–Montas muy bien a caballo, Esther. –Me piropeó Isabel cuando íbamos al trote, cada uno en un caballo, a mi lado ella, y más atrás Armando y Basco. –Pasaba muchas horas montando a caballo cuando venía a la hacienda, me gusta cómo se siente. –Le confesé disfrutando del paisaje que le pertenecía–Me gusta esta vida, podría trabajar la tierra con los ayudantes indicados, con los que querían a papá, aquí podría tener una escuela o buscar una donde trabajar y rescatar al mismo tiempo lo que mi padre tanto quería, bien si mamá quiere o no. –Me gusta escuchar lo que dices, Esther. –Me dijo muy animada, Isabel. Pasábamos entre las reses que pastaban a esa hora de la mañana y más hombres hacían lo suyo a nuestro alrededor. –Este campo, este cielo, las fragancias que aquí se encuentran, hasta las m

