Capítulo XVII «Ferviente recuerdo»

2700 Palabras
Alex toca el timbre, como si no tuviera la llave, aún tengo mi jeans, mi sudadera y mis ganas de volver a ver a quienes más amo, también debo unas explicaciones a quienes abrirán mi puerta, y sobre todo un abrazo inmenso por su valor, su coraje y el amor de mantenerme con vida durante cinco años, con su esperanza de volverme a ver. La mano de mi hermano se aprieta aún más cuando escuchamos el típico grito de nuestra madre para que los que estuvieran tocando esperaran un poco por ella, bajo mi rostro y tomo una bocanada de aire cuando es más cerca su llamado. La puerta se abre y mi madre está mirando hacia atrás, un paño de cocina limpia sus manos un poco húmedas hasta que se gira y sus ojos se abren. El color de ellos es casi más fuerte ahora mismo, sus pupilas se dilatan y su boca se aprieta en una sola línea, el color rojo de sus labios se ven más acentuados, la forma de tragar sin poder moverse de su lugar es casi graciosa, pero mantengo mi postura al momento de observarla. -Lilith- es casi un susurro sus palabras, ella deja el paño en la mesita cerca de la entrada y no toma más que dos pasos para tirar de mi sudadera y abrazarme. Un cumulo de sentimientos se forman en mi interior, ella llora casi silenciosamente, es como un llanto que ha guardado en su interior y solo quiere que él sea testigo de sus lágrimas. Besa mi cuello como solía hacerlo cuando ella estaba feliz, me aprieta tan fuerte que no puedo negarle esto, así que atraigo hacia mí, nos apretamos como si tuviéramos años sin vernos, y es exactamente la sensación que ambas tenemos. -Cariño ¿Quién es?- la voz de mi padre es un poco lejana pero sus pasos pesados no hacen que ni siquiera mi madre me separe de sus abrazo. Ella solloza, mi sudadera se siente mojada en mi hombro, pero eso es lo que menos me interesa. -¿Alex?- su pregunta lejana es casi ronca, entonces mi  madre me suelta y puedo ver a mi padre. La expresión de él es casi de ahogo, su mano en el pecho es la muestra de su asombro, Alex sonríe con lágrimas en sus ojos. Ahora veo todo el daño que cause dejándoles fuera de mi vista durante estas dos semanas, solo escuchando mi voz atreves de una línea telefónica, también sé que han estado preocupados gracias a que la última noche me agrave, ellos no tenían idea de si saldría o no. Michelle había guardado silencio bajo nuestras peticiones, las de Alex y las mías. Ahora que lo veo allí de pie, con sus canas adornando ya su cabello y los grises de sus ojos más opacos, he visto cuanto ha afectado a mi familia mi decisión de vida. Camino a paso lento porque él no se mueve, mi madre esta pisándome casi los talones y Alex cierra la puerta detrás de él. Mi padre esta estático, no ha movido un musculo desde que llevo su mano al pecho, pero puedo ver como mueve sus ojos siguiendo mis pasos. -Papá- susurro y es lo único que el necesita para desmoronarse delante de mí. El cae de rodillas delante de mí, y no me gusta verlo así, tan entregado a esta sensación. Mi mano pasa por sus cabellos y me dejo caer para que me acune entre sus brazos. Toda la molestia que Alex decía podría tener al verme no está, solo lo cristalino de sus lagrimas que ruedan por sus mejillas. Mi padre esta abrazándome, ambos estamos de rodillas y puedo esconder de nuevo mi rostro en el hueco de su cuello, sus fuertes brazos me cubren como queriendo que nada malo me pase o me toque, el mismo sentimiento que tiene Alex cuando está a mi lado, la diferencia es que él tiene un lado más posesivo que el de mi padre. -Lili, cariño- su voz es tan suave, tan débil que lo