2. Zorrillo apestoso y embarazado

2072 Palabras
POV Estefano Instantes antes de abandonarla en el altar… Termino de colocarme el traje mirándome en el espejo y guardo las alianzas en mi bolsillo luego de ver las argollas de oro provenientes de las reliquias de mi familia. Vuelvo a darme un vistazo y miro mi reflejo, mis ojos azules se ven determinantes, seguros de que esto es lo que debo de hacer. Obtendré mi libertad y solo debo de contraer matrimonio con Amanda, ella será mi pase de salida del yugo de mi apellido y… espero amarla como se merece. Amanda me ama y aceptó el hecho de que no puedo darle hijos y que no seguiré con el legado de mi padre, ese que tanto le importa. Me iré lejos con ella… es lo que más deseo. Antes de salir de mi alcoba, la puerta se abre dándole paso a mi padre. Su sola presencia tensa mi cuerpo, lo desprecio con todas mis fuerzas. Aprieto las manos y mis dientes entre sí, fulminándole con mi mirada. ―Ni pretendas detenerme ―gruño decidido. ―Estás cometiendo un grave error, Estefano ―espeta con su acento marcado en inglés escocés. ―¿Ah sí? Creo no haberte preguntado ―Sigo caminando hacia la salida. Él me sujeta con fuerza del brazo y le empujo quitándomelo de encima―. No me pongas un jodido dedo encima, he hecho todo para ser el perfecto heredero aguantando todo tu desprecio, tus tratos violentos y abusivos, pero he decidido forjar mi vida lejos de ti y todo lo que representa mi apellido y mi linaje ―farfullo lleno de rabia. Mi corazón palpita con fuerza. ―Estás siendo incoherente, es esa mujer, te ha lavado la cabeza ¿Verdad? ―Suelta con los ojos abiertos―. Esa bastarda adoptada… Le sostengo de su traje apretando mi puño, mientras mi pecho sube y baja. Me contengo de partirle la cara porque no me voy a rebajar. ―No te atrevas a hablar así de Amanda ―amenazo soltándolo. Me giro y camino hacia la puerta, pero antes de salir, giro mi rostro mirándole. ―Te recuerdo que no voy a darte nietos, el linaje morirá conmigo ―Aparto mi mirada de él y termino de salir dejándole con el rostro perplejo. ―¡Estefano! ―Llama mi madre desde la escalera. ―No, madre, no me detendrán. Me voy a casar con Amanda quieran o no ―digo saliendo de la mansión Maxwell. Subo a mi auto y hago rugir el motor manejando con velocidad esperando llegar a tiempo. No me perdonaría el preocupar a Amanda, mucho menos humillarla si la dejo esperando por mí. Una sonrisa se posa en mis comisuras imaginándome su rostro, esos ojos cafés profundos… carajo, es tan hermosa. Supe que sería ella desde el momento en que la vi sentada sola en ese bar. Me detengo en un semáforo y saco mi celular viendo la fotografía de nosotros en el fondo de pantalla. Ella sostiene una mariposa en sus manos mientras yo le beso la mejilla. Mi corazón late incesante. De forma súbita, —cuando tocan el claxon para que avance—, acelero y todo sucede rápido. Siento un impacto fuerte desde el costado del auto, mismo que se vuelca por la fuerza del choque. El ruido en mis oídos es de los vidrios rompiéndose en pedazos, estruendos y unos cauchos rechinando y mi cuerpo se mueve dentro del auto aferrado al cinturón de seguridad. El frío y doloroso ardor del vidrio rozando mi rostro me estremece entero para luego, sentir un fuerte golpe en mi cabeza que me aturde casi desmayándome. Pestañeo por el olor fuerte a gasolina y con la mirada distorsionada, vislumbro mi celular con la pantalla rota, pero aún así, se ve la fotografía donde está la sonrisa deslumbrante de ella. ―Am-Amanda… ―jadeo con mucho dolor antes de perder el conocimiento por completo. ** POV Amanda Días después… Cruzo mis piernas con el mismo pijama de hace