Cuando cerré la puerta y giré, recostada en la puerta, los tres pares de ojos me observaban. Me puse el dedo en los labios para advertirles que no hablaran porque él apenas salía por la reja. –¿También te besó? –Preguntó muy bajito Rosi con ojos emocionados, se veía como este atractivo viudo, padre, empresario y protagonista de las portadas con más números en el país, le gustaba. –Aquí. –Le señalé la comisura cerquita de los labios–Lo que me hace sentir peor. –¿Por qué? Es un hombre maduro y responsable de sus actos. –Dijo mamá. –Yo diría que muy maduro. –La tía arrugó la boca y girando los ojos y cabeza para alejarse a la sala. –¡No es un viejo! –mamá la encaró. –Es muy buenmozo. –Rosi me guió el ojo. –No es un estúpido para soltar toda la cantidad de dinero sin obtener nada a camb

