Melena

4951 Palabras
Melena Hackings Se llamaba Melena Hackings, y a las cuatro de la tarde de ese día de febrero no tenía ni idea de que, en el transcurso de una hora antes de la hora de cierre, planeaba cometer una manifestación que desencadenaría una serie de asesinatos. Melena era una joven encantadora. Medía un metro setenta y cinco de altura y sus cincuenta y cinco kilos de peso eran agradables de transportar. Su bella composición era impecable y suave como la de un niño. Su cabello claro, delicadamente ondulado, se organizaba en forma de un corto vaivén. En su nariz, marginalmente, mejorada, y alrededor de ella, tenía tenues manchas. También, su boca, que parecía encantadora de besar, lo era. Sus manos sensibles eran básicamente tan hábiles como los mínimos ratones blancos, ya que se derrumbó la impresión en el mostrador donde ella estaba. Llevaba un vestido de cuerda de manga corta que era todavía blanco y como si fuera directamente de la plancha hacia el final de un día bullicioso. Era una imagen exquisita de su funcionamiento allí; trágicamente, no había nadie alrededor para verlo. Melena estaba distante de todos los demás en la importante tienda de piezas de la avenida St. El Sr. Connor, que dirigía la imprenta, había salido un poco antes ese día, sólo quince minutos antes. En la ciudad, las condiciones meteorológicas se habían acomodado por fin para no llover y el sol, que durante todo el día se había cobijado tras la niebla, brillaba ahora espléndidamente mientras caía en picado hacia el mar al pasar el final de la calle. Melena miró con tensión a través de los cristales no muy limpios de la entrada y las ventanas aquel sol chispeante y deseó que la hora sobrante hubiera pasado previamente. Miró el montón de impresos desplegados además, contempló si podría completarlos en 60 minutos. Era una oportunidad apenas suficiente, eligió, suponiendo que trabajara rápidamente. Era lo que esperaba, ya que detestaba quedarse en el trabajo más tiempo del necesario y estos folletos debían estar hechos. La persona para la que se había impreso se presentaría a las cinco para recogerlos y, en el caso de que no estuvieran preparados en ese momento, ella tendría que hacerle esperar y quedarse para completarlos después de la hora. En consecuencia, después de las cinco era de su propiedad y de esta manera valiosa. No es que el Sr. Connor le pidiera con frecuencia que se quedara en el trabajo más allá de las 40 horas, y, sorprendentemente, entonces, en ese momento, se trataba de un par de minutos adicionales para completar algo que ella estaba tratando o necesitaba completar ese día. Las pocas veces que Melena necesitó trabajar un tiempo extra genuino, el Sr. Connor había añadido sistemáticamente algo a su compensación, a pesar de que tenía un cheque consistente, y no le había descontado nada cuando había faltado un rato al trabajo de vez en cuando. Además, le había concedido siete días de vacaciones, con sueldo, simplemente un mes antes, a pesar de que entonces sólo llevaba ocho meses trabajando con él, y no estaba cualificada para ello, cada vez que Melena tenía la oportunidad de ir a Los Padres a esquiar y a patinar sobre hielo con dos compañeros que iban allí en su vehículo. En efecto, el señor Connor, pensaba Melena, era un chupasangre de una u otra manera, aunque en otras era liberal y servicial. Antes de marcharse esta tarde, por ejemplo, le había preguntado si estaba segura de que podría terminar aquel colapso antes de las cinco; si no, se habría quedado a ayudar durante algún tiempo. Melena confió en que no fuera excesivamente esperanzadora al garantizarle que podría hacerlo sin ningún problema. Sobre todo porque era viernes, y quedarse en el trabajo más allá de las 40 horas los viernes parecía ser más desagradable que cualquier otro día de la semana, con el sábado y el domingo, los dos días libres, a la vuelta de la esquina. Esta era una de las razones por las que prefería esta ocupación mucho más que la anterior, representante de ofertas en una cadena de tiendas. Las tiendas