El problema de las drogas es que crees que solo será una vez más y luego podrás seguir tu vida normalmente, pero en realidad, una vez que las vuelves a tomar, vuelves a cero. Le había dado mi alma a las pastillas como hubiera estado dispuesta a dárselo a Giuliano alguna vez. Pero lastimé mucha gente en el camino.
Y aquí va otro dato, es importante saber que, pensé que sabía mis límites, que lo podía volver a dejar, pero al final, no había ninguna intención real ahí.
Habían días totalmente oscuros, donde me enojaba con mis padres e iba a la cama llorando porque peleábamos con ellos de seguido. Las drogas te destruyen, te vuelves una molestia irritante para todos tus seres queridos, te molesta que la gente se te acerque, que se meta contigo y que te diga lo mal que estás. Mi vida en aquellos días se resumía en cómo podía ganar dinero y volver a tener mis pastillas devuelta, así que mientras me las arreglaba, tomaba cualquier pastilla que me encontrase, así fuera un analgésico o algo que no tuviera nada que ver con lo que realmente buscaba. Porque una vez que sientes la confusión, solo buscas algo que se le asemeje.
Mi madre me gritaba que estaba distinta por las pastillas, y que me habían arruinado la vida. Recuerdo habérmela enfrentado, porque si dejaban de darme mis pastillas podría morir. No quería tampoco reconocer que me había vuelto adicta, porque pensaba que tenía el control sobre mí.
Pero de pronto, una pastilla se vuelve un hilo de ellas que van a tu nariz, y luego lo mezclas, con alcohol, porque también comienza a gustarte y hacerte adicta a no volver a sentir nada que sientes en estado de sobriedad.
Ya no tenía nada en común con mis amigas, yo no buscaba tener otro chico, y entonces fue cuando comenzó a dispararse las cosas con Renzo. Le había pedido dinero prestado, y me preguntó para que.
''No puedo decírtelo todo'' Le dije esquiva.
''Si es para una tontería sí, porque no quiero tener que comprarte las cosas, ya sabes, como la falda de la que me has estado hablando últimamente''
Recuerdo que había soñado con una falda que había visto, y recuerdo que le había pedido a mi abuela que me la comprara y me dijo que no. Así que terminó regalándome mi madre, y ese fue el destino de la falda, no hubo mucho royo ahí. Era algo que quería y que pedí, pero no hablaba tanto con Renzo de estas cosas, o mejor dicho, de ninguna, entonces no lo supo.
''No es por la tonta falda, es para algo más importante, Renzo''
''¿Que es tan importante?''
''Algo que necesito, mis medicamentos.''
''No sabía que tomabas medicamentos...''
Y una otra derivó a otra, tuve que contarle sobre todo, y de pronto, la mirada, la mirada de todo el mundo diciéndote que estás loca, que estás enferma, ya no la soporté y solo quise irme de dónde estábamos, en en ese momento era su departamento. Tomé mis cosas y le dije algo como;
''Déjalo. No era tan importante de todos modos. Luego nos hablamos''
La verdad es que no le hablé a Renzo. Me dejó un mensaje que supongo es bueno para él y lo convierte en un ser humano decente, algo como ''He quedado pensando en lo que dijiste. Si necesitas ayuda solo dímelo''. Pero no le contesté, pasé de largo el mensaje y luego no volví a saber más de él.
Honestamente, no quería saber de Renzo porque no quería saber nada de nadie. Había notado que Renzo me había mentido en varias ocasiones pero me había callado porque supongo que la naturaleza de los hombres se mentir y la nuestra fingir que no lo sabemos para ver hasta donde llegan, algunas mujeres huyen de ese rol, yo estaba acostumbrada, porque no tenía nada que perder o ganar, Renzo no significaba nada para mí, solo estaba con él para no estar sola. Y en ocasiones la soledad te enseña más que la compañía.
Así que me había alejado de mis amigos y de Renzo, que él al tiempo estuvo con una nueva novia, no tardó en superarme, y además, tampoco se preocupó en mí. Como todos. No lo culparía, yo también había seguido mi vida. De todos modos siempre duele saber que nuevamente eres tan reemplazable. Pero quizás el problema es que el poco y escaso tiempo en el que me eligen a mí, lo arruino. Porque soy todo aquello que dijeron que sería.
La relación con mis padres se había vuelto tensa, y era la única de mis relaciones que sí me importaban. Allí solo dejé irme en caída libre, sentía que me merecía cada pastilla, que merecía a su vez morirme, sentía solo cosas negativas. Me había dado cuenta que en realidad era una persona tan triste que solo la habían amado con absoluta certeza sus padres, pero a los padres los dañas cuando estás metido en esas mierdas. Sabes también te morirás, y es difícil hacerles entender que quieres morir lentamente. Cualquiera que te quiera, te querría salvar. Y ese es el problema para el drogadicto, que aquel que busca alejarte de las drogas se convierte en un enemigo. Porque así funcionan estas cosas. Piensas que tienes el derecho de hacer lo que se te de la gana porque es tú vida, pero luego lastimas a tus seres queridos. Dices que lo tienes bajo control, pero luego dices o haces algo malo, dices que puedes dejarlo y luego te vuelves un correcaminos en su búsqueda. Es tan jodidamente cruel este círculo vicioso, no puedes salir de allí de una manera correcta sin dejar heridos, o sin herirte en el proceso.
Y es doloroso porque, en algún momento creí que merecía herirme. Porque las drogas te lleva a hacer cosas malas, y luego dices que lo harás mejor, que intentarás. Y luego haces otra cosa peor, porque cada vez que estás allí, en ese mundo, no tienes ni el control de ti mismo. Y se vuelven demasiadas cosas imperdonables, que te convierten en un ser humano de mierda que piensa que quizás no solo se merezca una segunda oportunidad, sino que tampoco te esfuerzas, solo crees que mereces morir, o herirte.