No quiero sentir, es la verdad. No quiero mucho una vida sin Giu y tengo un montón de sentimientos atrapados, hace tiempo que no lloro, y hace tiempo que estoy triste.
Comienzo con el xanax, me tranquilizo, pero luego quiero divertirme y me compro una botella de shampagne mientras escucho música. Y siento que no es malo, porque parece agradable, hasta que comencé a hacerlo tanto tiempo que pensé que era un hábito.
Quería no sentir nada, sentir iba a desplomarme, porque detrás de todo lo de Giuliano, yo estaba complemente sola.
Pasé un tiempo con mis padres, intenté que fuesen de calidad, pero las drogas hacen que de pronto te irrites por nada, las drogas funcionan solo para ti. Y comencé a lastimar nuevamente a la gente que me amaba. No lo podía corregir de manera neutral, natural, debía tomar pastillas para vivir, para ser feliz, yo pensé que no fuera dueña de esa decisión, pero ya no lo era.
Tomé una tableta de los somníferos y estuve tranquila durante todo el día, mi padre no lo lo supo, pero las tomé en parte porque era su cumpleaños y no quería estar mal en su cumpleaños. Sentía paz, y pensé que duraría para siempre. Así que repetí ese proceso diariamente, y claro no soy tan estúpida de pensar que me moriría, pero estaba perdida. Solo era una niña que quería que la amen y que la única persona a la que quiso murió sin verla.
Pensé en culparlo, pero él no tenía la culpa. Extrañaba abrazarlo después de acostarnos drogados y divagar.
Extrañé las noches bajo la lluvia porque es el despojo de todo, el telón se descubre y éramos los dos, mojados y locos que se besaban frenéticamente.
Me encantaba cuando nos reíamos y parecíamos que nos comunicábamos en una misma sintonia inclusive cuando no hablábamos, me gustaba sentir que conectábamos con una risa, con un abrazo o cuando nos besábamos y la manera natural que él terminaba correspondiendo mis gestos. Me gustaba que me tocara la pierna mientras manejara y me hiciera sentir como si fuera algo de su pertenencia, me gustaba fantasear horas y horas con lo que sucedería si nos pusiéramos en pareja. Pero pensé tantas cosas y nunca nada como lo que realmente sucedió. Mi mente había estado tan preocupada en las ilusiones, que no le quedó hilo para la realidad.
Con Giuliano no eramos nada porque no lo quería, porque no me quería y no me quiso nunca, y yo pensaba que ese era el peor de mis problemas, pero sería egoísta pensarlo, a Giuliano no le conocí nunca verdaderamente, y eso es peor. ¿Cuanto tiempo puedes pasar con alguien y no identificar nada? ¿Dónde estaba viendo? Quizás me encantaba su sonrisa y me preocupaba más en verla y sentir lo que yo sintiera que ver la realidad detrás del telón, quizás no sonreía genuinamente, me atrevo a decir que si lo analizo, sonreía a complacencia, una sonrisa ahogada, perdida, como la que tienen las personas que estamos como estamos. Los ojos, la mirada, la sonrisa, todo, de repente se vuelve un patrón común y los ves a todos con lo mismo. Los drogadictos nos distinguimos entre nosotros, las personas tristes también, pero yo no veía a Giuliano porque al verlo solo veía la fantasía que tenía lugar en mi cabeza y que jamás sucedió.