deben estar abiertas los sábados; es el día más activo para ellas. En el caso de una imprenta, esto no supone ninguna diferencia; es de suponer que hará menos negocios el sábado que cualquier otro día. Otra de las explicaciones por las que disfrutaba de esta ocupación era porque no tenía que seguir repitiendo exactamente lo mismo; era un trabajo fluctuante y eso hacía que el tiempo transcurriera mucho más rápido que cuando tienes que hacer una sola cosa todo el día, al igual que en la mayoría de las ocupaciones de los centros de distribución u oficinas. El Sr. Connor hacía todo el trabajo específico, la impresión y el grabado, a pesar de que no tenía mucho trabajo de grabado. Es más, ella, Melena, hacía casi todo lo demás. Se encargaba de la correspondencia y la contabilidad, a pesar de que no estaba precisamente cualificada como transcriptora o administrativa; sin embargo, la correspondencia era tan escasa y la contabilidad tan básica, que Melena no tenía ninguna dificultad para ello. Además, ella se encargaba de los colapsos, los paquetes y otros trabajos, siendo todo igual. Colapsar era más agradable, o posiblemente no tan desagradable, que otros tipos de trabajo, ya que dejaba que su cerebro pudiera pensar y soñar. Sus dedos lo hacían con naturalidad una vez que comenzaban, y sus consideraciones podían divagar como quisieran. Además, gracias al cielo, cada vez tendían más hacia las cosas bonitas y no hacia la angustia de Pipo. A medida que pasaban los días, Melena acababa pensando cada vez menos en él y se hacía a la idea de que aquello era como debía ser. El año que había estado casada con Pipo Hackings había sido el más alegre de toda su presencia y probablemente nunca sería tan dichosa en el futuro. Sin embargo, Pipo llevaba muerto dieciséis, casi diecisiete meses, y el propio Pipo no tendría ningún deseo de verla utilizar lo que le quedaba de vida lamentándose por él. Estoy seguro de que expresaría ‹‹"Vamos, querida, ¿una chiquilla como tú va a despilfarrar? Es más, ¡con 23 años! No te molestes en quedarte en un rincón, hay que vivir. No soy, ni mucho menos, el único hombre del planeta"››. Eso es todo lo que Pipo estaría de acuerdo con ella suponiendo que estuviera aquí. Melena dejó escapar un gemido, miró el reloj una vez más e intentó que sus dedos se movieran con más destreza con el colapso. De hecho, era la oportunidad ideal para que ella considerara a Pipo cada vez menos, además de como un recuerdo brillante, y Pipo lo sería constantemente, e intentara encontrar otra persona a la que pudiera apreciar y con la que pudiera volver a completarse. Lo había intentado. Aquella semana anterior en Los Padres intentó, intentando, sentirse atraída por el joven de brillante cabello oscuro que se movía tan efectivamente, sin embargo se mostró esencialmente incapaz. Sin embargo, era cualquier cosa menos un individuo como él lo que ella necesitaba encontrar, y a pesar de todo, él presumiblemente acababa de hacerle insinuaciones. Melena murmuró y volvió a mirar el reloj. Mañana, sábado, sería un día ajetreado, buscando otra habitación y mudándose a ella. Nueva habitación y mudarse a ella, todo al mismo tiempo. La mudanza, en La mudanza, en cualquier caso, tendría que ser a una posada en el caso de que no encontrara una habitación que le sirviera en un lugar de habitación que le conviniera en un motel. Melena deseaba ahora no haber no hubiera tenido esa discusión con la Sra. Prescott, su casera, a pesar de que todo había sido un defecto de la Sra. Prescott. Había sido asunto de la Sra. Prescott, y Melena había intentado ser sensata con ella. Sensible con ella... además, había declarado que se iba. Sin embargo, más tarde había dado su notificación, la Sra. Prescott había sido tan recalcitrante al respecto toda la semana que había sido toda la semana, que ahora Melena no podía, esencialmente, intentar dar la vuelta. esencialmente intentar dar la vuelta y quedarse más tiempo. Necesitaba buscar una habitación mañana, o ir a un alojamiento, lo que implicaba moverse dos veces. Moverse