Anthonela agradecida con el Capitán y tomada de la mano de Gustavo, le dijo… gracias por sus palabras. En ese instante, siente que él, le apretó con más fuerzas su mano. Ella lo mira, pero no logro descifrar lo que pasaba, pues el cargaba unas gafas que le protegían muy bien del sol y de cualquier escrutinio. Su hermano también agradece al capitán su bienvenida.
Una vez todos los invitados a bordo, el Capitán se dirige hacia Gustavo y le explica el recorrido. Este, al escuchar que pasaran por Curazao, informa que necesita hacer un toque técnico en esa isla. El Capitán le informa que no hay problemas, porque si todo está como lo informo el Instituto de Meteorología podrán disfrutar de un gran recorrido e incluso, él pensaba proponer la llegada a alguna playa, así que con esta parada, podrán disfrutar de una de las playas de la Isla.
- Gustavo totalmente de acuerdo con la propuesta hecha, le dijo… como tú digas, este es tu terreno, y aquí tu mandas, el Capitán poco acostumbrado a sonreír, lo hizo y camino hacia popa, en dirección al timón.
- Gustavo nuevamente se dirige a sus invitados y les pide subir todos a cubierta para un desayuno. Desde ahí apreciaremos mejor el paseo. El Capitán nos asignó un experto para que nos hable un poco sobre los paisajes que veremos, vamos aprovechar y agradecer esta iniciativa. Y escucharemos música, el también instalo en el yate un equipo para ello.
Todos emocionados por el paseo, subieron y se ubicaron en las sillas puestas alrededor de una gran mesa redonda debajo de un toldo, para que no les pegara directamente el sol. Al momento de servir la comida, el Capitán detuvo la lancha en altamar, para que disfrutaran del desayuno con el sonido de las olas. Una experiencia o mejor dicho, una vivencia extraordinaria. Gustavo sentado al lado de Anthonela, le ofreció jugos naturales, ya se había dado cuenta, que eran la bebida favorita de ella, de ahí su preocupación por que Flor los preparara.
- Ella aceptando lo que él, le había traído, se asombró de lo que había dentro de la cava cuando la destapo, sobre todo los chocolates que ella pudo observar. Anthonela asombrada, le pregunto ¿Cómes mucho chocolate?
- El riéndose, le confeso… si me gusta, pero no tanto como a ti, te observe fascinado comerlos con la fuente que te sirvió David en el Restaurante.
- Ella, feliz de haber sido observada por él, degustando sus chocolates, le dijo… gracias por ser así tan especial conmigo.
- El, se acercó y le dijo con un susurro… Antho, no me hables ni me mires así, causas estragos en mí y no te quiero fallar. El respirando profundo y tratando de cumplir lo prometido la noche anterior, se concentró en el desayuno, en disfrutarlo y en el hermoso paisaje. Pero acercándose más a ella, para sentir su piel contra la de él. Al terminar el desayuno con la misma, se levantó y se acercó a su amigo, los dos caminaron hacia el otro extremo del yate, según le comento a Antho muy bajito necesitaba respirar.
Ella se quedó en la mesa, contemplando desde ahí el mar, relajando secretamente sus emociones. Así pasaron unos minutos. Al observar a Gustavo platicando con su amigo, sin volver la vista hacia donde ella estaba, pensó, me parece algo le preocupa y le hizo enojar. Desconociendo la respuesta a esto, prefirió poner su atención en otra cosa, aunque ya le estaba inquietando que él, a pesar de estar pendiente de ella, no le robaba besos como lo había hecho durante el viaje anterior y sus besos le fascinaban.
Levantándose de la mesa y en compañía de Rosalin, decidieron ir donde estaba su hermano Jesús, quien estaba obsesionado porque el Capitán le enseñara a navegar el yate, por lo que Rosalin, le comento estar un poquito decepcionada de ver como el, no le había prestado mucha atención en este viaje. Así que las dos a punto de ir hacia popa, donde se ubica el timón, se detienen cuando Mildred las llama para ir con ellas también. Las dos jovencitas la esperan y caminan juntas hacia la popa del yate.
