Capítulo 2. La Boda…

4322 Palabras
Gustavo ha recibido un duro golpe, el tan confiado, tan seguro de sí mismo, tan dueño del mundo como muchas veces lo decretó, se siente destruido, que el mundo se le vino encima. El un hombre joven, profesional orgulloso de su padre a quien ama tanto, enterarse que su padre está a punto de morir lo ha dejado mudo, con unas ganas inmensa de llorar como cuando estaba niño y murió su madre en aquel accidente. El Dr. Carlos, totalmente conmovido con el joven lo abraza y apoya, recordando que debe seguir la obra de su padre, es su obligación cuidar y conservar todo aquello que su padre fue capaz de crear. Es en este momento donde recuerda el compromiso adquirido por su papa y lo que a final de cuentas en su última voluntad. El joven reacciona y le dice al médico: - Hay un deseo que mi padre quiere realice antes de que el muera, imagino que tu estas al tanto de la situación. - El médico responde: Si, sobre tu matrimonio con Lorena. Yo la conozco es una joven muy bella, segura de sí misma, es la hija de Raúl. Recuerdo que la noche que ellos tomaron esa decisión, estaba con ellos, les pedí pensar mejor las cosas y buscar otra solución, pero no, ya ellos lo habían decidido y como tu padre quería a Lorena como una hija, le fue más fácil aceptar la propuesta de Raúl. Pienso que él lo hizo primero, para dejar algo de herencia a su hija, a través de tu padre y segundo, para asegurar el futuro de su hija, ya que él, no lo pudo hacer. - Gustavo replicó, solo me queda acatar lo que será en definitiva la última voluntad de mi padre, y que pase lo que tenga que pasar. - El médico, le responde: ve y haz lo que tengas que hacer, porque no sabemos que tantas horas o días le queden a tu padre, ya eso si es voluntad del Creador, el decidir cuándo se va. -Dicho esto, Gustavo se despide del médico y se dirige al área donde está su amigo Irwin esperando, y le pregunta: ¿trajiste tu auto? - A lo que este responde: si, si necesitas salir te llevo y te acompaño, ya avise en mi casa lo que paso, todos están asombrados con lo de tu papá, mi padre dice que Don Gustavo nunca le dijo nada sobre la enfermedad que padecía. Todos te mandan mensajes, que están contigo. Mañana pasarán por aquí por el Hospital para saber cómo sigue. - A lo cual Gustavo respondió: diles que muchas gracias. Amigo necesito que me acompañes al apartamento donde vivía Raúl, necesito hablar con su hija. - Irwin, le manifiesta: vamos de una vez. Hoy seré tu chofer. - Gustavo, dice: gracias brío, por esta aquí. Salieron los dos caminando al área de estacionamiento del Hospital, cuando ven llegar un grupo de periodistas de la isla, que seguro se habían enterado lo ocurrido a su papa. Gustavo, se oculta, pues no quiere en ese momento hablar con nadie, salvo con la persona que iba a buscar. Al pasar todo el grupo el sale de nuevo y alcanza a su amigo. A quien le pide por favor salgan de ahí rápido para evitar, por ahora, el acoso de los medios de comunicación. Camino al apartamento del amigo de su padre,  Gustavo le cuenta todo a Irwin, y este quedó anonadado, con la noticia. Así que iba camino a la residencia de una desconocida, a pedir matrimonio para complacer a su padre, y este pudiera morir tranquilo. A Gustavo todo esto le parecía increíble, hacía apenas 24 horas antes, a esa misma hora, se estaba preparando y llamando a Marcia Montenegro para que lo acompañara al cumpleaños de su amigo. Fiesta esta, donde disfruto por poco tiempo, pues al día siguiente, debía acompañar a su papá a la oficina, así que aprovecho para irse temprano con ella de la fiesta, a su apartamento de soltero, y después de ahí, salir para la casa de su padre, tal cual como lo había hecho; y ahora estaba aquí en este auto camino a buscar a su futura esposa. Al llegar al edificio donde residía la joven hija de Raúl, Gustavo habla con el vigilante, quien no lo reconoce, debido a que él, había ido varias veces al apartamento de Raúl, para dejar a su padre, en casa de su amigo, pero nunca