días. Emma me obligó a quitarme el vestido de novia, de lo contrario, todavía lo tendría puesto. Estoy quedándome en la casa de mi padre ya que, había entregado el apartamento en alquiler donde vivía antes de conocer a Estefano. Me envuelvo de la manta sobre el sofá y comienzo a pasar los canales en el televisor. Giro el rostro cuando veo llegar a Emma y a Leone, pero vuelvo a colocar mi vista en la pantalla. ―¿Cuánto tiempo llevará allí? ―Pregunta Emma. ―No sé, pero creo que comienza a ser parte del sofá ¿Acaso no se ha bañado? ―Responde Leone dejando una bolsa al frente de mí, huele a comida china. ―Ya ha sido suficiente, Ama. Tu vida sigue luego de él, tienes una carrera maravillosa de arquitecta en Manhattan, eres joven, hermosa y puedes volver a enamorarte. Él no es gran cosa… ―Es el hombre más guapo que he visto en mi vida y besa de forma deliciosa ―murmuro interrumpiéndole. Leone tose. ―Hay muchos peses en el mar, vamos, hay mejores que él y no es tan guapo. ―¿Piensas que es más guapo que yo? ―Replica Leone a Emma. ―Para nada, tú eres el más guapo y ardiente ―Le responde ella. Se dan un beso. Ruedo los ojos resoplando. ―Váyanse de aquí con su amor estúpido ―gruño encarándolos. ―Lo siento, no más besos delante de ti. Amargada… creo que ese será tu nuevo nombre. Ama amargada ―Se burla Emma intentando hacerme reír. Pero no puedo sentir algo como eso, ya ni lloro, me he secado de tanto llorar. ―Bien, no estás de humor ―murmura al darse cuenta de mi rostro. ―No, no lo estoy, me plantaron en el altar y me rompieron el corazón humillándome de forma atroz ―Le recuerdo levantándome del sofá. ―¿Te irás a dar un baño? ―Pregunta Emma al mirarme caminar. ―Sí, me voy a ahogar en la bañera. ―Aww, que linda, ya está bromeando ―dice mi mejor amiga. ―No creo que esté bromeando ―destaca Leone abriendo la bolsa de comida. ―¡Ayúdame Leo, no te pongas a comer! Estamos en un momento de crisis, nuestra Amanda nos necesita ―gruñe furiosa lanzándole un cojín. ―En momentos de crisis, me gusta comer. Además, lo que necesita Amanda es un jodido baño, huele a zorrillo. Detengo mis pasos mirando a mi amigo con su cabello rubio y ojos claros. Emma también me mira curiosa sorprendida de que me he detenido. Ellos combinan tan bien, son la pareja perfecta, ambos rubios, atractivos y se aman… ¿alguna vez tendré algo como eso? Pensé que ya lo tenía. Trago con dificultad cuando Estefano invade mis pensamientos. ―¿Me acabas de llamar “zorrillo”? ―Pregunto entornando mis ojos en Leone quien se mete a la boca un pancito chino, sus cachetes se inflan mientras mastica. ―Uno muy apestoso ―responde con la boca llena. ―¡Leone! ―Le regaña Emma. ―Pero uno lindo, sí, un zorrillo latino muy lindo ―acota intentando ser amable. ―Genial ¿Cómo fue que me enamoré de ti? Cubro mi boca tomando la atención de ambos y me carcajeo, pero también, lloro. ―¿Estás llorando y riéndote? ―Pregunta Emma asustada. ―Se nos volvió loca ¿Llamo al psiquiátrico o un cura para que la exorcice? ―Propone Leone. Emma chista a Leone. Me rio más fuerte al punto de que me duele el estómago. Mis mejillas se llenan de lágrimas. Ella coloca sus manos en mis hombros acariciándolos. Luego, me abraza con fuerza. ―¿Apesto? ―Pregunto en un murmuro. ―Mucho ―responde―. Mi zorrillo apestoso y lindo ―acota y me rio. ―Gracias a los dos ―digo y me observa con una sonrisa―. Pensé que jamás podría volver a reír y que Estefano también me había arrebatado hasta la última lágrima ―murmuro encogiéndome de hombros. ―Estamos para ti y Leone se dejará golpear si necesitas desquitarte ―dice. ―¡Oye! No hablamos de eso ―replica Leone y me vuelvo a reír. Niego con la cabeza. ―No