La noche en que el rey abasida huyó del palacio de Córdoba, fue ventosa. El emir convocó a su ejercito de ciento cincuenta mil hombres y marcharon tras él en su búsqueda por muchos kilómetros, incluso sobrepasaron el primer control que conducía a la capital del al-Ándalus. El ejercito iba liderado principalmente por él, aunque en su posible ausencia, existían hombres que quedaban al mando. Las principales vías de acceso al campamento del emir de Córdoba, se dirigían hacia las regiones del sur, cuyos caminos estaban inundados de tropas y carrozas de madera que llevaban suministros de guerra. Las provisiones eran realmente extensas. Parecía que el tiempo que llevaban preparándose para la guerra no eran solo unos pocos meses, sino al menos varios años. Las raciones, la gran montaña de gua