bajaba. Además, que apenas si llevaba unos meses en la isla, pues había partido hace años para cursar estudios fuera de la misma y manejar la cadena de Restaurantes ubicados en Europa, lo cual hizo, por aproximadamente un periodo de cinco años. Así que convence al vigilante, para que los deje entrar, al constatar por teléfono que Lorena estaba ahí y que ella los recibiría. Gustavo e Irwin esperan el ascensor, pues el apartamento está ubicado en el séptimo piso. Al entrar al mismo, Gustavo comienza a sentir una sensación extraña igual o parecida a algo que había sentido la noche anterior, cuando salió, para la fiesta de su amigo. Al salir del ascensor y llegar al frente de la puerta del apartamento, vacilo unos segundos en llamar, pero antes de tocar el timbre, la puerta se abrió y apareció una señora muy elegante, de edad, y a quien reconoció como la Señora Susana, la viuda de Raúl, quien se conservaba  muy bien. Siempre le pareció que era una mujer muy bonita, fina, elegante y bien educada. - Buenas noches, señora Susana, que placer verla de nuevo. Y besándola en la mejilla recordó aquel olor tan agradable que siempre emanaba al acercarse a ella. La señora, también lo abrazó y lo beso, llamándole hijo: - Qué dicha más grande tenerte aquí, en mi casa, ya son muchos los años que no venías por aquí. - A lo que Gustavo, respondió: si hace muchos años, que estuve por aquí. Vine con mi amigo Irwin, no sé si lo conoce… - Claro que se quién es, es hijo de mi amiga Janet, bienvenido muchacho. Los dos jóvenes entran y saludan a los presentes en el apartamento, al parecer llegaron en un momento inoportuno, pues había una reunión familiar en el mismo. Al preguntar por Lorena, esta que entra, al salón principal del apartamento, muy elegantemente vestida, se veía muy hermosa, con el vestido que llevaba puesto se acentuaba aún más, su perfecta y simétrica figura, quedando por segundos, Gustavo e Irwin,  mudos y asombrados, ante tanta belleza. Ella muy altiva, segura, confiada, le pregunta: - ¿Para qué me buscas? ¿Debe ser algo muy urgente?, cuando te has molestado en venir hasta este extremo de la isla para visitar el apartamento del amigo de tu padre. Ante esta afirmación, su madre, le reprocha y le dice muy suavemente: - Lorena, así no se trata a un amigo de la familia. Ella encogiéndose de hombros y con dos copas en la mano, ofreció bebida a los jóvenes visitantes, quienes la rechazaron, de forma muy educada. Gustavo llevando la voz de mando, dijo: - No, gracias he venido, a tratar contigo un asunto muy delicado, pero desearía fuese a solas. A lo que la joven abogada respondió: Vamos al despacho, sígueme… Al llegar al saloncito, ella le manifestó: - ¿ahora, si me vas a responder lo que te pregunte? - A lo que Gustavo respondió: tú deberías saber, el motivo de mi visita, pues ya estoy dudando, todo esto sea una confabulación de parte de ustedes, para obligarme a casarme contigo. - Pero ella, haciéndose la indignada y víctima,  le contestó: no sé de qué me acusas, yo estaba tan asombrada como tú, de esta decisión dejada por mi padre en su testamento. Lo que menos deseo es casarme con un vulgar don juan, playboy e hijito de papa. Gustavo, acostumbrado ya a enfrentar fuertes situaciones, se controla, reflexiona y baja la guardia, por lo que le ofrece disculpas a Lorena: - te ofrezco mis disculpas por lo dicho, pero aunque suena a excusa, hoy no ha sido mi mejor día. Desearía te pusieras en mis zapatos y entendieras mi situación. En todo caso, estoy aquí por una exigencia de mi padre, quien quiere nos casemos antes de morir, como quiera, que ya está en la fase final de su enfermedad, lo voy a complacer, así que, por favor, has los trámites y prepara todo, para que nos casemos mañana mismo, en el cuarto del hospital donde se encuentra recluido mi padre. Dime ¿Qué necesitas? Yo corro con los gastos. Temprano te haré llegar con el chofer una fuerte suma de dinero y aquello que necesites para dicho trámite. - Lorena, responde: pensé lo haríamos en