El Capitán satisfecho de verse rodeado de tanta juventud, les comenzó a hablar sobre la forma como se navega el yate, es más, les aseguro que el joven Gustavo era excelente en este arte; solo que por cuestiones de comodidad y por lo excelente anfitrión que es, cuando teniendo invitados no le dedica tiempo al timón. Anthonela sintiéndose satisfecha y orgullosa de lo expresado por el Capitán, busca a Gustavo con la mirada y se da cuenta, que el venia hacia donde estaba ella junto con su amigo Irwin.
- El mirando sus bellas piernas, se acerca por detrás y le dice al oído… ¿Qué haces aquí?
- Ella, nuevamente turbada y sincera como es, le comenta… estaba casi aburrida, preferí venir a escuchar las explicaciones del Capitán.
- El, apenado, le dice, Antho, me hubieses llamado.
- Ella, tranquilo… valió la pena, escucha lo que dice el Capitán, quien por cierto creo te admira mucho.
- El, pregunta ¿y tú?
- Ella, me siento orgullosa de ti, eres muy especial, ya te lo dije.
- El la pega a su cuerpo, mientras, con sus brazos la rodea completamente. Este gesto parece haber inquietado al capitán, pensó para sí Gustavo. Al observarlo un poco nervioso, conducta esta que no era usual en él.
Antho se estremeció, al sentir el cuerpo de Gustavo pegado al suyo y especialmente al sentir el resuello de su respiración.
- Él le pide al oído y hablando muy bajito… por favor, mi amor, relájate, disfruta el momento, no te pongas reactiva, no te voy a comer y menos delante de todos, quédate sin pensar ni imaginar nada, domina lo que estas sintiendo y veras como tu cuerpo se acostumbra al mío. Por favor, mi bebe, no tiembles…
Ella, no podía casi hablar, estaba experimentando un cumulo de emociones y sentimientos por primera vez, que la hacían flaquear ante él. Gustavo, por temor a que le diera algo a Antho, la fue soltando poco a poco y se alejó de ella muy despacito. Anthonela ruborizada, se llevó discretamente las manos a la cara.
- Gustavo tratando de calmarla le dijo… Antho ven, y ella dejándose guiar por él lo acompaño; en la llevo hasta la proa y una vez ahí, la soltó para que recibiera la brisa y el viento, y le tomo algunas fotos, luego le busco los famosos chocolates que tanto le fascinaron a ella.
- Anthonela, ya tranquila y relajada le expreso… gracias, infinitas gracias por ser como eres, por favor no cambies nunca conmigo. Y te soy sincera, no es que estaba “reactiva” como dijiste, no. Sino que estaba experimentando emociones por primera vez, que si bien cierto me agradan, me gustan, sería muy vergonzoso para mí que los demás se enterara. Estas emociones son tuyas y mías, de nadie más.
- El, emocionado por su sinceridad, le confeso… yo siento lo mismo, a pesar de mi experiencia (…carraspeo) con las mujeres, me cuesta un mundo controlar esto que estoy experimentando por primera vez, a tu lado, por favor, no dudes nunca que te amo y te deseo, que si es por mí, te estuviera haciendo el amor en uno de los camarotes, pero no es lo que quiero de ti. Te repito Antho, no dudes que eres mi amor para toda la vida, tú eres mi alma gemela, quiero una vida formal, estable y definitiva contigo, tú eres la mujer que quiero para formar mi familia y tener mis hijos. No te quiero para un fin de semana, te quiero para toda mi vida.
- Ella inmensamente feliz de escuchar aquello, se arrojó en sus brazos y lo abrazo fuertemente… repitiendo… muy seguido te amo, te amo, infinitamente te amo. Y pensar que era esto lo que lo hacía sentirse peor, sentirla tan cerca y no poder hacer lo que tanto anhelaba.
