4. Mirada glacial de la bestia

1502 Palabras
POV Amanda Apresuro mis pasos hacia los baños y me encierro en uno de los cubículos. El nudo en mi garganta se revienta, cubro mi boca con mi mano mientras el sollozo explota. ¿Por qué estoy llorando? Ya no debería de dolerme el que me abandonara, el que sus promesas resultaran falsas y que ahora… hace como si no me conociera, con frialdad pura. ―Contrólate, Amanda ―Me digo a mí misma sorbiendo la mucosidad. Tomo papel y me limpio la nariz. Barro mis lágrimas esperando no haber arruinado mi maquillaje, ya que, tengo que salir con dignidad de esta empresa. Empujo la puerta del cubículo luego de bajar la palanca del inodoro para “disimular” el estar encerrada allí. Pero cuando salgo, me encuentro con Celine tendiéndome un pañuelo. Me sobresalto y la vergüenza sube a mis mejillas. Tomo el pañuelo, acercándome a los espejos para acomodar mi maquillaje. ―Tranquila, no eres la primera mujer que él hace llorar ―dice de repente, tomando mi atención. Giro mi rostro con curiosidad. ―¿A qué te refieres? Se cruza de brazos dejando salir un suspiro. ―Tiene fama de ser una “bestia cruel” puesto que desde que se convirtió en socio, cinco mujeres se han ido llorando de aquí, mismas que estaban probando para ser su asistente. Dos se fueron por su propia cuenta porque no aguantaron los tratos crueles del señor Maxwell y las otras tres fueron echadas por “incompetentes” según él ―dice con normalidad. Me toma por sorpresa esas descripciones, no es como si fuera el Estefano que conocí en el pasado de lo contrario, no hubiera aceptado casarme con él. ―¿Bestia cruel? ―Pregunto arrugando mi entrecejo. Celine asiente. ―Es amargado, gruñón y jamás se le ha escuchado decir algo bueno, todos le temen y le respetan, se ha ganado la fama a punta de sus tratos ―Me responde―. Estuvo genial lo de la abofeteada, hiciste justicia por todas esas mujeres que él hizo llorar ―añade con una sonrisa tenue. Dejo salir un resoplido. ―Por lo menos, sirvió de algo esa abofeteada, porque le escuchaste. Él hará lo que sea para que no trabaje aquí y, además de destruirme por completo. ―Lamento eso… ¿Se conocían antes? Él parecía no conocerte ―Pregunta de repente. Lo pienso unos segundos y muerdo mi labio pasando un mechón de mi cabello detrás de mi oreja. Niego con la cabeza. ―Lo confundí y ha sido muy vergonzoso ―respondo. Prefiriendo que nadie sepa que tuvimos algo tórrido en el pasado y mucho menos que tenemos un hijo en común. Si él decidió dar por sentado que no me conoce, yo también haré lo mismo. ―Entiendo, sí que fue una gran confusión. Es difícil encontrar a un hombre como él en otros lugares. Puede ser un hombre cruel, pero… es muy apuesto, a pesar de sus cicatrices ―menciona Celine. Aclaro mi garganta. ―Esas cicatrices… ¿Cómo fue…? ―Indago. ―Un accidente automovilístico, pero no se las mires, odia que le miren las cicatrices o le mantengan la mirada por más de cinco segundos ―explica bajando la voz como si él nos escuchara o temiera. Me estremezco al pensar en él teniendo un accidente, sin poder imaginarme cómo se sintió… ¡Deja de sentir empatía por él, le avergüenzas a ese hombre! Regaña mi subconsciente. Asiento. Le devuelvo el pañuelo. ―Gracias, ya debería de irme, no quiero que me echen de aquí los de seguridad enviados por el señor Maxwell. Es lamentable no poder estar en el proyecto, me hacía ilusión ―digo apretando una sonrisa. Me doy la vuelta y camino a la salida del baño. ―Espera, aún no es un hecho ―dice deteniéndome. Giro observándole con desconcierto. ―Quien te mandó a buscar y contratar fue el accionista mayoritario de la empresa. Por lo tanto, él es quien tendrá la última voluntad. El proyecto sí está dirigido por el área del señor Maxwell, pero él no puede sacarte de aquí antes de que hables con el señor Laguardia ―explica sorprendiéndome. Solo que, no sé si deseo estar cerca de Estefano. Menos sintiendo todo su desprecio. Celine corta la distancia ante mi falta de palabras. ―El señor Laguardia ofreció un pago muy alto para que tú estés en el proyecto ―dice y la miro―. Deberías de