Paris Waldorf Nate me baja en cuanto entramos a la cabina donde se encuentra el camarote de descanso, siendo el área más privada del Jet privado de los Sparks. Me empuja contra la puerta de la misma para tomar mi boca de nuevo con vehemencia. El contacto me enloquece mientras que el tanga se me empapa y nuestras lenguas danzan al ritmo del beso, sus manos me tocan con desespero queriendo arrancarme la ropa. Los segundos se me hacen eternos y mis manos no se contienen, así que se pasean por su torso palpando la dureza de su pecho. La adrenalina me consume, mi cuerpo responde encendiendo un sinfín de mariposas que me cuesta controlar porque saben quién es su dueño y que tiene los ojos de un color gris excitante. ¡Dios! Siento como si ardiera en fiebre, por lo caliente que me encuentro mie