tengo que tomar de las mejillas para verle el rostro –Mi niña, has vuelto- sonrió ante la calidez de sus palabas, no hay rencor o ira. -Ha vuelto- murmura mi madre que también se ha arrodillado a mi lado y Alex al otro. Somos cuatro personas sumidas en sus pensamientos mientras nos abrazamos. -Lo siento tanto, no quería alejarlos de esa forma- pido perdón aun en los brazos de ellos. Mi madre acaricia mi cabello, mi padre toma mis manos y Alex pasa lentamente su mano por encima de me sudadera. -No tienes que pedirnos perdón, nosotros debemos pedírtelo a ti, por no ver las señales que estabas tratando de darnos- habla mi madre pero niego. No espero que ellos se disculpen, no lo necesito ahora, no luego de cinco años en donde ni siquiera podía moverme por mis propios medios, en donde nadie sabía si volvería abrir mis ojos, o tan si quiera, si podría volver a vivir como antes. No necesito ahora sus disculpas, los necesito a ellos. -No las quiero- digo como puedo. Alex toma mi mano y niega, sé que se refiere al hecho de llorar, no debo hacerlo bajo las instrucciones de Michelle y lo delicado que puede ser por la última vez que tuve la recaída –No las necesito de ustedes, solo los quiero conmigo- confieso y mi madre asiente. -Pero tú las necesitas y nosotros como tus pares también debemos aceptar nuestro errores, en esta lucha no estabas solo tú, estábamos todos incluidos- mi padre habla por primera vez. Su voz es ronca por el llanto empleado anteriormente. -No podemos dejar que llore- la voz de Alex hace que ellos giran a verle –Ha tenido una recaída, ustedes lo saben y Michelle fue la que nos ayudó a que todo saliera bien, por ahora no queremos que ella se exalte, luego tendrá muchos más momentos para desahogarse- ambos asiente y besan mi mejillas y frente. -Tenemos que celebrar- la voz de mi madre es casi un susurro pero aún se muestra esa alegría. Mi padre tiene ese brillo en sus ojos que detonan felicidad. -Solo nosotros- dice el casi en posesividad y Alex no puede evitar reírse. -Ella solo será de nosotros hasta que esté segura de nuevo- dice mi hermano causando que mi padre asiente en felicidad. -Haremos algo delicioso- mi madre se levanta de golpe para ir a la cocina, mi padre la ve con felicidad mientras Alex me ayuda a levantarme, mi padre es ayudado por los dos y me toma del hombro para abrazarme, Alex lo hace de la cintura y me deja un beso en mi mejilla. -¿Te han mandado a tomar algo?- pregunta mi madre pero niego. -Sí, pero Michelle no le ha dicho a ella, solo a mí, aunque no es nada complicado- lo miro y se encoje de hombros. -Tu habitación está intacta- mi padre habla y mi madre asiente, pero de nuevo la aclaración de voz de Alex los hace mirarnos. -Ella vivirá conmigo- el tono de él es casi inquebrantable. Mi padre me mira alzando su ceja y mi madre analiza la situación –No es fácil fallar en la vida cuando pensaste que tenías todo, volver a la casa de los padres nunca es algo que uno desea, incluso aunque sea con la cabeza en alto- me quedo mirando haca la mesa porque esas son las palabras que no he podido decir. -No es peso que ella viva acá, es nuestra hija y haremos lo que sea por verla de nuevo feliz- el asiente y luego niega. -No se trata de ser feliz, se trata de ser independiente- ambos padres se miran –No es lo mismo vivir bajo su techo que vivir bajo nuestro techo, el departamento que compre para ambos, es de ambos- miro a Alex y él sonríe –También está a tu nombre, y el día que te sientas capaz de vivir sola, te ayudare a ello, mientras vivirás conmigo como he dicho antes- vuelve a mirar a mis padres y ellos dejan