- La beso suavemente y luego la fue separando poco a poco, diciéndole al oído… mi Antho, por esto, debo alejarme por ratos de ti, tienes una energía, un ímpetu que me pone mal, por decirlo, de alguna manera. Eso mismo que te pasa a ti, me pasa a mí. Para ayudarla a sentirse mejor, le dijo… vamos a escuchar nuestro artista favorito… ¿te parece?
- Ella emocionada y volviendo a la realidad, le respondió… me encantaría. Pero solo la escuchamos, por favor, mi Gus, no la bailemos.
- El… lo que tú quieras. Me encanto esa…
- ¿Esa cuál? No entendí…
- El… “mi Gus”. Yo soy todo tuyo que conste, eso me da derecho a considerarte toda mía. Por lo tanto señorita, no quiero que el Capitán ni alguien más te mire como yo. Ese derecho es exclusivamente mío, en virtud de esto, tiene prohibido caminar al encuentro con otro hombre que no sea yo. ¿Entendido?
- Ella… toda sonreída, le dice, Gus… ¿tú no eres celosísimo?
- El… hasta ahora, no sabía lo que era eso, pero esta es la segunda vez que lo siento desde que te conozco…
- ¿Cómo así? pregunto Anthonela?
- El… la primera fue por un comentario de Jesús, cuando se refirió a Sergio tu hermano mayor, como no sabía quién era, sentí ese sentimiento punzo penetrante en mi corazón y no me gusto; y ahora, me volvió a dar, cuando sentí que al Capitán le molesto la forma como te abrace. Tiene varios años conmigo, ha sido excelente empleado, consejero, apoyo y por qué no, amigo, porque lo aprecio mucho, pero absolutamente a nadie, le voy a permitir que te miren con deseo. Ese derecho es solo mío. Así que es mejor, no te acerques a él, para que no pierda su trabajo ¿estás de acuerdo?
- Ella, comprendiendo perfectamente, le respondió… sí. Pero acostumbrada siempre a decir la verdad, le comento… pero a mí no me gusta para nada que seas muy celoso, tú debes confiar en mí. Yo ando contigo y mí vista solo esta donde tú estás, solo claro, a veces la debo bajar o desviar, porque despiertas fuertes emociones en mí.
- El valorando la sinceridad de ella, respondió… me gusta eso de ti, tu espontaneidad, esa forma tan sencilla y sin complicaciones para decir las cosas, por favor no cambies, siempre dime la verdad, lo que sientes, que yo hare y voy hacer lo mismo contigo. Hay cosas que debes saber de mí, que por ahora no te diré, pero que muy pronto vas a saber, cuando ese momento llegue espero me comprendas y estés a mi lado contra todo evento, porque te aseguro Antho, lo nuestro es sólido y duradero, eterno mi vida. Y la beso muy cálidamente.
Al sentir las voces cerca, los dos caminaron a la mesa donde él había colocado los chocolates, galletas, tartas, y un sinfín de golosina, casi todas en base a Chocolate. Ella mirando aquellas delicias lo abrazo y lo beso en la mejilla…
- El mirándola con los ojos entrecerrados, (cargaba los lentes sobre la cabeza) le dijo… tramposa, me merezco un beso si pero no en la mejilla. Y los dos rieron. En eso el grupo venía con el joven contratado por el Capitán, escuchando todo lo relacionado a la historia y espacio geográfico de las islas que estaban siendo recorridas en ese momento. Gustavo y Anthonela se incorporaron al grupo, desde sus asientos. En eso, el Capitán anuncia que atracaran el yate, en cinco minutos en Curazao.
- Gustavo, todo emocionado le dice… vamos a bajar para caminar una parte de la isla, luego nos bañaremos en la playa. Yo debo ir a recoger algo cerca de la playa con Irwin, por favor, no dejes que nadie se acerque a ti, ¿estamos de acuerdo?
- Ella preocupada, le prometió que sí. Pero le solicito, por favor, deja la paranoia.
- Gustavo le comento, nunca en toda mi vida yo he experimentado los celos, siempre pensé que son pendejadas o excusas de la personas para manipular a otras. Así que por favor, ayúdame a dominar esto.
