Capitulo 20 Abucheó.

1035 Palabras
Victor. -¡ERES UN MAL HIJO! Solía despertarme por las madrugadas, tenía una rara pesadilla que de alguna forma olvidaba. Se me hacía difícil no pensar en mamá. (Por la tarde) Tal vez si soy un mal hijo, también se diría que soy un mal hermano, están pasando antas cosas por mi culpa, todos me odian, todo me odian, todos me odian. -Hey Vic, estás bien? Rayos, había desaparecido en mis pensamientos, olvidando que estamos ensayando, soy un inútil hasta para esto. -Si, estoy bien, por qué no lo estaría? -No sé, pasaste gran parte del ensayo sin tocar tu batería, las pocas veces que lo hiciste, los hiciste mal, es un poco extraño viniendo de ti- Dijo Alejandro. Alejandro tenía razón, no me encuentro en mi mejor momento, siento que los retraso, los momentos aquí en el almacén, no han sido mejor que en mi casa, la relación entre Theo y yo es como si ya no existiera, tal vez me odie. -Disculpa, he tenido la cabeza en la nubes. -Puedes tomarte un descanso si quieres- Dijo Alejandro. -Si…Gracias, creo que haré eso. -Me fui a recosar en el sofá, sentía mi cabeza como si fuera una sopa, todo está revuelto, todo lo que pienso quema. -Uno, dos, tres. Ya ni la música me podía salvar. -El ensayo terminó- Dijo Theo Me había quedado dormido, he estado tan cansado últimamente, que cuando duermo solo es como si durara 5 minutos en mi cabeza. -Disculpa, no he estado durmiendo bien en mi casa. -Solo lo diré como tu lo dirías, no me interesa lo que esté pasando en tu casa, concéntrate en los ensayos, las llaves esán en la mesa, cierra cuando salgas- Dijo Theo. Era sorprendente, mi pesadilla me siguió hasta la realidad. Antes de que Theo se fuera, decidí que era el momento de solucionar las cosas con él. -Oye Theo, disculpa por todo lo que he hecho… Él ni siquiera se tomó la molestia de escucharme, atravesó la puerta como si no quedara más nadie en el almacén. No acostumbraba a llorar pero en estos momentos deseaba tanto poder hacerlo. Cuando finalmente salí del almacén, asegurándome de que estuviera bien cerrado, pensaba en dónde ir, cualquier lugar era mejor que mi casa. -Debería de ir a ver a mamá- Pensé en voz alta. Eso por un momento me hizo sentir feliz, había pasado mucho tiempo desde que no veo a mamá, había evitado ir los días que me toca, tal vez verla daría fin a mis pesadillas. No quise esperar tanto tiempo, me fui caminando hasta el departamento de mamá, era la típica residencia, muy bonito todo el vecindario, ubicado en un buen lugar, donde solo gente con mucho dinero se podía costear, no sabía cómo mamá había llegado aquí, pensaba que éramos pobres, seguro se estaba gastando el dinero para nuestras universidades, si quería arreglar las cosas, debo dejar de ser tan imbécil, no puedo seguir pensando estas tonterías, mamá se merece todo esto y más. Cuando llegué a la entrada, el recepcionista fue muy amable al atenderme. -Buenas noches, ¿en qué lo puedo ayudar? -Vengo a buscar a mi mamá. -Podría ayudarle si me dice el nombre de su madre. El nombre de mamá, es un nombre lo suficientemente bonito, como para pensar en el cielo cuando lo pronuncias, de niño solía llamarla por su nombre, en ese entonces raramente solía ser muy apegado a ella, fue quien me enseñó a cocinar, lo que salvó varías veces mi vida. -Claro, el nombre de mi mamá es… Me acerqué al recepcionista y susurré si nombre en su oído. -Ohh la señorita Green, está en la habitación número veinte, desea que notifique su llegada? -No se preocupe, estoy seguro de que se alegrará al verme. -Suerte- Dijo el recepcionista sonriéndome. Agradecí al recepcionista y como no tenía suficiente paciencia para esperar al elevador, decidí subir por las escaleras, podía hacerme la idea de vivir aquí, seguro mamá no tendría ningún problema. Este sentimiento de felicidad tenía tiempo que no lo sentía, me daban calambres. Por fin llegué a la habitación, toqué varias veces, raramente no abrió nadie. -Seguro se quedó dormida –Pensé mientras abría la puerta. Esta maravillosa sorpresa que tenía preparada para mi mamá, terminó sinedo una sorpresa amarga para mí. La luz estaba apagada, lo único que iluminaba el cuarto eran los reflejos de la luna, que caían sobre la cama, que dejaban ver a mamá encima de un extraño, ambos totalmente desnudos, era un cuadro abstracto que solo provocaba nauseas al ver. -Hijo, esto tiene una explicación- Dijo mamá cubriéndose con la sábana. Antes de que mamá pudiera poner sus manos manchadas sobre mi cara, salí corriendo de ese lugar, esto es un sueño, esto es un sueño, esto debe ser un sueño, repetía mientras bajaba las escaleras. -Vuelva pronto jovencito –Dijo el recepcionista. ¿Volver? Solo quisiera desaparecer. Lo miré y empujé la puerta para salir. Cuando llegué a casa, las luces estaban apagadas, entré y me dirigí a la cocina, para tomar un vaso de agua, Alice se encontraba sentada en una de las sillas del comedor, con un sándwich. No podía cargar con esto yo solo, necesitaba decirle alguien lo que vi. -Alice… -No te preocupes yo voy subiendo a mi cuarto. -No, podrías quedarte un rato a charlar conmigo, necesito contarte algo. -No eres el único con problemas, nos embarraste a todos de tu mierda. -Yo solo quiero hablar, no es necesario que me esté recordando a cada rato que todo esto es mi culpa, pues ¿qué crees? Ya lo sé. -Deja de comportarte como un niño y empieza a comportarte como un hombre- Replicó Alice. -Podemos dejar de pelear? Necesito contarte algo sobre mamá. -¡MAMÁ SE FUE POR TU CULPA! Alice se fue enojada a su cuarto, no podía culparla, no podía culpa a nadie, ella tenía razón. Estoy solo. No quería que nadie me viera en este estado, apagué la luz de la cocina, fui a sentarme donde solía sentarse mamá en la mesa, puse mi cara encima de ella, dejé de pensar, solo lloré, lloré todo lo que tenía adentro.
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