Es difícil explicar que en ocasiones solo ves fantasías, que ves a una persona y programar todo lo que harías con ella, a tal punto de que cuando sucede, parece natural, pareces saber lo que haces, pero en realidad lo analizaste muchas veces. Y era eso, siempre una puesta en escena para él, me importaba tanto que él me viera de la forma en que quería que me viera que me olvidé de verlo a él. Entonces en parte comprendo que nunca me contara, en parte comprendo que no se despidiera, que no avisara, que no haya sido real. Quizás nunca lo fue porque todos nuestros momentos también estaban cargados de una falacia total y porque la otra parte de ellos es que eran momentos que estábamos drogados y borrachos. Y cuando estás ido, lo que sucede después ni siquiera eres tú, es demencial. Y fui ingenua, pensé que eso formaba parte de nosotros, pero para eso debía haber un nosotros y una parte, y si no existe un ''nosotros'' y lo único que tienes son cosas que tu cerebro ni siquiera las recuerda exactamente, no tienes nada. Eso no era nuestro. Eramos dos personas rotas huyendo de la realidad con lo que sea, pero de la mano. Y eso no está bien.
De todos modos, entenderlo no me hacía poner mejor. No me hacía querer levantarme, en ocasiones pasaba tanto tiempo durmiendo que me ponía de mal humor no seguir haciéndolo. Apagaba el teléfono por horas porque sabía que quien me hablara no me importaba y no tenía ganas de hacer ninguna de las cosas que me eran propias. La universidad estaba totalmente en pausa y me había dado cuenta que en realidad nunca había tenido pasión por ello, que no me apasionaba nada del mundo como para salir de mi cama, que solo me apasionaba el amor que podía tener y quizás era solo agradecimiento pero no era diversión, solo pasaba tiempo con mis padres para que no se preocuparan y buscaba alguna tontería de la que hablar, pero estaba irritable y mis padres no merecían que les tratara mal, así que me aislaba voluntariamente para no ver a nadie y no molestar a nadie, pero por dentro ni siquiera sabía como sentirme. Estaba hecha un despojo, ya no quedaba nada para llorar, ya no podía sentirme mal, no me quedaban dudas de nada, no buscaba más respuestas, solo vivir y vivir era el peor de los problemas en ese momento.
Mis padres a menudo intentaban acercarse, pero en aquellos momentos solo huía. Huir, gritar algo de lo que después me arrepentiría y llorar, eso era. El arrepentimiento era lo último pero no menos doloroso. Punzaba cortante como la angustia, dolía, te hace creer que eres un monstruo.
Mi hermano se me acercó en aquellos días porque eran de esos días que había que pasarlos en familia, y me dijo "estás drogada todo el tiempo" a lo que le contesté que no era su problema, pero luego dijo una frase que yo misma tuve que repetírsela a Verónica, mi amiga que estaba perdiéndose en la cocaína. Él me dijo "sea lo que sea que tienes en la mente, puede estar mal, pero las drogas son peor" y honestamente no lo entendí en el momento. Solo miré desentendida hacía adelante. Por dentro me importaba un comino la situación.
Y tiempo después, el hermano de Verónica, una de mis mejores amigas, me pidió ayuda porque sabía que ella consumía de manera excesiva y que podía pasar horas desaparecida sin que nadie supiera de ella, y comienza el temor, de que un día la buscaran, y la encuentren muerta.
Comprendí la gravedad del asunto con Verónica, porque ella vivía sola. No hay padres ni nadie que vele por el momento, es decir, tenía una familia que la amaba, pero luego se llevaba cosas a la nariz y ninguno de ellos estaba, y la diferencia conmigo es que ella nunca llegaría a casa ni tenía a alguien que la esperase viva. Me imaginé, un día después de haberla visto consumir toda la noche y mezclar con cerveza, al día siguiente cuando no la pudimos contactar, pensé "quizás yace sobre su cama pero ya nadie podrá entrar allí" y luego apareció, solo estuvo dormida mucho tiempo. Pero ahí lo supe. Era un presagio, mal augurio, no hay manera de salir vivo en el mundo de las drogas.
Así como tampoco nadie puede obligarte a salir de ellas. Supongo que ese es el problema. La sensación es fenomenal y crees que no eres un adicto porque consumes ocasionalmente, luego lo haces regular y luego es lo único que quieres. Y lo quieres cuando todo anda mal, y en la vida hay montones de momentos en los que las cosas marchan mal, y puedes llorar y sentirte triste tanto tiempo, pero nadie muere de tristezas, pero sí de una sobredosis.
