Cap 6 Búsqueda

1040 Palabras
Tiempo después en la cubierta…. Las chicas llegaron hasta la barandilla de estribor. Olga, desbordante de energía, levantó los brazos hacia el cielo, dejando que el cálido sol acariciara su piel. —¡Es increíble! —exclamó, cerrando los ojos y girando sobre sí misma. Olga examinó el panorama con determinación en su mirada, sacó de su bolso unos auriculares en miniatura que parecían de juguete. Entrecerró los ojos y examinó el panorama desde la cubierta, movía la cabeza de izquierda a derecha con sumo cuidado. Había muchas parejas jóvenes, tortolitos disfrutando de su luna de miel; parejas de ancianos, probablemente gozando de unas muy buenas merecidas vacaciones pagadas de sus pensiones, se hacían fotografías en todo el espacio a su alrededor emocionados por la aventura y familias de cuatro o cinco miembros discutiendo adónde ir primero en el crucero. —¡Quiero ir a la alberca! —¡No, vamos a comer! Tengo mucha hambre, mamá —discutían los pequeños entre sí, mientras su madre no sabía qué hacer. Olga sonrió viendo la escena y siguió en su búsqueda, se encontraba gente que parecía celebridades, escondiéndose bajo sus lentes oscuros y gorros. Su porte le daba a Olga indicios de que eran personas importantes. Sin embargo, la mujer que buscaban no aparecía. —No veo a Tiana por ningún lado… —murmuró. Se giró hacia Mirella con decisión. —Debemos buscar nuestro objetivo. Investigaré entre los empleados del crucero tal vez alguno haya visto algo o sepa en qué camarote se hospeda. Tú da una vuelta por los alrededores a ver si la encuentras, fíjate bien entre los pasajeros, tal vez tengas suerte y la veas. Te veré más tarde, ¿sí? —le indicó a Mirella. —Está bien —respondió Mirella con un asentimiento. Olga se alejó rápidamente, ya metida en su papel de reportera encubierta. Mirella, caminó por el pasillo exterior. El aire salado, el murmullo de las olas y la vibra despreocupada del ambiente lograban aliviar poco a poco la tensión que aún guardaba en el pecho. Tal vez, solo tal vez… Este viaje no era tan mala idea después de todo. Cualquiera desearía estar en un viaje como este, solo que todavía su corazón estaba apretado y afligido. Respiró profundo cerrando sus ojos para que los rayos de sol llegarán a su piel de manera nutriente, se prometió a sí misma olvidar su pasado y seguir adelante, aunque todavía no sabía por dónde empezar estaba decidida a olvidar. Por un instante, dejó de pensar en Federico, en las lágrimas que ha derramado, el dolor, la traición y en el engaño. Solo estaba allí, flotando sobre el mar, en un lugar nuevo. A unos metros de distancia… Joaquín cruzaba por el pasillo de estribor, acompañado por su asistente, quien le leía los últimos informes financieros de sus empresas. —Estaremos en altamar hasta dentro de tres días, señor. No regresaremos. Cualquier asunto urgente será atendido por los gerentes, como usted ordenó en cada compañía… estoy cambiando sus reuniones para el próximo martes ya he modificado horarios en su agenda todo se lo he enviado a su correo para que lo revise. El CEO llevaba un traje de diseñador a la medida, zapatos de cuero pulido y un peinado perfectamente peinado hacia atrás que resaltaba sus rasgos impecables. Sus ojos almendrados reflejaban una mirada intensa y analítica. Cada paso que daba era elegante y preciso, transmitiendo seguridad y control. Asintió con un gesto sereno, pero en su mirada se podía leer una actitud inquisitiva, como si estuviera evaluando todo a su alrededor. No había bajado la guardia, ni siquiera en lo que se suponía un viaje de placer. Al girar una esquina, se encontró con una pequeña figura de perfil. Ella llevaba un vestido floreado y tacones blancos, su cabello castaño, largo y ligeramente ondulado, caía sobre sus hombros. Su piel era blanca y sus pestañas largas resaltaban en su rostro, mientras que un brillo labial sutil acentuaba sus labios. La vio agarrada con firmeza de la barandilla, con los ojos cerrados y respirando profundamente, como si estuviera disfrutando del buen día. Parecía estar en paz, conectada con el momento. El CEO hizo un ademán a su asistente para que guardara silencio, quien obedeció de inmediato, haciéndose a un lado para no interrumpir. Joaquín la contemplaba embobado Ajena a la mirada del hombre, aún tenía los ojos cerrados, respirando hondo con el rostro hacia el sol. Todo en ella le atraía, caminaba a paso lento hacia la mujer hasta que la vio más de cerca… Joaquín detuvo sus pasos por un segundo. Seguido de su asistente. ¿Ella…? —musitó apenas, reconociéndola. Su asistente también se detuvo, notando el cambio en el semblante de su jefe. —¿Ocurre algo, señor? Joaquín no respondió. Solo volvió a caminar, esta vez con un dejo de curiosidad dibujado en su rostro En su estado de trance, ella estaba dejando ir el pasado, preparándose para comenzar de nuevo. Sin embargo, una pequeña lágrima se deslizó lentamente por sus mejillas, reflejando la mezcla de emociones que la invadían. Joaquín caminó con paso lento y silencioso hacia la chica, procurando no hacer ruido. Se colocó a su lado y por algún motivo extraño, una sonrisa se dibujó en su rostro. Sonrió al notar que ella tarareaba una canción en voz muy baja; su voz era dulce y llena de una belleza sencilla que tocaba el alma De repente, ella escuchó una voz profunda y desconocida que resonó en el aire: —Nos volvemos a encontrar… Mirella parpadeó al escuchar al hombre y giró inmediatamente. Lo observó por un momento; no lo recordaba. Era muy guapo y vestía impecablemente con ese traje. Tenía unos ojos muy expresivos, de color café claro, y le mostraba una sonrisa blanca y reluciente. Él era alto y su cabello n***o contrastaba con su piel aperlada. Ella frunció el ceño, y al ver esto, Joaquín rodó los ojos. Era imposible que una mujer no lo recordara. —Soy Joaquín—, dijo. Joaquín le ofreció la mano. Mirella lo siguió mirando y observó su mano, en la que llevaba un reloj de una marca muy prestigiosa. Dudó, pero al final aceptó el saludo. —Mirella—.
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