dos veces. Sin embargo, cuando se mudaba, empezaba a salir más, a ir a las mudanzas, etc. y así sucesivamente. Hasta donde básicamente tendría la oportunidad de conocer hombres agradables que pudieran con hombres decentes, que pudieran gustarle. Lo más horrible de trabajar en una pequeña imprenta como ésta era que su ocupación no le permitía conocer a casi nadie. Conocer a casi nadie. Cuando el Sr. Connor estaba allí, era la persona que generalmente salía a gestionar los clientes que entraban. Continuamente salía a gestionar los clientes que entraban, y el Sr. Connor nunca faltaba a Melena llegó conocer sólo a un par de clientes que eran excepcionalmente normales y a esos compañeros del Sr. Connor. Es más, aquellos compañeros del Sr. Connor que aparecían de vez en cuando. De vez en cuando. Además, todos eran hombres excesivamente mayores para ella, gran parte de ellos le doblaban la edad. De ellos le doblaban la edad. Lo que no quiere decir que algunos de ellos no eran exactamente geniales, en particular ese compañero del Sr. Connor. Charlie Barrett, sargento de primera, Charlie Barrett, un sargento del Cuerpo de Investigadores Criminales de Santa Mónica. Generalmente aprovechaba la oportunidad para conversar con Melena y hacerle un par de bromas, aunque de manera sagaz; sin embargo, de forma vigilante. En todo caso, al igual que los demás, era excesivamente viejo para ella y, además excesivamente viejo para ella y, además, no estaba a través de la máquina de impresión como últimamente. Como últimamente. O, por otro lado, el Sr. Vinicius, que podría aparecer a las cinco en punto para conseguir los folletos que estaba colapsando. Volantes que estaba colapsando. Él también era genial, pero.... Un timbre advirtió a Melena que la entrada se había abierto recientemente. Sin embargo, antes de volverse hacia ella, miró hacia el reloj una vez más. Faltaban diez minutos para las cinco. A pesar de todo, en el caso de que fuera el señor Vinicius venía por su impreso, llegaba temprano sin importar que tuviera sus grandes diez minutos para ocuparse de los volantes. Diez minutos para ocuparse de los volantes; tendría que esperar. Entonces, en ese momento, se dirigió a la entrada y vio que no era el Sr. Vinicius. Se trataba de un joven alto, de gran apoyo, pelirrojo y sonriente. Además, le conocía. Lo conocía, pero pasó un segundo antes de que pudiera reconocerlo. Él la miraba con el equivalente. Él la estaba mirando con la misma muestra de ligero asombro que probablemente había en todo el la cara de Melena. Entonces, en ese momento, ella recordó que él. —Salomón Lamnister —dijo ella con curiosidad— ¡Melena! —También él se había acordado ahora. Se acercó al mostrador y se inclinó sobre él. Y se inclinó sobre él—. ¿Dónde has estado todos estos años? —Vagando por ahí —respondió—. Todos estos años. Cinco años por lo menos; no, seis. No era nada extraño que no se hubieran reconocido enseguida. Ella tenía diecisiete años y él dieciocho cuando se conocieron en el instituto. Él se había graduado un año antes que ella y se había separado; Melena pensó que Melena pensó que probablemente se habría ido a algún sitio. Probablemente se habría ido a algún sitio. Y cuando se encontró con Pipo Hackings olvidó que en un tiempo había creído estar enamorada de Salomón Lamnister. —Caramba, te has puesto guapa, Melena —dijo él. La chica se rió. —Te has convertido en un hombre, Salomón. —Y el cambio te ha hecho mucho bien, pensó ella. Y el cambio te ha hecho mucho bien, pensó él. Los seis años entre los dieciocho y.... (Salomón tendría ahora veinticuatro o veinticinco), te han cambiado mucho. Entonces eras un niño y ahora eres un hombre, no exactamente un hombre guapo, pero sí muy no un hombre guapo exactamente, pero sí muy atractivo. Y que era precisamente el que la imprenta del Sr. Connor justo cuando ella había estado pensando en lo que ¡había estado pensando en lo que ella había estado pensando! — ¡Niñita! Qué bueno verte de nuevo. Oye, dime, ¿está el Sr. Connor en la imprenta? Melena dio un gesto negativo