salir un suspiro. -Salió a ti- mi padre apunta a mi madre y ella se ríe –Mandándose solo- se cruza de brazos pero palmea su hombro –La debes cuidar como tu vida- lo palmea más fuerte y el asiente. -Ella es mi vida- mi madre sonríe y luego me ve. -Cuando te vi casi al borde de la muerte, si entendí a lo que se refiere ese término- mi madre habla mientras saca el pollo y rompe el plástico que lo envuelve. Ella mira hacia el fregadero y yo me acerco a observarla –Te extrañe cariño- besa mi mejilla y recuesto mi cabeza en su hombro. -¿Qué tal si también compro unas pizzas?- pregunta Alex frotándose sus manos. -¿Pizza y pollo?- mi padre pregunta frunciendo el ceño. -Y también trae una tarta, toma la tarjeta de tu padre, no gastes tu dinero- le guiña y veo como mi padre lo mira incrédulo mientras saca al tarjeta de su billetera. -Mamá manda- dice girándose para salir. -Cuando te conviene, mocoso- grita y escuchamos la carcajada de Alex –Ese niño se manda solo, verdad de Dios- ese es mi dulce padre haciéndome sentir cada vez más en familia.     La mesa está servida, mi padre está sentado en la punta, mi madre a su lado izquierdo, yo a su derecho y Alex al lado de mi madre, siempre nos hemos sentados así, por lo menos así fue la última vez, aquello fue hace casi cinco años y tanto. Veo todo ordenado, aún tengo mi sudadera y decido quitarla para dejarla en el respaldo de mi silla, al igual que lo hizo Alex. Mi madre me ve con una sonrisa, incluso cuando puede ver las venditas en diferentes lados de mis brazos y una que otra marca de chupón que colocan para la máquina del corazón. Aun me cuesta aprender los nombres. Alex me sonríe al igual que mi padre, ellos solo me están viendo a mí, a su hija. Comemos como si nunca hubiera pasado el tiempo, mi madre pasa el pedacito de pan en su plato, mi padre pasa su dedo por el borde del vaso de vidrio, Alex sonríe cuando lo estoy mirando querer quitarle un trozo del pan a mi madre. -Gracias- digo con soltura tomando lo que queda de mi vaso de agua –Gracias por ser persistentes- -No hay nada que agradecer, tal cual como nos has dicho que no hay nada que perdonar- mi madre habla y mi adre asiente. Alex está ausente mirando hacia su plato. -Somos una familia, estamos unidos en todo esto- él toma mi mano demostrando fortaleza. -La comida estuvo deliciosa, pero la noche ha estado cayendo, y creo que sería bueno comenzar a conducir, Lili tiene que conocer su nuevo lugar, y ustedes también están invitados para cuando deseen- mi madre sonríe besando la mejilla de Alex. -Pasen tiempo con nosotros, la casa se siente vacía- nos levantamos de la mesa. Ordenamos todo en la cocina y luego vamos de camino al garaje encontrando de nuevo el auto de Alex. -Nos harán falta, pero entendemos la situación, hemos sido jóvenes- mi padre sonríe besándome y no queriéndome dejar alejar de sus brazos. -Prometo volver- me voy soltando poco a poco al ver el rostro de Alex queriendo que papá me suelte para poder irnos –Prometo venir de nuevo- vuelvo a decir. -Vendremos a decorar la casa- mi madre abre sus ojos grandemente y con alegría. -Es todo un hecho- besa mi mejilla y la de Alex antes de invitarnos a subir al auto –Cuídense, los amo-     -No es precisamente en el centro de la ciudad, no creí que te gustara del todo, es un poco más alejado, pero lo amaras, la vista es preciosa- mi hermano da varias vueltas hasta que nos detenemos en la entrada de un garaje, alza su mano y muestra una identificación, el hombre nos deja pasar y estacionamos en el subterráneo del edificio. -Si estamos juntos, todo estará bien- el asiente y bajamos del