Al otro día llegó temprano a la empresa, me encierro en mi oficina y como en efecto mi bolso está aquí intacto. Me pongo a hacer mi trabajo para ocupar la mente. Entonces cuando más concentrada estaba. Tocan la puerta.
— Adelante — invité con el corazón en la boca.
Cuando la puerta se abre ahí estaba, el hombre que no querIa ver el día de hoy. Pero dioses es un dios. Es hermoso
— Señorita Mariana, en mi despedida ahora — me dijo con voz que sonaba vulnerable.
Asentí con el corazón en la boca.
Entro en silencio cuando el me invita a entrar a la oficina, me señala con un gesto la silla frente a su escritorio. Su mirada azul profunda se eleva hacia la mía cuando estaba ya en frente de él.
Mi corazón estaba a mi por segundo, pensé que se iba a salir del pecho.
— Señor Shanon aquí tiene documento que firmar y me llamaron hace unos minutos y tiene una cita de negocios con la empresa Pisant pasado mañana.
Él no responde de inmediato. Entonces se levanta de su asiento y rodea el escritorio hasta quedar a mi lado y se ampolla el escritorio mientras me miraba fijamente.
— En serio vas hacer como sin hubiera sucedido nada, Mariana. Somos adultos no crees.— me dijo él con una mirada difícil de descifrar.
Me sonrojo muchísimo y me levanto por los nervios. Y él se incorpora quedando frente de mí. Veo sus ojos azules como un mar azul y sus pupilas dilatadas donde se reflejaba mi rostro en ellas. Veo su mirada bajar a mis labios.
— Es mejor que lo dejemos así—dije sonrojada.
Él me observaba y de repente me gira y me acorrala contra su escritorio. Eso le toma por sorpresa haciendo que me sonrojé mucho más y mi corazón se dispara a mil.
— No puedes pedirme eso, no es justo Mariana. Él corazón no dispone de un programa para olvidar cuando te gusta algo o alguien —me susurró serca de mi rostro
—Y estoy loco por ti— continúo haciendo que mi respiración se me entrecorta.
— Yo...— tratamudie.
Él sonrió ante mi reacción.
— Dime que no te gusto porque negarlo es un engaño fallido— dijo contra mis labios antes de capturarlos.
Mi cuerpo no lo evitó me rendí en sus besos. Un jadeo sale de mis labios y él lo aprovecha para intensificar el beso.
— Esp...espera— pedí entre beso que no querían que terminaran.
Se apartó un poco pero no sé apartó de mis labios.
— Deja...déjame pensarlo— tratamudie.
Él me miró fijamente.
— Marian si te gusto no tienes que pensarlo— suspira un tanto frustrado— Pero está bien. Piénsalo, estaré esperando tú respuesta — susurró con una suave sonrisa.