De todas maneras, lo de Verónica sucedió mucho tiempo después de mi luto con Giuliano. No es que Verónica no estuviera en mi vida para entonces pero como les dije, desaparecí. Me alejé de todas las personas que conocía porque todos lo notaban y eso me cansaba. Estaba agotada de que todos vieran mis pupilas dilatadas y creyeran que al final podrían ayudar con unas palabras tontas.
Sabía también que siempre consideré al mundo estúpido, que lo odiaba profundamente y aunque fuera extrovertida siempre lo era fingiendo. Guardaba en baúles mis vicios. Comencé a hacerlo una vez supe de cómo se referían a Giuliano una vez que murió. Es decir, todos pudieron ayudarlo, pero era mejor criticarlo en voz baja.
Hay una fórmula que está metida inconscientemente en nuestros cerebros y es pensar que el drogadicta siempre está asociado a otras cosas malas. Como si todos los drogadictos fueran a robar o a matar, o si no valiera la pena ayudarlos. Y Giuliano a fin de cuentas solo tomó malas decisiones, pero seguía siendo un joven que tenía una vida por delante. Nadie, absolutamente nadie, pensó tan siquiera que su adicción era su enfermedad, que lo estaba consumiendo como puede hacerlo el cáncer. ¿Porque nos compadecemos de quien tiene cáncer y de quien tiene una adicción lo culpamos por ello? Entiendo el punto, el cáncer no se elige, pero tampoco nadie deseó ser un adicto la primera vez que consumió lo que fuera.
Y nadie lo ayudó.
Nadie estuvo allí para él.
Nadie le hizo sentir que no era culpable.
Y sobretodas las cosas, nadie le dijo que tenía oportunidad, que él no era las drogas.
Y sé que a fin de cuentas los drogadictos son egoístas, lo que hace difícil ayudarlos. Pero necesitan de la misma perseverancia que cualquiera, la misma paciencia y el mismo trato para con alguien que difícilmente verá las cosas en perspectiva las primeras veces y aún así no hay que abandonarlo.
Yo no fui esa persona para Giuliano. No sé quien fue esa persona para mí, pero me prometí que luego sería esa persona para cualquier adicto. Aunque al final, somos eso, seres llenos de promesas. Mi amigo Juan José me había dicho algo como "estas llena de buenas intenciones" y por supuesto que cuando nos peleamos me recalcó que no se viven de las buenas intenciones. Al final se vivía de las decisiones.
Pero una vez tomada la decisión, una vez se comienzan a vislumbrar todas las carencias de la consecuencia, todos se van. Somos seres tristes que recurrimos a las cosas que nos matarán para sentir solamente algo, y de todas maneras estamos solos.
Lo veo todo el tiempo, la gente que se vuelva en las drogas porque no soporta estar sola, y la gente que se vuelca en las drogas porque se odia. Yo creía odiarme, odiar lo que me convertí con las adicciones pero odiaba todo de mí desde antes, y pensaba que recompensaba todo aquel odio hacía mi haciendo lo que hacía, pero en el transcurso, lastimaba a todos.
Y ahí es cuando ya no es una opción pero tampoco te das la oportunidad del cambio, porque odiarse a si mismo también tiene algo de egolatría, me odio tanto que me expulso del trabajo de poder cambiar lo negativo de mí. Y con este tipo de pensamientos uno siempre termina justificando cada acción, pero también seguimos estando solos en el mundo, y la tristeza toca constantemente la puerta, el día siguiente a las fiestas te sientes como si pudieran partirte, y el subidón es gigantesco pero es estruendosa la caída.
Yo jamás me recuperaba de las caídas. Y aunque era egoísta, tonta y obstinada, tenía suerte. Tenía padres que me amaban hiciera lo que hiciera y me había acostumbrado a la soledad.