Cap 21 — Sober.

2013 Palabras
Recuerdo que una vez, Giuliano me había escrito como muchas de las tantas veces que me escribió drogado, que vaya a su casa, no lo había escrito antes porque tampoco es un recuerdo que pertenezca a los bonitos. Pero la idea de ''Daisy'' parecía encajar en ese cuadro, pero son esas cosas que ves, pero solamente cuando ya todo está hecho, y ya no puedes hacer más. Mentiría si dijera que no podría llorar, quizás la pregunta más coherente, es...¿porque lloraría? ¿por un recuerdo? En ocasiones la incertidumbre duele más que cuando las cartas están echadas, y por muy malas que sean las cartas, no sé bien porque, pero el cerebro funciona así, es mucho más doloroso no saber porqué es que te rechazan, que saber que puede haber una razón. Hay personas que jamás vuelven a ser ellos mismos después del rechazo. Lo considero algo tan estúpido, pero de todas maneras, todos tenemos un pesar. El mío es y será nunca saber las cosas que suceden, porque no tengo el control de todo ni tampoco una bola de cristal. Como decía, algunas cosas solo parecen pasar desapercibidas, pero son ejes centrales en la vida real. Como por ejemplo, alguna vez Giuliano me dijo que le molestaba que me hiciera la ''santa'' y comenzó a nombrar sujetos con los que yo había intimado. Y en ello, sonaron algunos nombres, unos ciertos y otros no, pero lo decía con violencia y con total vehemencia que era muy probable que no existiera una diferencia real entre quienes eran realmente personas con las que había estado y cuales no, y además de que de todas maneras me parecía una bajeza que alguien que ni siquiera quería ser mi novio, por momento tuviera arranques en donde sí le importaba, y donde casualmente, sabía un historial de todos los hombres con los que me acosté. Admito haberme asustado de él, como muchas veces que lo hice. Pero pidió perdón. Su excusa fue que vio rojo, que se desquitó con quien no debía ser. Que en realidad él no era así, y repetía lo suficiente ''tú me conoces'' como para que te hiciera ruido y comenzaras a desconocerlo, pero estábamos tan mal, que ni eso era lo más grave que sucedió entre nosotros. Pero sé que se quejaba por un amigo llamado Kevin, no se porque le importaba, solía cruzar palabras con Kevin por r************* porque era una persona con la que se podía intercalar conversaciones con altura, pero no pasaba más. No porque el tal Kevin no lo quisiera, sino porque a mi nunca me había gustado, solo quería ser su amiga, hablar un poco y distraerme, aunque era muy probable que saliendo de todo este ambiente, el tal Kevin me hubiera insistido hasta la saciedad para tener sexo. Porque este tipo de personas eran tóxicas, pero yo vivía drogada, no revestía un análisis, no podía cuidarme de cada persona que me hablara, tenía la ilusa idea de que si solo hablaba, no habría porqué existir rumores, pero los existía, y Giuliano comenzó a decirme con mucha ira, luego de que nos hayamos pillado un aventón a su casa y nos tomásemos algunas pastillas de xanax, él comenzó a decirme que este tal Kevin lo ponía violento, y que si yo hablaba con él no lo volvería a ver en mi vida. Le insistí en que no hablaba con frecuencia con el tal Kevin, pero las cosas comenzaron a intensificarse, y él comenzó a recordar cosas que no vinieron al caso y soltó ''No te hagas la santa, si igualmente le hiciste un oral a mi mejor amigo'' a lo que yo callé y opté por el silencio. Lo único que sabía es que cuando las personas estaban drogadas, borrachas y enojadas, en esa combinación y en ese orden, yo siempre perdería las discusiones, no porque no tuviera razón, sino porque pesaba 47 kilos y él 80. Así que esperé que las cosas pasaran, y me fui de ahí una vez él se durmió, me tomé un taxi. Tomé el taxi diciéndome a mi misma una vez más que dejaría de ver a Giuliano porque me daba miedo pero luego lo olvidaba. Él al otro día pidió perdón, y aunque le dije lo que quería decirle, algo en mí comenzó a despertarse esa vez, pero no tuve tiempo de llevarlo a cabo. Porque jamás lo solté. "No puedes tratarme así, a mí y a ninguna otra mujer, no soy de tu propiedad" pero solo quedaron en mi cabeza, jamás las pronuncié. Solo le dije que deberíamos tomar distancia un tiempo por lo sucedido y nada más. Ahora, Daisy y el tal Kevin suben muchos posteos juntos, y Giuliano está muerto. No sé ni siquiera porque me importa. Quizás me importa porque siempre había estado en el medio. No podía pregutarle a Kevin nada, porque no era una persona de confianza, y no podía preguntarle nada a Daisy, porque no la conocía. Y no debía preguntarle nada a nadie, porque no debía importarme. Estas personas evidentemente habían hecho daño a Giuliano, y Giuliano había elegido hacerme daño a mi. No puedo decir que desee que esté muerto, porque entonces sería ignorar que tuve un enorme ejemplo que me salvó la vida. Mentiría si dijera que haber conocido a G no hizo que cayera de alguna manera a la realidad, porque todo en las drogas es bonito hasta que alguien que amas muere por ellas y te das cuenta lo jodidamente grave que es el tema, y me prometí que no tendría el mismo destino que Giu, no lo tuve, pero fue algo parecido y luego lo sabrán, de todos modos en este momento solo existía dolor y miedo de que Giu pude haber sido yo. Había conocido la muerte de cerca y no me había bastado, busqué y encontré en una persona tóxica que me volviera desecho humano y que me enfermó, y esa persona que me había convertido en esto, ya no estaba. Lloraba recordando todo lo que él me lo había hecho, que era el culpable de mis desgracias, pero no todas eran su culpa. Y siempre es más fácil echarle la culpa a quienes no están. Luego comencé a frecuentar a mi amiga que tomaba cocaína, pero no porque tuviera ganas de drogarme con ello, sino porque habíamos planeado salir muchas veces e incluso armamos un grupo de amistad y después de tanto tiempo, me lo merecía. Pero me era inevitable ver como todos los fines de semana que nos veíamos, ella se llevaba a la nariz la misma cantidad de veces que yo me había llevado a la boca lo que fuere. Y como dejaba de comer, lo delgada que estaba, que para mí era bonito en mí, lo comencé a ver de otra manera, como una parte de la enfermedad de la adicción. Ella estaba triste y se volcaba al alcohol y a todos los hilos blancos que pudiera entrarle en su pequeña nariz.  