tu casa. Él le responde: - Según el médico, no lo puedo sacar del Hospital, él tiene todo preparado para darle calidad de vida a mi padre, y no sufra tanto en sus últimos días. Así que espero contar contigo para hacer esto mañana  mismo. - Tranquilo allí estaré con el jefe civil. En todo caso, si necesito algo, te aviso, por ahora no necesito de tu dinero. Y salieron los dos del Despacho, despidiéndose Gustavo de la madre de Lorena. Gustavo salió sin habla del apartamento, en todo el trayecto hacia el auto de Irwin, no comento nada. Cuando apenas, entra al vehículo, le dice a su amigo: - No sé por qué, hay algo en ella que me da mala vibra, es como un sexto sentido, que me avisa que esto me traerá problemas a futuro, pero ya no puedo volver, atrás, debo cumplir la voluntad de mi padre, después resuelvo. - Irwin para calmar un poco a su amigo, en forma de broma le dijo: “si quieres puedo ocupar tu lugar y me caso por ti, esa mujer esta como quiere y ella lo sabe, por eso se comporta así tan despectiva, arrogante y superior al resto de la humanidad”. Y los dos rieron ante ese comentario. Al salir de la calle donde vive Lorena, Irwin, pregunta a su amigo: ¿y ahora, dónde vamos? - Gustavo le dice: a mi casa por favor, creo desde esta mañana no he comido. - Irwin, le replica: no ya sé dónde te voy a llevar… Lo llevo al sitio favorito de Gustavo cuando era adolescente, una venta de comida rápida, cercana al Liceo donde hizo sus estudios de preparatoria. Esta venta de comida rápida, con el tiempo, Gustavo descubrió que también era de su padre. Al llegar al sitio se bajaron los dos, en el lugar había dos ambientes uno al aire libre, el preferido de Gustavo y su amigo, y el otro, cerrado con aire acondicionado. Ellos como en otros tiempos eligieron el espacio abierto que tiene vista al mar. Pidieron lo mismo que pedían anteriormente y degustaron las hamburguesas doble, full con todo, como en la época de su adolescencia. Una vez que terminaron de comer, decidieron caminar a orillas de la playa, para que Gustavo, pudiese pensar las cosas con más claridad. Así estuvieron por espacio de unos cuarenta minutos, y luego se montaron nuevamente en el vehículo con destino a  su propia casa. - Al llegar, antes de bajarse, le da la gracias a su amigo por todo, se despide y este le pregunta, ¿a qué hora quieres, que pase por ti para ir al Hospital? - Gustavo le responde, tranquilo, ya mañana puedo irme en uno de los carros, porque hoy me lleve mi camioneta a la oficina y allá se quedó. - Su amigo le insistió, no te preocupes, tengo el tiempo disponible para acompañarte y sobre todo mañana en este paso tan duro y fuerte que debes dar. Cuentas conmigo. Gustavo se lo agradeció, y acepto que su amigo pasara por él. Al entrar, a la mansión, encuentra a todo el personal doméstico despierto y preocupado por su papá, él les informa: - Como de repente ya algunos saben, mi papa se encuentra muy enfermo, está en su fase terminal, ya no hay nada que hacer, se va a quedar en el hospital hasta que le llegue su hora de partir. Nosotros vamos a mantener esta casa, su casa, como a él siempre le gustaba, sin descuidar nada. Todo debe estar impecable como a mi viejo le gusta. Vamos a esperar, confiemos, que de repente esos exámenes están errado, y aun tenga un poco más de vida. Todos se solidarizaron con el joven Gustavo, como le llamaban cariñosamente, y le brindaron apoyo y lealtad. Él se despidió de ellos, hasta el otro día y les pidió mantenerse en vigilia. Luego, el subió a la habitación de su padre, entró y comenzó a recorrer y acariciar cada mueble que había ahí, todo tenía su olor, se percibía la presencia de su padre ahí. Al abrir una de las gavetas, encuentra varias cajas de puros, las causas, según le había afirmado el Dr. Carlos, de la enfermedad de su padre, un terrible cáncer que le dañó sus pulmones. Desde hacía tiempo, su papá presentaba una tos seca, que siempre lo atormentaba, el recuerda que antes de irse a estudiar a Europa, le había solicitado a su