Capítulo 68

1403 Palabras

El desconocido, Mason, me lleva a una mesa trasera que está separada de otras personas y alejada de puertas y ventanas. Me doy cuenta de que es a propósito cuando me empuja hacia el extremo de la cabina que está cerca de la pared. Se acomoda frente a mí y, cuando llega el camarero, ni siquiera toca la carta mientras dice—: Una botella sin abrir de su mejor vino. —Ensalada —susurro, optando por no consultar el menú. Cuanto antes me vaya de aquí, mejor. —¿Qué tipo, señorita? —La más sencilla que tenga. El camarero asiente y se va. Soy muy consciente de que Mason me observa, con sus dedos entrelazados despreocupadamente sobre la mesa. Son delgados, masculinos y tienen venas grabadas en la superficie. Y ahora me los estoy comiendo con los ojos. No puedo creer que esté mirando l

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