- En vista de esa suplica, tan tierna, le contesto…si mi amor, te ayudare.
Todos bajaron del yate, esta vez, Gustavo la tomo en sus brazos y la bajo cargada, el llevaba en sus espaldas el morral de él y el de ella. Anthonela disfruto este gesto, se sentía muy segura en sus brazos. Caminaron a orilla de la playa, Gustavo alquilo una cabaña amplia con seguridad para colocar todas sus cosas, mientras ellos se bañaban. Además que contaba con dos salas sanitarias, un área de cocina-comedor y una salita intima muy cómoda. A parte de dos habitaciones. Decidieron dividir un área para las mujeres y otros para las hombres y así el alejaba de si, la tentación de tener a Antho solo.
Todos decidieron cambiarse para meterse al agua y aprovechar que el agua estaba tranquila, era una playa cristalina. Gustavo quedo asombrado cuando vio a Anthonela en traje de baño de dos piezas, cierto que era un traje de baño muy atrevido para la época pero le quedaba espectacular y le permitía mostrar sus curvas perfectas, era bajita es cierto en estatura, apenas un metro cincuenta y seis, pero cien por ciento, alta en todo lo demás.
Al salir de la cabaña todos en pareja, corrieron hacia el mar, salvo Gustavo y Anthonela que se quedaron a orilla de la playa, caminando tomados de la mano y conversando sobre lo que estaban descubriendo el uno del otro.
- Antho le conto... cuando era niña casi me ahogo en playa Bonita, me tumbo una ola fuerte, junto con mi mama, por esa razón, respeto mucho al mar. A raíz de eso tuve algunas pesadillas, me llevaron al psicólogo, estuve en tratamiento por un tiempo, mi familia casi todos los fines de semana me llevaba a una playa, fui superando poco a poco el trauma hasta que volví a playa Bonita, vencí el miedo, pero aun así, me cuido de bañarme en aguas profundas. El comprendiéndola, le dijo, vamos yo voy a estar todo el tiempo detrás o a un lado de ti, ten la seguridad que no te pasara nada ¿quieres?
Ella, segura que sus brazos no la descuidaran entro confiada al mar. Al rato todos jugaban y se reían felices. Cuando salieron de la playa para ir a comer, que sería en un restaurante cerca de la playa…
- Antho, le pegunto a Gustavo… ¿Cuándo vas a buscar lo que tenías pendiente?
- El respondió… prefiero no dejarte sola, estas disfrutando tu día de playa y no te lo quiero quitar por nada de este mundo.
- Ella totalmente agradecida, se acercó a él y lo beso en la boca, fue una delicia, una verdadera caricia sin manos de por medio. Anthonela dijo… ve, yo no voy a entrar al mar, si tu no estas.
- El, loco por ir a buscar su argolla de compromiso, le respondió… no me tardo, dame máximo diez minutos. Al regresar almorzamos…
- Ella comento bajito… te espero. Voy a ponerme algo sobre el traje de baño y estaré con Jesús, Rosalin y Mildred esperándote. Te cuidas. El poniéndose la ropa que traía antes de meterse al agua, busco su billetera y salió con Irwin.
Los dos amigos partieron, Gustavo se acercó a uno de los tripulantes del yate que estaba cerca de donde ellos estaban, le dijo algo y salieron.
Cuando los cuatro jóvenes se sentaron en una de las mesas fuera del restaurante, llego un joven mesero y les sirvió, unas piñas coladas sin licor y les dijo en perfecto inglés, cortesía de la casa. Ellos se extrañaron y no hallaban que hacer, no obstante tenían sed, Mildred le dijo, vamos a beber, lo más seguro es que este Restaurante sea otra sucursal de Lilimor, aunque no me fije en el nombre.
- Jesús les dijo… voy a ver el nombre. A los escasos dos minutos regresa y les informa…correcto es la única sucursal de Lilimor en Curazao… así que señoritas siéntanse como en su casa.