auto. Pone el seguro y vamos al ascensor, su mano se enlaza con la mía mientras veo como los números siguen subiendo, cada vez se hace más arriba. -Es casi uno de los últimos- confirma cuando nos detenemos en el número 10 viendo como aún queda el 11. El tira de mi mano sacándome de mi ensimismamiento y alza el maletín para salir. -Es espacioso- digo viendo las otras puertas de los vecinos. -Sí, esto es espacioso, ahora puedes imaginar nuestro lugar- abrió la puerta y mis ojos se agrandaron. -Es hermoso- entro al lugar, el cierra la puerta y deja mi maletín en el suelo antes de tomar mi mano y tirar de ella para que vea todo el lugar a penas visible -¿Seguro que no vendes drogas?- pregunto con burla. Me mira de arriba hacia abajo con una mueca de que no se cree que he dicho eso y luego mueve su cabello como una diva, se ríe mientras me lleva hacia el gran ventanal. -Esto fue lo que me enamoro- la ciudad se ve a lo lejos. Todo está encendido, es brillante y colorido, estamos lejos y al mismo tiempo cerca, algunos autos pasan por la parte baja. Mi hermano mueve la puerta y se abre el ventanal dejándonos en el balcón, mis ojos no pueden abrirse más cuando hemos salido. Las barandas de metal están frías, pero son tan agradables que no puedo quitar mis manos hasta que ellas se calienten, mi cuerpo siente el golpe de frio y mi hermano cierra sus ojos sintiendo lo mismo que yo. -Es hermoso- murmuro cerrando mis ojos. Aun si puedo ver el destellos de las luces. -Maravilloso ¿No te parece? La vista me ha cautivado, he decidido verlo a esta hora del día cuando estaba por comprarlo y dije que era el indicado, aquí podemos relajaros y olvidar todo lo que hemos hecho- asiento a sus palabras pensando en los movimientos que tengo que hacer. -Es un buen lugar para olvidar todo lo malo, y limpiar tus desastres-  confieso dejando a Alex un poco pensativo. -Aquí podemos ser solo nosotros Lili, aquí nadie nos juzga, aquí nadie nos vigila, aquí solo somos tú y yo ¿Bien?- tomo cada una de sus palabras y las guardo en mi memoria. -Cuando esta mañana estaba hablando sobre todo lo que me hacía sentir Trevor y el vacío que estaba sintiendo y lo de llorar, me estaba dando cuenta que de una u otra forma no estaba llorando por los recuerdos- digo respondiendo a lo que había dicho antes. -¿Uhm?- él está desconcertado. -Lloro de impotencia, de rabia y molestia-  miro hacia el que aprieta más sus manos en el barandal –Lloro de dolor  e ira por no poder hacer algo por mis propias manos- niego apretando mi mandíbula –Lloro por tantas cosas y ninguna es por su recuerdo- miro a mi hermano. Sus ojos azules siempre causan miedo porque tienen la característica de verse en medio de la noche por su delicado brillo, pero ahora ese no me da miedo, ni siquiera el brillo en sus ojos. -Lloro por no poder tomar la venganza con mis manos- miro hacia la ciudad y como la noche empieza a dejarnos en medio de la oscuridad. -Nadie ha dicho que no puedes hacer venganza, Lili- sonrió ante sus palabras porque es verdad. -Llore porque estaba allá y si no hubiera salido del coma, nunca estaría hablando esto- lo miro antes de entrar de nuevo al departamento. -¿Quieres hacer algo?- Alex me pregunta tomándome de la cintura y pegando mi espalda a su pecho abrazándome por la espalda –Solo tienes que decirme- ladeo mi cabeza y luego miro hacia arriba. -Quiero asesinarlo, tan lento que pueda verme y recordar todo lo que me hizo- sonrió ladeado antes de dejar un beso en su mejilla y caminar tirando de el –Pero ahora quiero saber cuál es mi habitación- 
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