tengo ganas de golpearle, no ahorita. ―Espera, ¿has tenido ganas de golpearme antes? ―Cuestiona. ―Voy a ir a bañarme, guárdame unos rollos primavera ―digo ignorando su pregunta. ―Cariño, claro que no, nadie querría golpearte ―Emma le dice antes de seguirme. Me doy el baño en la tina, mientras Emma se queda a mi lado ayudándome a lavar mi cabello. Vuelvo a llorar. Tomo asiento en el sillón y nos disponemos a comer la comida china que trajeron. Los miro peleando por los camarones y me siento tan agradecida de tenerlos en mi vida. Le doy un mordisco a mi rollo primavera, mi comida favorita y del restaturante que me encanta. El olor me resulta fuerte de repente, como también el sabor. Mi estómago se revuelve y me levanto corriendo al baño más cercano. ―¿Qué pasó? ¿Está malo? Te dije que ese restaurante es de dudosa procedencia, pero tú insistes en que eso le da el: “sazón” ―dice Leone preocupado en cuanto vómito arrodillada en el inodoro. Bajo la palanca y limpio mi boca sentándome en el piso del baño. Cuando de forma repentina recuerdo mi calendario del ciclo menstrual, cuento los días con mis dedos y me percato de que tengo cinco días de retraso. ―No puede ser ―murmuro. ―¿Qué? ―Preguntan al unísono. ―No puedo estar embarazada ―digo y sus ojos se abren. ―Mierda ―farfulla Leone. ―Espera, ¿cómo que no puedes estar embarazada? Si tuviste relaciones sin protección… ―Pero fue una sola vez, ambos estábamos un poco ebrios por el vino y él me dijo que no podía tener hijos ―añado. ―Una vez es suficiente, Amanda. ―¿Solo follaron una vez en todos esos meses? ―Pregunta escandalizado Leone. Asiento mordiéndome el labio. ―Él no quería hacerme sentir que se aprovechaba de mí o que sus promesas eran falsas solo para acostarse conmigo, pero como estábamos ebrios… ―¿Cómo que no puede tener hijos? ―Interrumpe Emma alterada. Resoplo. ―Sí, eso me dijo. ―Creo que se refería a que no quería hijos. ―No creo, dijo: “no puedo tener hijos, no le daré nietos a mi padre” ―explico moviendo las manos. ―Bueno, entonces, te harás una prueba y sabremos la verdad ―propone seriamente ella. Leone regresa de comprar varias pruebas en la farmacia y procedo a hacérmelas, todas. Los tres nos encerramos en el baño. Emma camina de un lado a otro con ansiedad, mientras que yo, me quedo sentada sobre el inodoro con la tapa abajo. Acaricio mi vientre y mi mente comienza a jugar en mi contra, ilusionándome. ―¿Crees que sea niña o niño? ―Pregunta Leone llamando mi atención. ―¡Leo! Aún no sabemos si está… ya sabes ―chilla Emma. Él encoje los hombros. ―Si fuera niño, le enseñaría a que juegue baloncesto conmigo y si es niña, también, el sexo no define… ―Se calla en cuanto suena la alarma del celular. Sonrío negando con la cabeza y me levanto del inodoro. ―Seguramente es por mi depresión, el período me ha fallado antes ―menciono. Emma me detiene con la prueba en mi cara. Mi cejo se entrecierra y la sostengo. ―Mierda, jodida mierda ―dice Emma sosteniendo su cabello mientras me mira. Vislumbro la pantallita digital que dice “embarazada” y abajo dos números ”1-2”. Mi corazón palpita rápido, como un correcaminos. Alzo la vista con los pares de ojos claros sobre mí. ―Carajo mierda ―balbuceo en español. ―Eso que dijiste ―dice Emma. ―¿Eso qué significa? ¿Tendrá dos? ―Son las semanas aproximadas. Cariño, que bueno que me enamoré de ti por tu corazón y lo ardiente que eres ―Emma le acaricia el rostro a Leone. Él pestañea aún confundido. ―Estás embarazada, Amanda ―anuncia. Respiro profundo y vuelvo a reírme entre lágrimas. Mi vida no podría colocarse más complicada. Hasta ahora.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR