Lo consiguió y se convirtió en la señora de la casa, incluso cuando la mayoría de los guardias de mi padre la aborrecían. Sin embargo, desde aquella noche, siempre duermo con un ojo abierto por si aparece en mi puerta y se lleva la vida que dio como prometió. Yan se queda en la entrada con otros guardias de alto rango de los otros jefes de brigada. Ofrece un cigarrillo al soldado de Mikhail y se burla del de Kirill, preguntándole cómo ese guardia de aspecto femenino —Aleksander— llegó a ser el segundo al mando de Kirill y no él. Yan a veces actúa como un payaso, pinchando y burlándose, pero su único propósito es obtener información de ellos. Puede que sea imprudente, pero entiende bien mi filosofía y trama en consecuencia. Es una de las pocas razones por las que lo mantengo cerca.

