Odette y Clara bajaron del coche frente al centro comercial, la noche caía sobre ellas, Odette se giró al escuchar voces conocidas y entre la gente, Odette lo vio: Paul. Estaba con dos amigos que antes también habían sido suyos, o eso creyó. Desde que lo dejaron, Clara le reveló que ellos sabían del engaño y se lo ocultaron. Odette se apartó de todos sin mirar atrás. Las voces comenzaron a llamarla. Las risas eran inconfundibles. Clara y ella siguieron caminando, ignorándolos. Pero Paul se adelantó y le bloqueó el paso. Clara reaccionó al instante, interponiéndose entre ellos. —No te acerques a ella, desgraciado —le gritó con rabia. Paul se encogió de hombros, burlón. —¿Y tú quién eres para decirme qué hacer, niñata? — Clara levantó la mano, pero Odette la detuvo antes de que lo golpeara. La tomó del brazo y la arrastró hacia la entrada. Paul gritaba su nombre con furia, pero ellas no se detuvieron. —Deberías haberme dejado pegarle —murmuró Clara, frunciendo la nariz. Odette soltó una risa breve. —Si le damos atención, no parará. Se aburrirá, como siempre. —Clara la miró con culpa. —Si quieres, podemos irnos. Les digo a los demás que surgió algo. —No pasa nada, estoy bien, solo iré al baño un momento. Nos vemos en el café.
Odette entró en uno de los cubículos más alejados, se sentó en la taza y se tapó la cara. Las lágrimas amenazaban con salir. «Respira, estás bien. Todo va a ir bien». Lo repitió en voz baja, su mantra de los últimos meses. Cuando sus manos dejaron de temblar, se lavó la cara, respiró hondo y salió. En el café, Clara la esperaba con otros amigos. Odette intentaba seguir las conversaciones, pero su mente se perdía. Clara pensaba que todo era por Paul, pero Odette sabía que había más. Pensamientos intrusivos la acompañaban cada día.
Uno de los chicos, Luca, intentaba hablar con ella. Odette lo miraba sin ver, hasta que notó que esperaba una respuesta.
—Perdón... me distraje —dijo, avergonzada. Se recolocó en la silla y comenzó a rascarse los dedos con fuerza. Luca lo notó, pero no dijo nada. —Te preguntaba si vendrías al lago. Haremos una pequeña fiesta, música, cerveza... ¿Te apetece? —Odette dudó. Su primer impulso fue decir que no. Pero Clara la miraba con ilusión, animándola con un gesto. Odette vaciló, miró a Luca, luego a Clara, y finalmente susurró —Sí... iré. — Clara sabía que lo hacía por presión, pero no dijo nada. La noche siguió, y Odette se sintió un poco más ligera. Por primera vez, decir “sí” no le pesaba en el pecho. Llevó la mano allí por inercia, respirando hondo.
Al volver a casa, aparcó frente a la puerta. Al salir del coche, alguien la empujó contra él y le tapó la boca. Era Paul. —¿Qué haces aquí? —Odette gritó, nerviosa—. Te dije que no te acercaras a mí. —Intentó zafarse, pero él la agarró del brazo con fuerza. —Lo de esa noche no significó nada. Estaba borracho, mal... Me dejé llevar. Sé que aún me quieres. Vuelve conmigo. — Odette lo miró con asco y le apartó la mano. —¿Nada? Llevabas meses viéndola a escondidas. Loren me mostró todo: mensajes, fotos. Eres un mentiroso. — Paul murmuró entre dientes —Esa perra... seguro me echó algo en la bebida. —Vete de mi casa. No vuelvas a acercarte. — Escucho sus palabras con confusión, como era capaz de decir eso, sabiendo que él tenía la culpa, el debería haberla respetado, aunque la otra persona hiciera cualquier cosa, ahí se dio cuenta de que era un manipulador. — Sois todas iguales de estúpidas, engreídas. — Logro escuchar mientras se alejaba de él. Odette entro en casa y comenzó a llorar desconsoladamente, tiro el bolso al suelo y fue al baño corriendo «No otra vez...no, no, no». Se echo agua en la cara con la respiración agitada y las manos temblorosas, se arrastro por la pared sujetándose el pecho con dolor «Respira, todo va a ir bien, estoy bien». Luchaba contra el ataque que le estaba dando de nuevo, no sabía cuántos habían sido este mes, había perdido la cuenta, recordar la traición de la persona que más había querido en los últimos años, la que le había apoyado en todo el sentimiento oscuro y había hecho que olvidase, era solo una máscara ocultando lo podrido que estaba por dentro.