Capítulo 18

1397 Palabras
Abrí los ojos en la mañana, mi cuerpo como cada mañana a pesar del intenso sueño no me despertaba cansada. Me doy una relajante ducha. Cuando salgo me paro frente al espejo y miro hacia la base de mi cuello y ahí estaba la marca de la luna. Y para mí sorpresa ya estaba llena. Está marcada iba al mismo tiempo del ciclo de la lunar. Me aplique maquillaje, el día que caí en la piscina supe que el resto de las personas no veían la marca, pero por si acaso me pongo base. Tiempo después llego a la empresa como siempre. Él día era atariado, hoy incluso me iría tarde. Organicé archivos, revisé documentos antes de llevárselos a mi jefe para que lo firmara, agendo reuniones o salidas del jefe , etc. Era un día un tanto atariado y estresante, pero en fin me gustaba lo que hacía. Sin darme cuenta la noche llegó. Miro la hora y eran las 9:30. Había acabado de terminar las cosas pendientes y me disponía a llevarle todos los documentos revisados a mi jefe para que los verificara. Toco su puerta y me invita a entrar. En el día de hoy no lo había podido ver. Me orden sentarme en la silla del frente de su escritorio sin levantar la mirada de los documentos. Me siento en la silla y lo miro mientras está concentrado en su trabajo. Entonces levanta la mirada y como no sé cuántas veces más me atrapa observándolo, así que disimulo. — Señor Shanon aquí están todos los documentos que me pidió que verificara, los veo correctos, pero necesitan su aprobación.— digo mientras le entrego los fais con los documentos. Él los toma en sus manos y los abre uno por uno. Comienza a mirar y a hojerarlos. Luego los firma. — Buen trabajo señorita Mariana — me felicitó mientras levanta su mirada y se concentra en mí. — Gracias señor Shanon. Entonces me voy — dije mientras me levantaba del asiento. Él asiente y cuando yo estaba por irme. — Señorita Mariana, espere un momento — me llamó. Me giro y de repente mi corazón salta del pecho porque él estaba detrás de mí.¿ Cómo podía ser eso, hace unos segundos estaba en el escritorio y a demás su voz la sentí al fondo de la oficina? De un momento a otro me acorrala contra la puerta. Mi corazón salta del pecho al verlo tan cerca. —Esto tenía que ser otro sueño. Porque hasta ahora él no había actuado.— pensé muy sonrojada. — ¿Señor Shanon.... qué...que sucede?— pregunté tartamudeando. Él sonríe con ese encanto natural. Se inclina poniendo su rostro a la altura del mío. — Señorita Mariana, realmente es ingenua o simplemente se hace la ingenua.— dijo en voz baja y embriagadora que me hizo erizarme de pies a cabeza. — No...no se de que habla— dije tartamudeando. Shanon sonríe de medio lado ladeando la cabeza. — No sé cómo no te has dado cuenta. Porque te lo digo con vulgaridad, te desnudo con la mirada, señorita Mariana.— me susurra con esa voz embriagadora que me hace que la respiración se me entrecorta. Él me mira fijamente como estudiando mi reacción. En eso momento todo lo que había pensado que eran mi imaginación era real e incluso lo que me dijo Travis también confirmaba todo, pero no lo quise ver. — Piensas que no he notado como me miras o como te sonrojada en mi presencia—me dijo con voz suave. Mi respiración estaba agitada. Él acerca su rostro y su nariz se posa en mi mejilla, recorriendola despacio que me hizo suspirar sin que mi boca pidiera permiso. — Me tienes loco desde el primer momento en que te ví. — cierra los ojos mientras sigue recorrido mi rostro con su nariz hasta llegar a mi cuello el cual huele. Mi corazón quiere estallar y no puedo dejar de suspira. En ese momento no sabía si era un sueño o era real. Sus labios besan mi cuello con ternura y se posan el la marca de la luna que tenía oculta con base. Sus labios fueron un detonador