Observé entonces que las cosas se habían vuelto graves, porque ella esbozaba cosas como que tomar merca la dejaba sin sentir nada malo, y me escuchaba a mí. Las drogas siempre son geniales al principio hasta que te mueres por ellas. Y con la frecuencia que ella estaba teniendo en consumo la muerte no era tan inhóspita. Aunque yo no estuviera sobria, busqué que mi propósito fuera ése. Que ella no vuelva a tocar esa mierda porque se sintiera triste, o porque deseara que el tiempo muera.  Así que le hablé sobre algunas cosas, y aunque hubo ligera resistencia, y sabía muy en el fondo que todo se trataba de su decisión, Intenté dejarle en claro que no necesita tener un asustón para dejar las drogas. Que no esperase esa dirección ni eligiera ese camino. No le conté de G porque nunca lo conoció, y yo tampoco estaba orgullosa de aquello, pero le conté lo que me había sucedido a mí. Y ella atisbó a decirme ''pero a ti no te veo mal'', y eso es un error garrafal. El hecho de ver personas que sabes que se drogan y pensar que no la pasan mal. Ese no era el punto. Pero de todas maneras, aunque fuésemos pecadores, yo estaría para ella. Así que le ofrecí que podíamos dejar las drogas juntas.  ''¿Realmente harías eso por mí?'' preguntó ilusa. Le dije que sí, aunque no era verdad.  Había mentido, y no porque no supiera la gravedad de las drogas. No era estúpida. Ya no más. Lo sabía, sabía que en cualquier momento podría irme, pero no era necesario que se lo dijera. Así que le ofrecí que me llamara cada vez que le diera un ataque de abstinencia, y que se lo comentaríamos a todos sus familiares para que pudieran hablar con médicos. Lo de los familiares fue en realidad la parte más difícil, pero su madre presentía un poco. No fui yo quien les haya comentado nada al respecto, no me sentía con esa libertad, pero sus hermanos le habían comentado que andaba en cosas malas y que solía descarrilarse. Y sí, efectivamente, solíamos descarrilar de jóvenes, de adolescentes, pero ahora eramos adultas. Y ella, a diferencia de mí, tenía un trabajo estable. No podía darse el lujo de danzar con el diablo, y a su vez, todo lo que la hacía buscar alcohol y drogas, era porque no quería estar sola y lo que más sucede con las personas que no quieren estar solas, es que siempre lo están.  Para esa instancia mi vida o lo que era amor, para mí era una etapa terminada, y no estaba preparada para iniciar otra nueva, pero tampoco me iba a hacer daño. Supongo que no era la prioridad porque había pasado unos años de locos y había destrozado tantas cosas que el amor romántico parecía moverse a algo no prioritario.  Mi amiga, en cambio, vivía del amor. Podría trabajar, seguir haciendo lo que hacía, vivir por inercia, tener sexo y no disfrutarlo, pero al final, solo quería ir en las noches abrazada de alguien. Aunque pudiéramos tener noches infinitas de fiestas, al final, ella siempre se sentía mal cuando la soledad tocaba su puerta. Y sabía que esa soledad yo jamás podría borrarla, porque era parte de la vida. Supongo que esas cosas me daban impotencia, porque aunque quisiera, en el fondo ella necesitaría ser fuerte, y yo no podía exigir que ella lo sea, cuando yo misma no lo era. Pero lo seguía intentando, salíamos e intentábamos hacerlo con moderación, buscábamos mantener un ambiente tranquilo, pero había un detonador. Su detonador era su novio. Así que hablé con él y le dije que la ayudara de una manera, sin ser agresivo, sin ser un completo imbécil.  Y a la par, volvía a casa y Polo lloraba porque le costaba demasiado encontrar un trabajo, y se preguntaba porque, porqué a él. Y lo mismo que con mi amiga, las cosas que más necesitamos quizás no son por las que lloramos. Pero no quería mantener una conversación con mi hermano, porque siempre me entristecía y no quería entristecerme, sabía que mi hermano algún día encontraría trabajo, pero que si yo me entristecía, iba a llevarme un montón de pastillas a la boca.  Sé que muchos pensarán en lo hipócrita que es intentar ayudar a una amiga a salir de la adicción mientras que yo tan ligeramente podría elegir en secreto si seguir siendo una drogadicta o no. Pero supongo que en su momento creí viable y necesario mentir ser alguien mejor para poder ser de ayuda, porque necesitaba mantenerme fuerte para ella aunque mi mundo estaba hecho trizas. Y la verdad, había algo humano que recorría mis pensamientos, ella siempre me había comentado de que quería ser madre, formar una familia y casarse. Sin embargo, yo no quería nada de aquello. Era más probable que ella concretase sus sueños, que yo los míos, así que sí, fingí otra vez, por un bien mayor o lo que fuera, fingí que estaba sobria y que estaba sana.  
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