Estaba llevando una vida mal trecha y honestamente con las ilusiones desechas. Voy a comenzar a escribir que en esta parte de mi vida, apareció Lizardo pero esto no era nada bueno. Pero ya les contaré sobre Lizardo, primero les comentaré que había estado enojada con el mundo un poco. No sé realmente si son cosas que me hicieron las drogas o solamente es una idea sobre mí porque no estaba haciendo lo que siempre hacía, pero como sea, supongo que el ochenta por ciento de lo que creemos de la gente no se deba a algo real, porque siendo completamente honesta con ustedes, dudo que sepamos tanto del cerebro y la vida ajena como para saber realmente los problemas ajenos. Entonces diré con total ligereza que soy firme en creer que quizás lo que sienten con mi vida, es un problema con la suya.
Pero para ser más exacta, había ido a una fiesta solo para emborracharme, estaba huyendo porque había discutido con mi padre. Me había comentado algunas cosas como el hecho de que me había vuelto el mal encarnado, que era distinta, que me había convertido en alguien malo. Y entonces, ese día, esa noche, elegí ahogar mis penas. Porque duele pero es más fácil seguir en lo malo y revolcándote en la miseria que poder cambiar. Además, soy insistente, vivía una realidad distorsionada, elegía pensar convenientemente y de manera egoísta. Creí que lo tenía solucionado. Es difícil decir que no cuando crees que sabes tus límites, solo quería mezclarlo todo y terminar dando vueltas esa noche. Quizás soy la culpable de que mis miserias sigan ahí, intactas, porque las cuido como si significara que son parte de mí. Y que podría hacer, si siempre había estado más cerca de mi propia jaula.
El problema de la jaula, es que te acostumbras, lo he dicho muchas veces. Pero aquí otro problema; Salir de ella no es mucho mejor. Por eso es que algunas personas en la mierda insistimos en quedarnos cerca de las barras. La incertidumbre, el miedo y el mundo de afuera estaba lleno de parias y cuervos, nadie era una persona genuina ni tampoco daban muchas ganas de salir de la jaula. Para bien o para mal, la jaula y mis porquerías no me eran tan ajenas como los pecados del mundo. Fuera de la jaula se encontraban todos los elementos que me causaban conflicto, personas que hablaban con el ego tan herido que buscan lastimar el tuyo, conversaciones vacías, un desapego total para lo que respecta a tratar de cuidar al prójimo y en la responsabilidad propia de no ser un imbécil en entornos sociales y mucho menos de entornos con personas borrachas y sensibles, pero mentiría si no hubieran escenarios más ruines fuera de la jaula.
El problema es que había ido triste a un lugar y a hacer cosas tristes, pero en su lugar, también me encontré con montones de cosas tristes en el medio. Y me di rabia, me sentí estúpida por haber salido de mi propia jaula. Llega un momento en la vida en el que te culpas hasta por no evitar ambientes hostiles. ''Debí habérmelo imaginado''. Y es que al final de cuentas, yo podría sentirme mejor que todos los presentes, pero si nadie lo admitiera, solo buscarían atacarme. Las personas atacan con una facilidad y una violencia para cuestiones tan efímeras y estúpidas, y estas cosas, te hacen recostarte en las noches deseando no despertar jamás. Porque para quienes vivimos en una jaula, lo que menos nos gusta es salir de ella y encontrarnos con cuervos. Pero el mundo está lleno de cuervos.
Cuervos que dicen que te aman solo para verte bajar la guardia, cuervos que buscarán envenenarte con alguna mentira que cuele para hacer doler tu alma, cuervos que te harán sentir mal con tu existencia y en cómo la vives. En fin, la vida y el mundo real está lleno de cuervos. El problema es que me molestaba encontrar al conflicto de cara cuando solo busco vaciar mi cabeza de mis propios conflictos.
Haber ido a la fiesta me terminó enfermando y volví a casa devastada, pero abrazando nuevamente mi miseria, mi propia miseria. Mi propia miseria no dolía más que siempre, me abrazaba cálidamente, era comprendida hasta cierto punto por mi misma y hasta donde creía, sabía como huir de ella cuando ya no la soportaba. Sin embargo, salir del mundo de la miseria propia y ver la ajena, te hace ver completamente distinto. Tu cárcel no es la misma que la del resto y tu miseria tampoco, y es mentira que los miserables sepan comprender o ser bondadosos con otras personas porque son miserables, sino que es lo contrario, el miserable siempre busca hacer a otro inclusive más miserable de lo que cree ser él. Y de esos cuervos estaba lleno el mundo, y de pronto, mis debilidades eran tontas, observaba atentamente que el mundo aún funcionaba a colores para mí, y que aquello que había motivado a que fuera a una fiesta a olvidarme de mis problemas solo hizo que los terminara abrazando. Siempre sería la hija de mi padre después de todo. Siempre elegía estar triste por tonterías porque no había descubierto sufrimientos mucho más profundos, y porque siempre, terminaba huyendo al más mínimo sufrimiento, pero jamás lo desconocía. Esa es la diferencia que dista al miserable con esperanzas del miserable que es un cuervo. El miserable que lo es por mezquino, egoísta e inmaduro no sufre de las mismas calamidades ni llevará el mismo peso en la espalda que aquél que se ha hecho ruin porque el mundo no le ha ofrecido un trato distinto. Esa es la verdadera miseria, dejar de arrastrar miserias, dejar de estar triste, y convertirte en todo aquello, convertirte en la cara visible de la miseria y la tristeza a tal punto de que no eres y sufres sino que eres aquello que sufres.
Los cuervos y los miserables aunque parezcan ser siempre lo mismo, no lo son. Hay un sinfín de oportunidades que han diferenciado a unos de otros durante las decisiones de sus vidas y la vida del resto. Y en el medio, están también los miserables delirantes, aquellos que la miseria más grande que tienen no es la del pecado original, sino la de no poder vivir más allá de su propia jaula, de su propia cárcel, porque lo único que desean es irrisorio, y el arte de vivir le cuesta el doble. Y el artista y las personas sensibles pueden volverse a menudo miserables porque el mundo maltrata suficiente a todos, pero no todos eligen ser cuervos. Elegir ser cuervo es la parte más difícil y triste de la vida, y es aquella que nace cuando no existe ninguna luz que te alumbre a ti e intentarás tapar la de otro. Pero éstos últimos, son personas que viven entre nosotros, los cuervos a menudo son amigos y son personas graciosas, simpáticas en grupo, pero basta con verles honestamente y a los ojos, son aquellos que la vida los ha convertido en personas tan miserables cuyo único goce es ver y notar la miseria ajena. Aunque, no los culpo. Solamente deseo no volvérmelos a encontrar.