esperar a poder hablar con él en vez de correr despavorida de aquí por las amenazas del señor Maxwell ―añade. ―¿Pero no me lo ganaría más como enemigo al señor Maxwell, si le llevo la contraria? ―Pregunto. ―No lo creo. Dios, esperemos que no. Respiro profundo. Pensando en la oportunidad dentro del proyecto, también en el dinero, porque los tratamientos y la medicina de Kenzo son costosas y me haría bien un seguro de salud ante un trabajo “estable” por un tiempo. Observo a Celine. ―Está bien, me quedaré, para conversar con el señor Laguardia ―digo. Ella sonríe. ―Bien, me encargaré de pactar de inmediato una reunión, estoy segura de que todo saldrá bien ―añade. ―Gracias, de verdad ―digo en cuanto camina hacia la puerta de los baños. Me guiña un ojo y se va. Suelto el aire retenido y vuelvo a mirarme en los espejos, acomodo mi cabello oscuro y pliso la chaqueta de mi conjunto ejecutivo. Tengo los pensamientos muy revueltos, tanta información que procesar y las emociones que me hizo experimentar el verlo de nuevo. Mi corazón casi se sale por mi boca. Antes de salir de los baños, dejo un mensaje en el grupo que tengo con Emma y Leone, diciéndoles en pocas palabras que me he encontrado con el hombre que me abandonó en el altar y que podría ser ahora mi jefe, si logro hacer que no me echen de la empresa. Lanzo la bomba en el grupo y guardo mi celular. Salgo de los baños caminando por los pasillos de la empresa. Veo a Celine ondear su brazo en el aire con algo de efusividad. Me acerco a ella. ―Acabo de hablar con el señor Laguardia, te va a recibir en este mismo instante ―anuncia. ―¿En este mismo instante? ―Pregunto pestañeando con asombro. ―Sí, vamos ―Me toma de la muñeca llevándome con apresuro hacia el ascensor. Presiona el botón varias veces―. No actúes nerviosa ―añade aconsejándome. ―Lo intentaré ―Paso saliva. Las puertas del ascensor se abren con un “ding” indicando que ha llegado por nosotras. Pero cuando se abren, en su interior, está ni más ni menos… Estefano, con su mirada de glacial. Abro la boca como un pez fuera del agua y Celine me aterriza tocándome el brazo. Recuerdo que no debo de mirarlo por mucho tiempo y entramos al ascensor. Entre los nervios, las emociones y mi desconcierto, uno de mis tacones se traba en las líneas de las puertas y hago un traspié, yéndome hacia Estefano. Mis manos se aferran a su traje. Mi corazón late muy fuerte contra mi pecho. Levanto mi rostro caliente de la vergüenza, encontrándome con esos ojos azules que me electrifican. ―Señorita Clark, ¿está bien? ―Pregunta Celine alarmada. ―Dios mío, lo siento ―murmuro hacia Estefano apartándome rápidamente. Él aclara su garganta. ―Pensé haberle dicho que se largara de aquí ―dice con dureza. Las puertas del ascensor se cierran con nosotros dentro. ―Sí, eso me dijo ―digo. ―¿Y por qué no obedeció? ―Porque no quise obedecerle a usted ―declaro. Aprieto mis labios, maldiciendo en mis adentro ¿Por qué le estoy replicando? Él, me fulmina con su mirada y presiona con violencia el piso a donde se dirige. ―Que insolencia, espero respondas así cuando te destruya la carrera ―gruñe y sale disparado en cuando las puertas se abren. Me quedo paralizada ante su amenaza. ―Es aquí, Amanda ―dice Celine sacándome de mi trance. ―¿El mismo piso? ―Jadeo saliendo de la caja metálica. No quiero estar otra vez en un lugar cerrado con ese hombre. Caminamos hacia la oficina principal, Celine abre la puerta para mí luego de golpetear y recibir un “adelante” de parte del señor Laguardia. Cuando la puerta nos da paso, veo de nuevo a Estefano en el interior. Él me observa. ―Esto debe de ser una jodida broma ―farfulla enfurecido al verme. Detrás del escritorio, se levanta quien parece ser el señor Laguardia, sus ojos azabaches me miran. ―Los cité a ambos, para que lleguemos a un acuerdo y salvemos este proyecto importante en el cual, ambos trabajarán juntos ―anuncia el señor Laguardia. Paso saliva mientras pienso que no llegaremos a ningún acuerdo y que Estefano terminará asesinándome con su mirada de ser posible.
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