con la cabeza. —Se fue a su casa hace poco más de una hora. ¿Puedo ayudarle en algo? Salomón se rió. —Esa es una pregunta capciosa como ninguna otra que haya escuchado. Pero ¿el señor Connor no te ha dicho Connor le dijo nada sobre mí, ni dejó nada para mí? Melena negó con la cabeza. —No, nada. ¿Tenía que dejarte algo? —Claro que sí. Iba a darme cierta cantidad de dinero hoy. ¿Estás segura de que no va a volver ya? —Seguro, Salomón. Se habrá olvidado. Pero yo llevo toda la contabilidad la contabilidad y no estaba al tanto... ¿Para qué era ese dinero? —No, no tiene nada que ver con el negocio. Bueno, con el negocio de la imprenta, de todos modos. El negocio de la imprenta, de todos modos. Anoche cambiamos los coches. — ¿Cambiasteis los coches? Salomón se rió. —Sí, en una cantina. Parece una tontería, pero no lo fue. Estábamos en una cantina. Estábamos tomando una copa y nos pusimos a hablar de coches y yo dije que me gustaban los descapotables. El Sr. Connor dijo que el suyo era un descapotable, pero que deseaba tener otro tipo y confesó que lo cambiaría por un sedán. Supuse que bromeaba, porque mi coche era un cuarenta y uno y pensaba que el suyo valía uno y pensé que el suyo probablemente valdría bastante más. Pero resultó que su descapotable era un cuarenta y uno también y ambos teníamos nuestros coches aparcados fuera, así que coches aparcados fuera, así que salimos a verlos y a probarlos. El mío estaba en mucho mejor estado que el suyo, que necesitaba nuevo toldo y un montón de otras reparaciones, las ruedas entre ellos. Puedo arreglarlo yo mismo, soy mecánico, pero me va a llevar mucho tiempo además de algo de dinero para comprar piezas de repuesto. Por supuesto, mano a mano, no lo haría mano a mano, no lo habría cambiado. Pero acordamos que me pagaría Pero acordamos que me pagaría noventa dólares para compensar la diferencia. ‹‹Firmamos los documentos en el acto, pero yo no tenía esa cantidad en efectivo y no tenía la chequera con él, así que me dijo que si venía aquí hoy, por la tarde, me pagaría noventa dólares por la diferencia. Hoy aquí, por la tarde, me daría los noventa dólares en efectivo y era un trato hecho. El trato estaba hecho›› —Caramba, Salomón, debe haberse olvidado de todo cuando se fue tan temprano. Tan temprano. Pero creo que se fue a su casa. ¿Quieres que llame por teléfono y lo compruebe con él? — ¿Me ayudas, querida? Confiaba en tener ese dinero hoy... Necesitaré parte de él para el fin de semana. Melena se dirigió a la zona de trabajo y se puso a marcar el número de teléfono del Sr. Connor. El número de teléfono del señor Connor. Se oyeron un par de timbres en el punto de parada opuesto y respondió la voz del Sr. Connor. La voz del Sr. Connor respondió. Apenas Melena comenzó a darle sentido a lo que realmente estaba pasando con él, cuando se entrometió en ella. Interfirió: — ¡Qué demonios, Melena! — Me descuidé. ¿Te gustaría pensar en él un cheque por los noventa dólares de ajuste? ¿un cheque por los noventa dólares de ajuste? Además, aconséjale que me disculpe, sin embargo, de una vez que me descuidé. —Está bien, Sr. Connor. Melena colgó el teléfono, sacó el talonario del armario del área de trabajo y empezó a componerlo. También, comenzó a elaborarlo. Lamnister le gritó: —Hola, Melena, ¿no podrías en algún momento pagarme en dinero real? Los bancos están a partir de ahora Los bancos están cerrados a esta hora y mañana es sábado. No tengo la menor idea de dónde podría cobrarlo antes del lunes. La joven giró un poco la cabeza, mirándolo por detrás de su hombro. —Salomón, no sabría decir si puedo hacerlo. El Sr. Connor me aconsejó que pensara en ti un cheque un cheque... Sea como fuere, espera, le llamaré una vez más para preguntarle. Marcó el número, pero la línea estaba ocupada. Además, en ese momento eran las cinco para cinco en punto; tendría que quedarse más tarde para trabajar con esos volantes y mantener al Sr. Vinicius en pausa. El Sr. Vinicius hizo una pausa. En ese momento, si el Sr. Connor exigía que se le pagara con el cheque o el cheque, o