- Siendo así dijo Mildred, vamos a beber, esta piña colada, pues tengo mucha sed. Y brindaron los cuatro por ese hermoso día, que estaban disfrutando.
- De repente Jesús, se recuerda de las cosas que están en la cabaña y que esta, quedo sola. Nuevamente Mildred, le informa, tranquilízate Jesús, una parte de la tripulación está aquí entre nosotros cuidándonos, porque Gustavo es muy responsable y no se va a arriesgar nos pase algo, si él no está. Por otro lado, mira hacia la cabaña, el que está parado cerca de la entrada es uno de los hombres que estaban con el Capitán, cuando estaba haciendo las explicaciones sobre como navegar el yate.
- Anthonela, miro hacia la cabaña y era cierto había alguien en la entrada. Sintiendo un poquito de celos hacia Mildred porque conociera tanto a Gustavo, se levantó y dijo que iba a caminar un poco; la chica la retuvo y le dijo… Anthonela no te arriesgues, esta isla ha cambiado mucho, vamos a quedarnos aquí los cuatro hasta que lleguen Irwin y Gustavo…
- Anthonela, reconociendo que la joven estaba en lo cierto…le dio la razón y se volvió a sentar, en ese momento ve venir a Gustavo con su amigo, pero no traían nada. Los dos llegaron hasta donde estaba el grupo y todos se levantaron, pensando que ya se iban. Gustavo les dijo…
- Para que se levantan aquí vamos a comer, bueno a decir verdad necesitamos otra mesa más cómoda y donde podamos disfrutar la comida tranquilamente todos. Gustavo entro busco al maître y este los ubico en un lugar discreto, cómodo, ameno, donde pudieran escuchar música. Gustavo se volvió al grupo, busco a Anthonela y entro con ella de la mano. Todos cargaban aun sus trajes de baños debajo de las batas de baños que se habían puesto encima, salvo Irwin y Gustavo que como habían salido, se pusieron sus playeras.
- Gustavo le pidió al maître la carta y que le aligerara la comida ya que el yate saldría pronto. El maître recibiendo las órdenes de lo que quería cada uno, fue a aligerar el servicio y envió una bandeja de aperitivos para que esperaran el servicio. El, se levantó y se dirigió al Dj que había en el Restaurante, hablo con él y de repente comienza a sonar la canción de Leo Fabio, muchacha de abril.
Gustavo invita a bailar a Anthonela. Ella de inmediato se fue con él. Le dio la sorpresa más linda del día, con su potente y linda voz le canto muchacha de abril y susurrándole al oído le decía, esta es y será nuestra canción…
- Ella toda sonrojada (que ya le estaba dando muy seguido)… le pregunto ¿Cómo sabes que soy de abril? Ah, ya pensó, te lo dijo mi hermano.
- Él le respondió… no para nada, tu pusiste las condiciones, lo que queríamos saber del otro lo averiguaríamos. Y yo no me apoyaría en Jesús. ¿Correcto?
- Ella… ¿Cómo lo supiste?
- Él lo adivine… eso significa que tu piedra es jaspe rojo o rubí. ¡Qué bueno!
- Ella… estás loco…
- El… si, por ti, o sea, eres la causa de mi locura.
- El siguió…cantando al oído de ella, esta canción…
- Ella… solo se dedicó con sus ojos cerrados a escuchar y sentir. La siguiente canción fue aún más atormentadora, mi amante niña mi compañera. Con esta última, ya no resistió más y le suplico vamos a comer ¿te parece?
- El entendiendo perfectamente lo que ella sentía, la complació. Llevándola como si se tratara de lo más valioso que poseía, la hizo sentir como una reina. Al llegar a la mesa, Gustavo, ayudando a Antho a sentarse, llamo al maître y pidió una botella de Champan, y comento, ultimamente, se está convirtiendo en mi compañera, todos le dijeron que habían pedido ya, Gustavo mirando a Jesús, le pregunto… ¿pediste para nosotros?