padre se chequeara eso, pues no le parecía normal, esos accesos de tos que de repente le daban. Al regresar de Europa, su padre le dijo, que lo tenía todo controlado, que no se preocupara por eso. Por eso se confió, no insistió más, como un niño se lanzó sobre la cama de su padre y lloró otra vez, como cuando lloro por la muerte de su madre, siendo aún un niño. Mil pensamientos, mil recuerdos de su padre, siempre estuvo junto a él, salvo, estos cinco últimos años que se dedicó a sacar esta segunda carrera por sugerencia de su padre. Gustavo se había graduado a los 22 años de Administrador, siguiendo los consejos y sugerencias de su padre, no  obstante, no era la profesión que el anhelaba. Él siempre quiso estudiar ingeniería industrial, carrera que en la isla, ninguna Universidad dictaba, por eso, se matriculó en una Universidad de España, ahí vivió por espacio de cinco años, porque también se dedicó a llevar la administración general de las empresas que su padre poseía en España, Portugal, Francia e Italia. Así que con apenas 31 años, contaba en su haber con dos títulos universitarios y un Postgrado en Gerencia, en la misma Universidad donde hizo su carrera de Ingeniero. Fueron cinco años que compartió con su amigo de la infancia Irwin Navarro, quien también es Ingeniero y con quien lleva varios negocios, aparte, de los que el atendía con su papa. Gustavo, triste, solo y pensando en lo que le esperaba al día siguiente, se levantó de la cama, salió de la habitación de su padre y se fue a su propia habitación para descansar, ya que al día siguiente su estado civil cambiaría radicalmente. Entró a su habitación, se dirigió al baño, se dio un buen duchazo y al salir, así como estaba, se acostó en su cama, sin vestirse y se quedó dormido. Al día siguiente, el repique insistente de su reloj, lo despertó. Preocupado por la hora, llamo al Dr. Carlos, le saluda y le pregunta: - ¿Cómo pasó la noche mi padre? ¿Cómo está? - El médico respondió: no te voy a mentir, fue una larga noche, se quejó mucho, ya presenta cambios en el color de la piel, tiene muchos sonidos roncos en los pulmones y garganta; hubo que sondearlo, está desorientado y muy intranquilo, no ha comido, pues le cuesta tragar. El debió tener ya días que no se alimentaba, sino sólo a través de los líquidos, pero no me informo nada, yo le había dicho que cualquier cambio, me avisara de inmediato. Estoy realmente muy preocupado por él. Ah, pregunto mucho por ti, le dije que yo te había enviado a descansar, porque estaba seguro, tú ni siquiera habías comido.   - Era cierto Carlos, pero ya me siento totalmente recuperado y salgo para allá. Gracias amigo, infinitas gracias. - Tú sabes que he querido mucho a Gustavo como un hermano, así que, aquí voy a estar para él y para ti, cada vez que me necesiten. Gustavo bajo, llamó a Flor, quien venía de la entrada de la casa con su amigo Irwin. Se saludaron y Gustavo lo invitó a desayunar. Al voltear a hablar a Flor le pidió un desayuno bien cargado de proteínas, tanto para el como para su amigo, pues, les esperaba un largo día. - Al observar su amigo le dijo, te has vestido muy deportivo hoy, ¿no vas a la oficina? Gustavo, le respondió: No, voy a estar con mi padre, todo el tiempo que esté en el hospital, además hoy en mi vida hay un evento que necesito, tomarlo, sentirlo y vivirlo muy deportivamente, por eso, me vestí, así. Ellos siguieron platicando sobre sus propios negocios y Flor llegó junto con Martha a servir la comida. Desayunaron, tuvieron una charla muy amena, que incluso ayudó a Gustavo, a olvidarse,  por unos instantes lo que estaban viviendo. Al terminar, salieron en el auto de Irwin rumbo al Hospital, al llegar al mismo, se encuentran con Lorena, su mamá, la señora Susana y el hermano mayor de Lorena, Sergio, quien cuando adolescente, siempre sentía cierta rivalidad contra Gustavo, fundamentalmente por el éxito de Gustavo con las niñas. Al verse se saludaron como dos viejos amigos, y Lorena se le acercó para avisarle que ya tenía