por otro lado suponiendo que le aconsejara abrir el armario del dinero y pagarle en dinero real, era absolutamente imposible que pudiera cobrar, era absolutamente imposible que lo hiciera antes de las cinco. Además, actualmente que reflexionaba sobre todo, no sabía si había básicamente tanto como noventa dólares en el cajón. Durante el día tenía la necesidad imperiosa de pasearse con ella y Dios, obviamente había mucho dinero en la caja fuerte; había ese sobre con los nuevos billetes de diez dólares, básicamente doce. Doce. Estaba en el compartimento donde el Sr. Connor guardaba sus propios registros Estaba en el compartimento donde el Sr. Connor guardaba sus propios papeles, contratos de seguros y registros comparativos; sin embargo, ayer, al abrir el protegido, cayó el sobre con diferentes informes. Diferentes informes. En el momento en que lo puso en su sitio, comprendió lo que había dentro. Lo que había dentro. Posteriormente, pudo preguntarle al Sr. Connor si no le importaba que se llevara una parte del dinero. ...asumiendo que tomaría una parte de ese dinero, en caso de que necesitara más dinero ordinario. Dinero ordinario. En definitiva, suponiendo que hubiera garantizado a Salomón que le diera el dinero contante y sonante, ¿cómo podría gestionarlo? dinero en efectivo, ¿qué protesta podría tener? Independientemente de si ese dinero en efectivo que tenía en el sobre independientemente de si ese dinero en efectivo que tenía en el sobre estaba guardado con algún elemento extraordinario, el Sr. Connor podría El Sr. Connor podría devolverlo de golpe. Melena cogió el teléfono una vez más y marcó una vez más, pensando detrás de ella en Salomón con detrás de ella a Salomón con una muestra de falsa decepción. —La línea está todavía ocupada —le informó—. —Ves, tengo una idea, Melena. Es de suponer que Connor te dijo que que me pagara con un giro postal para que tuviera la verificación de su cuota, ¿entiendes lo que quiero decir? En esta línea, resuélvelo. Lo abrazaré más tarde, y puedes cobrarlo por mí cobrarlo con mi particular actualmente en él. Así, todos fuimos felices. El acuerdo era fácil hasta tal punto que Melena se asombraba de no haberlo considerado ella misma. No le había parecido obvio. El Sr. Connor sin duda no podía protestar que ella pagara el cheque de Salomón. A que ella pagara el cheque de Salomón. Sería el propio cheque del Sr. Connor; de esta manera, él debía darse cuenta de que no había un doble trato, de esta manera, él debía darse cuenta de que no había engaño. No sería equivalente a cambiar el cheque de cualquier otro individuo. —Grandioso —le dijo Melena, consolada ahora de que no tendría que llamar continuamente hasta que se despejara. llamar continuamente hasta que la línea se despejara. Se apresuró a terminar de componer el cheque a Salomón y se lo estaba dando por su inconfundible en el reverso. también, se lo estaba dando para que lo firmara en el reverso, cuando el timbre de la entrada sonó una vez más y entró el Sr. Vinicius. El Sr. Vinicius entró. —Hola, Melena —dijo—, ¿está preparado? —Todavía hay un par más para armar, Sr. Vinicius. Me imagino que tomará otros diez o quince minutos. Sin embargo, el hombre había visto previamente el tremendo montón de estructuras derrumbadas sobre el mostrador y las disminuidas los derrumbados sobre el mostrador y el montón disminuido de desplegados cerca de él, y montó los dos montones, levantando el además, montó los dos montones levantándolos. —Siéntate y relájate —dijo—. Puedo utilizar estos desplegados Puedo utilizarlos así. O por otro lado si no, puedo ocuparme yo mismo de un par de ellos. Adiós, Sr. Vinicius. —Gracias amablemente, Sr. Vinicius. Adiós, Sr. Vinicius. La campanilla volvió a sonar cuando él se marchó y Melen se dirigió hacia la protección, giró la cerradura y abrió la entrada. la cerradura y abrió la entrada. Primero buscó en el maletín, en cualquier caso, estaba en el camino correcto al especular que no habría suficiente allí; quedaban unos sesenta dólares. Sin embargo, el sobre blanco