—¿Sientes tu abandono, Lenochka? ¿Ves ahora por qué no puedes mentirme? Continúo lamiendo y chupando porque, aunque empezó como una orden, una parte de mí está disfrutando perversamente de este acto. Y esa parte quiere más. Y a él. Mason saca sus dedos y yo los suelto con un chasquido, con una línea de saliva pegada a ellos. Luego procede a utilizarlos para separar mis labios. El gesto es más posesivo que todo lo que acaba de hacer. Más que el orgasmo o el juego de pezones. Más que sus órdenes y sus exigencias innegociables. —Contéstame. —S—sí... Desliza su pulgar por mi labio inferior antes de aplastarlo contra mis dientes. Una mirada extraña recorre sus rasgos. Es fugaz, pero consigue que un escalofrío me recorra los huesos. Espero que vuelva a meterme los dedos en la boca