Jesús respondió… si, la exquisitez de la casa. Gustavo levantando su pulgar derecho, lo felicito. E incluso, le hablo de ese talento a Irwin. En ese momento un mesero trae la botella sin descorchar y las copas. Gustavo levantándose de su silla, agarra la botella, la descorcha y echa sobre la primera copa a su mano derecha, la de Antho, luego sigue el mismo sirviendo al resto de sus invitados, al terminar, justo antes de hacer el brindis, saca del bolsillo de su bermuda una cajita y se la entrega a Anthonella, ella toda emocionada, la agarra y la abre, era un precioso anillo con un hermoso y delicado Rubí, el saca el anillo, y le comenta…
- Aunque ya antenoche me dijiste que sí, y sin que este sea el anillo definitivo de nuestro compromiso, que te juro vendrá, cuando formalice mi relación ante tus padres, quiero delante de nuestros seres queridos y amigos formalmente pedirte… ¿quieres ser mi novia? ... Ella toda feliz y brotando de su ojos dos lágrimas de felicidad, se levanta, y le responde…
- Si, mi vida, si quiero ser tu novia. Él le coloca el anillo y todos junto a ellos celebran el momento deseándoles mucha felicidad. Gustavo delante de todos y sin importar si había o no periodistas ahí, la besa delante de todos. Al terminar de besarla, todos aplauden y las dos chicas, se acercan a Antho para felicitarla más efusivamente.
Al sentarse de nuevo cada uno en su lugar, Gustavo hace el brindis. Todos chocaron las copas muy felices. Una vez culminado, los meseros llegaron con los servicios para el almuerzo. Todo muy exquisito escogido por Jesús. Gustavo agradeció el apoyo a Jesús y una vez que terminaron salieron, camino a la cabaña a recoger sus morrales, porque el Capitán les había enviado un emisario con el mensaje que en quince minutos, el yate zarparía.
Recogiendo todo en la cabaña, salieron corriendo hacia donde estaba anclado el yate. Al llegar ahí, Gustavo nuevamente la vuelve a tomar entre sus brazos y la sube al yate.
El Capitán les informa que suban a cubierta para el paseo de retorno a Liliput, todos subieron emocionados, especialmente Anthonela, quien sentía que andaba en una nube, parecía estar en un sueño. Pero los brazos de Gustavo rodeando su pequeña cintura la hicieron volver a la realidad. Ella giro dentro de ellos para agradecer lo feliz que la hacía sentir.
- El todo apasionado y cada vez más enamorado de ella, le comento… yo soy quien te tengo que agradecer todo el amor que me haces sentir y el descubrir este mundo de maravillas a tu lado, todo lo estoy viendo a través de tus ojos, y te juro, se ve más hermoso que antes.
Y así abrazados y apoyados en el borde del yate, disfrutaron este retorno a Liliput. El Capitán anunciando que en cinco minutos atracarían en el puerto, les agradeció su compañía y les deseo un excelente fin de semana.
Todos uno a uno se fue despidiendo del Capitán, Gustavo no dejo que Anthonela se acercara ni le diera la mano, sino que simplemente le diera las gracias, el solo estaba ahí para hacer su trabajo. Esta actitud no le gusto a ella, porque sospechaba a la larga podía traerle graves problemas con él.
Ya en el estacionamiento del puerto, todos se despiden y se comprometen a repetir un paseo para disfrutar otra velada juntos. El, con Anthonela de la mano le avisa yo te llevo.
- Antho le comenta… no me gusta tu actitud de estos últimos minutos, primero ante el Capitán, me sentí muy mal no responder al menos con mi mano todo su atención para conmigo y esto, tampoco me gusta, no me trates como a una niña a quien le das órdenes. En mi casa, siempre me he sentido libre, a pesar de la edad que sea, me han dejado tomar mis propias decisiones. Quitándose el anillo y poniéndolo en la mano de él, le dijo, si esto va a representar mi sometimiento como mujer, te lo devuelvo, así no lo quiero. Gracias por todo y lo dejo parado ahí atónito. Él se quedó mudo, no reacciono.