Estacioné y me bajé del auto. Mike salió rápido de la casa y me interceptó. -¿A donde demonios fuiste? -me gruñó. -Mike. Ahora no -susurré sin expresión. Intenté seguir caminando pero él me lo impedía poniéndose frente a mi. -¿Sabes que hubiera pasado si el señor Kingstone hubiera llegado antes? -estaba realmente enojado. -Pero no llegó... -quise caminar pero seguía impidiéndomelo. -Quizás me hubiera matado... -sentenció. Las emociones que había intentado contener me hicieron colapsar. -Demonios, pero no llegó. No te mató. Estas vivo Mike... -le pegué en el pecho- Puedes agradecer que sigues vivo y dejarme tranquila... No estoy para interrogatorios. ¡Para eso ya está Alexis! El piso se me movió y tuve que apoyarme en el auto. -¿Estás bien? -preguntó Mike preocupado. Levanté las m

