, no tenía nada lujoso ni ostentoso, me buscaban mayormente por lo físico, y lo único que me hacía especial eran cosas que no concluía y proyectos. Básicamente yo tampoco era nadie.
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