seguía allí todavía allí, en el espacio de almacenamiento, y Melen dejó el dinero en efectivo confinar su lugar. Melena dejó el dinero en efectivo confinado en su lugar. En el caso de que necesitara sacar dinero del sobre, debería aceptarlo todo de un lugar similar. tomar todo de un lugar similar. Contó nueve de los billetes frescos, nueve—diez, frescos. Melenale no pudo evitar pensar que en el sobre quedaba un número mayor de billetes de los que había sacado; de esta manera, debería haber en el sobre un número mayor de billetes de los que había sacado, de los que había sacado; de este modo, debía haber en el sobre un número mayor de billetes de los que había sacado; presumiblemente, unos veinte, presumiblemente alrededor de veinte. Volvió al mostrador y contó los nuevos billetes una y otra vez ante Salomón. De nuevo ante Salomón. El cheque estaba allí encima, con el reverso a la vista y la marca. Lo cogió además, comenzó a pasearse hacia el armario del dinero. —Disculpa un momento, Melena —dijo Salomón. La joven giró. —¿Qué es lo que necesitas, Salomón? —Necesito salir en avión. A partir de ahora llego tarde a un acuerdo. Sin embargo, necesito volver a verte más tarde. — El joven sonrió. ¿Podría en algún momento pasar un buen rato contigo en mi recién estrenado descapotable amarillo? ¿un descapotable amarillo? —¡Obviamente, me encantaría, Salomón! —¿Te parece bien el domingo por la noche? —Impecablemente. En cualquier caso... en cualquier caso, no tengo ni idea de dónde aconsejarte que me lleves. Estoy buscando otro lugar para vivir mañana... es más, aún no tengo idea de dónde será. Donde será. —¡Desgraciada joven indigente! — Levantó un montón de papeles que vio en el mostrador y Levantó un montón de papel que vio en el mostrador y compuso un número en él. No te preocupes", dijo. No te preocupes", dijo. Aquí está mi número de teléfono. En el momento en que sepas la dirección donde vas a residir, puedes llamarme y decirme dónde puedo localizarte. Puedo ir a buscarte. El domingo, a primera hora de la tarde, es un momento excelente para que me llames, que me llames. Daré todo de mí para estar allí cuando llames. —Ok, Salomón. Es más... también, ¿a qué hora...? —¿A qué hora te recibiré? Lo arreglaremos cuando me llames y me digas dónde. Me llamas y me dices dónde. Alrededor de las primeras horas de la tarde... ...te aseguro que estaré allí. Hasta ahí, querida. De nuevo sonó el timbre mientras Salomón salía corriendo. Melena se acercó a la caja fuerte abierta, contactó con el confinamiento de efectivo y el equivalente a hucha y en un segundo similar alteró su perspectiva. Sería mejor en el caso de que él el cheque apoyado en el sobre con los otros nuevos billetes verdes de diez dólares, los otros nuevos billetes verdes de diez dólares. En el caso de que por cualquier oportunidad que debería pasar a Mr. Connor acabara viniendo a la imprenta a lo largo del fin de semana a por ese dinero y observara que faltaba parte de él, él observara que faltaba algo, se quedaría perplejo..., excepto si viera el cheque abrazado excepto si viera el cheque apoyado allí con los otros billetes, lo que le mostraría cómo ella había manejado el efectivo. le mostraría cómo ella había gestionado los que faltaban. De esta manera, ella puso el Realmente en el interior del sobre. Un momento después, mientras cerraba la puerta de entrada desde la carretera, vio a través del desde la calle, vio a través del cristal el reloj que sostenía la pared. Eran las cinco y dos minutos. ¡Habían ocurrido tantas cosas en sólo doce minutos! Sin embargo, al montarlo todo fueron algo así como doscientos o trescientos dólares, en cualquier caso, contando los billetes falsos. Lo cual no era mucho para empezar otra vida, particularmente otra vida, sobre todo porque, como veía claramente en ese momento, tendría que evitar la principal vocación que podía tendría que evitar la principal vocación en la que podía ganar lo suficiente para pagar el alquiler, una vida decente. Además, aparte de su intercambio, no tenía ninguna otra