sobre esa zona, mi cuerpo se estalló de unas emociones que había sentido solo con el en el sueño. Mi cabeza se inclina inconscientemente hacia un lado mientras cierro los ojo. Él sube suavemente mientras mi cabeza ahora se inclina hacia atrás dejandome una estera de besos hasta llegar a mi mandíbula y luego a mi barbilla la besa y la chupa. Un jadeo sale de mis labios por la sensación. Sus labios continúan el recorrido hasta la comisura de mis labios mientras una de su manos me sostiene ahora la cabeza. Sus labios besan con suavidad y ternura mi comisura del labio sin besarme aún la boca. Suspiro, un suspiro roto y de deseo de que tomara mis labios de una vez. Entonces después de aquella tortura dulce, me besa en los labios apasionadamente. Su lengua se abre paso dentro de mi boca en juego de dominio total donde yo me rindo sin resistencia. Sus otro mano me aprieta con suavidad hacia su cuerpo. —Mariana quiero que seas mí...— me dice entre besos sin soltar mis labios ni por un segundo. Un gemido sale involuntario de mis labios y eso parece hacerlo intensificar el momento. Entonces una extraña voz del interior me hace reaccionar en el momento. Mi mano buscó el pomo de la puerta y la abrí separandome de el cuando la puerta se abrió. Salí corriendo por el pasillo. — Mariana...— me gritó con sorpresa en el rostro. Yo solo miro hacia atrás y lo veo una tanto desconsertado y con un tono triste en el rostro. Pero no paré y entré al ascensor. Se cerró la puerta del ascensor y de repente sentí que pude respirar. Mis mejillas estaban rojas como un tomate, lo noté cuando me ví en el espejo del fondo del ascensor. Me pellizco el rostro buscando señal de que esté soñando. Pero no, estaba totalmente despierta. Dioses realmente él me miraba así y...y mi sueños ahora tocan la frontera de la realidad estaban chocando. Salgo del ascensor y me voy en un taxi. — Dios dejé mi bolso en mi oficina y solo me traje el celular.— pensé mientras me introduzco mis dedos de la mano derecha en mi pelo. Cierro los ojos recordando y todo lo que pasó se reprodujo en mi mente. Nunca me había sentido así con un hombre, él solo me había besado y mi cuerpo ardía en fuego. No sé si es por los sueños húmedos con él, pero me hacía hervir mi cuerpo con solo mirame. Llega a mi departamento y cierro la puerta. No sé ni por qué huí de él, si realmente me encanta y estoy enamorada de él. Pero dentro tenía miedo, pánico, aún picaba en el fondo el dolor de sufrir una vez más. En el sueño no duele, no duele porque es eso un sueño, pero la realidad es diferente. Me siento en el sofá y me recuesto respirando hondo. En eso suena mi celular, una notificación de mí jefe. Se me corta la respiración. —Buenas señorita Mariana, se fue y dejó su bolso en la oficina. No respondo aún solo miro el escrito. Entonces vuelve a escribir. — Mariana, me encantas. Lo sabes muy bien. Por favor responde, para no volverme loco. Suspiré sonrojada. — Señor Shanon, lo siento pero no estoy segura de aceptar esto. No se, no después por lo que ha pasado conmigo — le escribí. — Mariana— vuelve a escribir una vez más solo mi nombre — no me juzgues por ser hombre, no soy sinónimo de desgracia. Realmente deseo algo contigo y no te saco de mi cabeza. Me sonrojo muchísimo más, las mariposas de mi estómago revolotean en una explicación de emociones. No le contesto más. — No voy a desistir. Buenas noches y hasta mañana. Suspiro con el corazón en la boca. Pensé en todo, pero tenía miedo a enamorarme profundamente una vez más y salir herida. Preferiría esos sueños, porque en los sueños la vida es perfecta. Esa noche no señé con él, ni recuerdo ni lo que soñé en realidad y de hecho eché de menos esos sueños con él.
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