Gustavo ya más tranquilo, fue conversando tranquilamente con su tío y este le aconsejo mucho sobre cómo manejar sus emociones. En todo caso, su tío le dijo que ese problema debe entregárselo al Señor, soltarlo, dejarlo ir, para que El actué. El convencido que necesitaba mucho esta ayuda, le dijo te voy a estar llamando. Dejo a su tío en la puerta del Despacho parroquial y salió camino a su casa. Al llegar a la casa, Gustavo subió a su habitación para descansar. Por primera vez, después de la muerte de su padre, podía dormir tranquilamente en el día. Se despertó a las siete y treinta minutos de la noche, camino hacia el baño y luego salió, descolgó el auricular y marco el número de la casa de Anthonela. En la casa de ella, repica el teléfono, su papa responde… buenas noches, ¿con quién d