especialización. En cualquier caso, ¿le convendría largarse? O, por el contrario, ¿se arriesgaría a aguantar hasta el lunes por la mañana, cuando su banco volviera a estar abierto y pudiera llevarse los otros 200 y 80 billetes falsos? ¿200 y ochenta billetes falsos y las placas? Se limpió el sudor de la frente con el pañuelo. De la nada, Connor se consideró fríamente tranquilo y naturalmente sospechoso con claridad. Precisamente como le había sucedido, después de una instantánea de alarma como este segundo que había tenido recientemente, a raíz de matar a su cónyuge. Necesitaba recuperar ese dinero de las manos de Salomón Lamnister. De alguna manera u otra. Cualquiera que fuera la apuesta de hacer eso, no podía ser más notable que la apuesta de quedarse sentado o la apuesta de más destacada que la apuesta de quedarse de brazos cruzados o la apuesta de largarse. Necesitaba conseguirlo sin matar, si era concebible, sin embargo matando suponía que esa era la forma principal, ese era el camino principal. Después de un homicidio había quedado libre una vez, ¿no? Tenía la ubicación de Lamnister en la guantera de este vehículo que tenía un lugar con él, este vehículo que tenía un lugar con él; los dos habían marcado e intercambiado los informes de matriculación. Además, Lamnister había conseguido el dinero (aconsejó su reloj y vio que eran cuarenta minutos después de las cinco) menos de una hora antes; fue algo antes de la hora de cierre que Melvin había conseguido el dinero en efectivo, antes de la hora de cierre cuando Melena lo había llamado y pagó todos los respetos para componer el cheque, pagó todos los respetos para componer el cheque a Lamnister. Él probablemente no había gastado ninguna de las facturas en este punto. Teniendo en cuenta que residía en un alojamiento, sin duda había ido por allí a prepararse antes de ir a la allí para prepararse antes de ir a cenar. La cena, en un motel, sería a las seis, e independientemente de que Lamnister tuviera la intención de salir después de la cena, no le llevaría a la cena, esto no ocurriría antes de las seis y media. Suponiendo que avanzara rápidamente tenía tiempo, excepto si Lamnister vivía.... Rápidamente abrió la guantera y sacó los papeles de alistamiento del vehículo. 142 Worth Road, St Nick Monica. Brevemente se mostró incapaz intelectualmente encontrar el camino, sin embargo, al poco tiempo lo recordó. Era una de las calles de corta distancia breve, apenas una cuadra de largo, entre la avenida Central y Sea Road, apenas una calle o dos de entre la avenida Central y Sea Road, simplemente a una cuadra del lado del océano. Diez minutos, y no más, en el vehículo. Fue tras la llave de arranque, sin embargo la sacó casi en un segundo similar. Sin embargo, la sacó casi en un segundo similar. Algo debe ser elegido primero. ¿Podría en algún momento ir como estaba, con su propia personalidad, sin un camuflaje, inventar alguna historia que le permitiera ofrecer alguna historia que le permitiera ofrecer a Lamnister noventa dólares en billetes diferentes, genuinos, diciéndole billetes, billetes auténticos, haciéndole saber que el dinero en efectivo que la joven le había dado había sido... había sido... había sido... había sido, ¿qué? ¿Qué podía ser tan singular en esos billetes de diez dólares que serían billetes de diez dólares que fuera lo suficientemente significativo como para que hiciera una excursión consciente a hacer una excursión consciente para recuperarlos y repartir otro dinero en su lugar? ¿Qué historia podría decirle en algún momento que no pudiera excitar las dudas de Lamnister? No podía imaginar ninguna. Lamnister le había dado la impresión de ser un joven preparado, en ningún caso, idiota, joven, de ninguna manera, forma o manera un tonto. Se imaginaba que había un felino cualquier historia que contara. Calcularía que había una cosa que olía horrible, o probablemente era dinero falso, o dinero tomado con los números crónicos anotados en papel, números anotados en el papel.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR