—¿Mamá? —Jeremy deja de bailar y me doy cuenta de que es porque me he detenido. Arranco mi mirada de la bola de nieve y le sonrío. —¿Sí? —No te preocupes. Eres más hermosa que ella. La inocencia de este ángel. —¿Yo? —Eres la más guapa de todas. —Gracias, mi ángel. —Le acaricio el cabello—. ¿Tienes hambre? —¡Sí! —Vamos entonces. Apago la música y lo agarro de la mano mientras bajamos las escaleras. En cuanto estamos en el comedor, el ambiente cambia. Ogla nos espera con el ceño fruncido y un evidente desprecio por nuestra ropa. Pero la persona a la que más temía ver y a la que he estado apartando de mi cabeza desde que me desperté no está aquí. —¿Dónde está Mason? —pregunto antes de poder detenerme. —Trabajando en su oficina. —Hace una pausa para asegurarse—. No hay