todo listo para las cinco de la tarde, hora en que llegaría el jefe civil. Ella como siempre, muy elegantemente vestida al igual que su madre, habían venido para ver a Don Gustavo, pero lamentablemente, no lo podían ver porque lo habían llevado a realizar unos exámenes, además, que tenía prohibido las visitas. Gustavo se preocupó, y salió corriendo hacia el consultorio del Dr. Carlos, para saber exactamente qué estaba pasando. Al llegar a su consultorio, se encuentra con su secretaria, quien le responde muy amablemente, que el Doctor, no se encontraba, ya que andaba acompañando al equipo que le estaba haciendo un nuevo estudio a su papá. Gustavo, le pregunta que donde es eso, la joven secretaria le informa y Gustavo se dirige hacia el lugar muy aprisa. Pensando lo peor, llega hasta el cubículo de rayos x donde encuentra nuevamente al médico amigo de su padre, y le pregunta por el: - El médico, le responde: tranquilo son exámenes de rutina, pero como está consciente, despierto, no quiero que se altere pensando que está solo. Por eso estoy aquí. Gustavo lo abraza fuertemente, y le confiesa el miedo que sintió, pensando lo peor. - El Doctor nuevamente apoyándolo, le dice: entiendo claramente la situación hijo, no es fácil lo que estás viviendo. Sé que eres una persona muy positiva, confiada y seguro, pero esto no es normal, ni común, es una situación que escapa de tus manos. ¿Viste a Lorena? Ya me notifico lo de hoy en la tarde, desde mi punto de vista no creo conveniente celebrar ese matrimonio aquí. - Gustavo le respondió: mi padre me pidió hacerlo así, ayer mismo, cuando venía en la ambulancia. Él me dijo que no se sentirá tranquilo hasta tanto esto sea un hecho. Por eso prefiero hacerlo aquí, estando el consciente. - El médico, le replicó, Gustavo no está en condiciones de presenciar un acto así, yo te sugiero, comenzar el acto en mi consultorio, que está al lado de la habitación, de tu padre, y solo la firma la hagan en presencia de él ¿te parece? - Gustavo asintió, con la cabeza, sin soltar ninguna palabra. En ese momento llamaron al Doctor porque habían terminado de hacerle las placas y otros estudios al papa de Gustavo. - Dirigiéndose todos a la camilla donde tenían a Don Rafael, este exclamó a su hijo: ¿Cómo amaneciste? ¿Cómo te sientes? - Gustavo, fingiendo una sonrisa, le respondió: me siento bien padre, por mí no te preocupes. Aquí lo importante es ¿cómo te sientes tú? - Su padre, con una voz, cada vez menos audible, le contestó: bien hijo, me siento bien más cuando tu estas aquí, a mi lado. - Su hijo agarrándolo de la mano, le dio un beso en la mejilla, y le dijo lo que hace unos cuantos años atrás, no le decía: te amo padre, te amo con todo mi corazón. A Don Gustavo, estas palabras le hicieron correr dos lágrimas por sus mejillas, al igual que a su hijo. Al llegar nuevamente a la habitación, Gustavo le comenta a su padre, que ese día a las 5 de la tarde se celebraría su matrimonio civil con Lorena, ahí mismo en el hospital. Que ya habían hecho los trámites para la celebración, por lo tanto todo estaba listo. Una gran sonrisa se dibujó en el rostro de Don Gustavo y así con este semblante se fue quedando nuevamente dormido. Según lo que le había referido el médico, iban a tratar de mantenerlo sedado, para evitarle mayor sufrimiento. Irwin no dejó ni un momento solo a su amigo, los dos fueron a la cafetería del Hospital para almorzar algo, pues, ya hacía varias horas habían desayunado y no iban a permitir, pasara lo del día anterior, todo el tiempo que estuvieron en el hospital no ingirieron comida alguna. Los jóvenes profesionales desde que estaban en el hospital se habían convertido en la comidilla de las empleadas, al tener tan cerca, a dos personas, que solo conocían por fotos, en los periódicos y revistas de la localidad, como referentes de gerencia moderna para la época. Aparte obviamente, de lo apuestos y atléticos que eran. Gustavo medía un metro ochenta (1.80 cm) de altura,  mientras Irwin medía uno setenta (1,70 cm), Gustavo de ojos claros, verdes, en unos momentos, azules en otros; Irwin de ojos negros como un azabache. Los dos de tez blanca. Eran realmente hombres muy bien parecidos. Una vez terminada la comida, salieron hacia el despacho del Dr. Carlos donde se celebraría la boda, para finiquitar cualquier cosa de último momento. Al llegar, consiguieron ahí, a la mamá de Lorena, su hermano o medio hermano, mayor, ya que no era hijo de Raúl, el amigo de su papá, sino de la Sra. Susana con su anterior esposo. También estaban dos mujeres jóvenes muy bellas, elegantemente vestidas, el Doctor Carlos, que sería testigo junto con Irwin por parte del novio. Aun no llegaba la novia, pero si estaba el Jefe Civil y su Secretaria, quienes celebraran  el matrimonio. Faltando cinco minutos para la hora fijada para la celebración de la boda, llegó Lorena, radiante, con un hermoso traje de fiesta muy bien maquillada, se veía aún más bella, que como se veía esa mañana, con un grupo de personas que la acompañaban, un fotógrafo, un reportero y una joven que parecía su asistente, era quien estaba pendiente de los más mínimos detalles. Gustavo, sentía que iba a explotar, pero logró controlarse, salió unos minutos del consultorio, antes de empezar el acto, y le dijo a su amigo, si no es porque amo tanto a mi padre, me iría de aquí corriendo. Irwin, calmándolo, lo apoyo y le dijo quédate tranquilo, será como beberse de un solo sorbo un trago de medio vaso de whisky. A lo que Gustavo, asintió y espiro fuertemente. Reponiéndose totalmente de la situación, volvió a entrar y solicitó al Jefe Civil, comenzar de inmediato la ceremonia, haciéndole la salvedad, que la firma de ellos dos se haría en presencia de su padre, en la habitación de al lado. A lo cual consintió el Jefe Civil. Una vez acordado lo anterior, la Secretaria, dio lectura al acta del matrimonio, que traía previamente elaborada, así como de los deberes y derechos de los cónyuges; luego, el Jefe Civil, tomo la palabra y les hizo las preguntas  formales del acto: -¿Gustavo Rafael Morales Morales, acepta como legitima esposa a la ciudadana Lorena Rayjaly Buendía Suarez? - A lo cual Gustavo respondió, con un firme y categórico: Si, la acepto. Luego dirigiéndose a Lorena, el jefe civil le hace la misma pregunta: ¿Lorena Rayjaly Buendía Suarez, acepta como legítimo esposo al ciudadano Gustavo Rafael Morales Morales? Su respuesta al igual que Gustavo, fue un firme y categórico: Si, lo acepto. En este estado, el Jefe Civil, manifiesta, en Nombre de la República y por autoridad que me confiere la ley, los declaro marido y mujer, vamos ahora a tomar las firmas… y es así cómo se trasladan a la habitación de al lado, al entrar Don Gustavo, estaba despierto, esperando para verificar que había cumplido con su amigo; solo podían pasar los novios, la Secretaria y el Jefe Civil, para evitar que el paciente se emocionará mucho. El jefe Civil, conocido de Don Gustavo, le hizo un resumen del acto y le pidió a los novios firmaran en presencia de él. Una vez hecho esto, los funcionarios abandonaron la habitación, para tomar las firmas de los testigos. Mientras, en la habitación, Don Gustavo, con una voz muy apagada, agradece a los dos, el haberlo liberado de ese compromiso que tanto le preocupaba y de forma inconsciente declaró: ya puedo morir en paz, diciendo esto, la máquina que tenía conectada comenzó a sonar, la enfermera apartó a los dos jóvenes, el Dr. Carlos entró velozmente, y comenzaron a revivir a Don Gustavo. Los sacaron de la habitación, el personal médico y de enfermería comenzaron a correr en búsqueda de equipos para la habitación de Don Gustavo. Fueron unos breves minutos, que parecían horas, se sentía en el ambiente la preocupación, la tensión y el temor de los médicos, de no poder hacer nada más. A los quince minutos aproximadamente, sale Carlos y le avisa a Gustavo, que lograron revivirlo y estabilizar, pero que seguía muy delicado.               
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